FÚTBOL & POLÍTICA

Riquelme marcó la cancha y el año electoral en Boca gira a su alrededor

Tensión interna desde que presentó su agrupación y desconcierto entre quienes se alejaron de Ameal. El macrismo se envalentona: "Él y su núcleo contra nosotros"

Como hizo siempre, Juan Román Riquelme impone su sello. El lanzamiento de su flamante agrupación Soy Bostero, más que una presentación, fue una muestra de fuerza, tanto para adentro como para afuera. En el inicio de un año político, que en los dos lados de la grieta de Boca se presagia como intensísimo, el vicepresidente del club demostró que la carrera electoral girará en torno a él. Lo anticipan y admiten quienes se oponen a un modo de gobierno que definen como personalista, y también quienes lo acompañan por logros deportivos pasados y presentes: Román será el elector de unos comicios que completarán el cuadro político argentino para los próximos cuatro años.  

 

El acto ante siete mil personas a fin de año, cruzado por la alegría y el fervor mundialista, dejó varios aspectos que el círculo rojo xeneize analiza desde distintas miradas. Así como hay quienes aseguran que la agrupación de Román es un "sello de goma" sin incidencia, hay personas que la consideran una prueba de que el exfutbolista puede garantizar, en apenas algunos días de organización, una masa de hinchas que supera a la de cualquier otro directivo, ya no de Boca sino de cualquier club de la Argentina. “Fue un lanzamiento encubierto, mostró los dientes”, grafica alguien metido de lleno en el fragor electoral. 

 

Jorge Amor Ameal, muchas veces alejado de una realidad que lo golpea, esta vez exhibió la vieja astucia por la que llegó dos veces a la presidencia de la provincia número 25 del país, como alguna vez un exfuncionario nacional definió al club xeneize. El titular del Boca olvidó la tensa relación que mantiene con Riquelme desde que se hicieron cargo de la institución en 2019 y se subió al escenario no solo para agradecer, sino para desorientar a la tropa ajena y a la poca que todavía le responde.

 

 "Le sirvió para tensar hacia adentro con Jorge", sueltan. Probablemente, al que más desvela esa tensión permanente y al que más desconcertó que Ameal se subiera al escenario para decir “Riquelme es de Boca y de Boca no se va” es a Ricardo Rosica, actual secretario del club y un posible candidato en la fórmula del oficialismo.

 

Rosica fue durante estos años un puente entre la calle Brandsen, donde gestiona Ameal, y el predio de Ezeiza, el espacio donde Riquelme diseñó sus lineamientos y consolidó su idea futbolística. Era –es– el que gestiona y pone el cuerpo a diario, y también funcionó siempre como resorte de una pelea que empezó a visibilizarse con la precoz renuncia de Mario Pergolini a la primera vicepresidencia. 

 

Hace unos meses, Rosica se distanció de Ameal, pero nunca de lo que aspira cultivando un bajísimo perfil: ser quien acompañe a Riquelme en su segundo tiempo en Boca. Nadie sabe si ese acompañamiento será como vice o como un presidente "bajas calorías". El clima de época a veces ofrece alternativas impensadas hasta hace algunos años. 

 

Homologaciones

En el acto de presentación, varios de los integrantes que colaboran con Román hacían firmar una ficha a cada persona asociada para conseguir los requisitos que le demanda el club a cada agrupación política. Según el estatuto, “toda agrupación de socios que se constituya con fines electorales deberá solicitar su inscripción en el registro electoral antes del 31 de agosto del año de la elección, por medio escrito y firmado por un mínimo del diez por ciento del padrón electoral vigente”.

 

En el macrismo auriazul relativizan el acto y descreen que todo esté en regla. “Tenemos información de que no cumple con todos los requisitos. Por eso vamos a investigar si es una agrupación real o un sello de goma para independizarse de Ameal. En algún punto es bueno: será Riquelme y su núcleo duro contra nosotros”, asegura uno de los armadores de la candidatura del exministro Andrés Ibarra, elegido por Mauricio Macri para que dispute el lugar que a él le permitió dar el salto a la jefatura de Gobierno porteña y más tarde a la Casa Rosada.

 

De este lado, quienes apoyan a Riquelme, también advierten sobre ese punto, aunque con un apartado quizás más importante: a mediados de año, la Comisión Directiva deberá homologar a Soy Bostero y a otros espacios que ya se postularon; pero también renovar la personería de agrupaciones que la tienen vencida, como sucede con Por un Boca Mejor, presidida por Fabián Parra pero referenciada en el círculo xeneize por su apoderado, Enrique “Coti” Nosiglia, quien rompió relaciones con Daniel Angelici en 2019 por su apoyo al trinomio Ameal-Pergolini-Riquelme.

 

Los intentos de Pergolini –o del empresario publicitario Jorge Reale– para romper la polarización e intentar una tercera vía son más un deseo que una realidad. Boca, mosaico y síntesis de lo que sucede a nivel nacional, no escapa a una lógica binaria que este año probablemente perdure. Una lógica: Riquelme y antiRiquelme, o Macri y antiMacri. Esa es la cuestión. 

 

Donald Trump, instantes antes de ser rozado por un disparo de arma de fuego.
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