25|11|2022

24 de septiembre de 2022

24 de septiembre de 2022

Del sueño Rosada 2023 a quemarse con el fierro caliente de Economía. Autoexclusión ¿y después? Prestigio para el 27. Reclamo de la tropa: más política, Sergio.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) Mientras la mayoría de la dirigencia política argentina debate si conviene y se pueden suspender las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), Sergio Massa está enfrascado en otros temas. Esta semana, su agenda estuvo ocupada entre el operativo “rosca” para conseguir que el Presupuesto se apruebe antes del Mundial, los chispazos con el campo y el Banco Central por el dólar y el diseño del plan de estabilización de precios y salarios con empresarios e industriales. Después del regreso de su gira por Estados Unidos, el ministro de Economía parece despegado de la discusión política doméstica. Su tropa se queja en voz baja: gasta mucho tiempo y energía en la gestión y no da señales sobre 2023. Más política, Sergio, le pide.

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La decisión de autoexcluirse de antemano de la carrera presidencial para el año próximo fue un movimiento defensivo. Massa tenía que sacar de escena cualquier sospecha de que su desembarco en el peor momento del gobierno del Frente de Todos (FdT) tenía como objetivo una instalación electoral a corto plazo; correrse del blanco del cruel apodo con el que lo bautizó públicamente Mauricio Macri, el del “Ventajita” de la política. Sin embargo, quienes lo conocen bien no lo dudan: quiere volver a competir por la presidencia, la obsesión que guía sus pasos.

 

Massa festejó en público haber alcanzado la meta de ingreso de divisas planteada para septiembre y otras variables, como el crecimiento del producto y de la actividad económica y la baja en el desempleo. Con todo, los números que le acercan en privado le muestran una realidad más cruel: el Gobierno está en niveles de aprobación de bajos a muy bajos y el FdT enfrenta un escenario adverso -por decir poco- en la pelea electoral del año próximo.

 

Con esos datos sobre la mesa, Massa transita un dilema político de difícil solución: incluso teniendo un éxito rotundo en su gestión en Economía, incluso enderezando el rumbo de un gobierno que estaba cerca del abismo e incluso si Cristina Fernández de Kirchner lo ungiera como candidato para el año próximo, cada vez hay menos señales de la posibilidad de torcer lo que parece inevitable: una derrota del oficialismo en 2023.

 

Esta semana, después de haber tenido buenas noticias en varios frentes, al hincha de Tigre le acercaron las mediciones de los últimos días. Como se viene confirmando, el atentado contra la vicepresidenta no solamente no modificó el escenario, sino que pareció consolidar posiciones.

 

Según los números que mira Massa y que circulan en el oficialismo, el Gobierno está en niveles de valoración negativa del 64 por ciento. Llegó a estar en el 73 por ciento, con la crisis de la salida de Silvina Batakis y la corrida cambiaria. La positiva llegó en ese momento a un piso de 22 y ahora está en 31. Son números que no se mueven desde hace tiempo. Para colmo, hay pocas señales de que vayan a moverse.

 

En las mediciones se ve claramente, además, que hay un porcentaje muy amplio del electorado que dice que su situación económica no mejora desde hace mucho y no cree que vaya a mejorar en el futuro.

 

Massa, dicen quienes se mueven cerca de él, no saca los ojos de la gestión diaria. Después verá qué margen de maniobra le quedará, pero hay un dato que inquieta que tiene que ver con la principal preocupación que expresan los sectores que son más propensos a votar al peronismo: la inflación y “el bolsillo”.

 

Incluso teniendo resultados extraordinarios en la estabilización de precios y salarios, los mejores pronósticos proyectan bajar la inflación mensual del 7 al 4 por ciento, un número que sigue siendo muy alto como para revertir la valoración negativa que hay de la gestión entre votantes a quienes les preocupa este tema.

 

En los laboratorios de análisis de datos del Frente de Todos ven con preocupación y estupor cómo muchas de las personas consultadas de sectores más rezagados, esas que dicen no llegar a fin de mes, esas que siempre votaron al peronismo, manifiestan cada vez más simpatía e intención de voto por Javier Milei.

 

En las filas del Frente Renovador hay quienes machacan señalando que no se comunicó con eficacia la gravedad de la situación en la previa de la llegada de Massa al Gobierno. “Nadie terminó de percibir que el país estuvo al borde del abismo con la salida de Guzmán”, dicen.

 

Del lado de enfrente, en los segmentos más propensos a votar a Juntos por el Cambio, una eventual gestión exitosísima de Massa en economía tampoco movería la aguja. La principal preocupación de este sector es “la corrupción” y el tigrense tiene poco margen de acción para diferenciarse en este campo, atravesado por la situación judicial de CFK; incluso, si, como le recomiendan sus asesores, “sobreactúa massismo”, con posicionamientos medidos y mensajes para que “actúe la Justicia”.

 

En ese panorama complicado y adverso, la figura de Massa quedó instalada en el centro del escenario si es que, como viene advirtiendo en público, Cristina Fernández se corre de la carrera presidencial 2023. “Si no es Cristina, es Massa. No hay opción”, dicen en el Frente de Todos y minimizan variables como la postulación de Eduardo de Pedro o Axel Kicillof.

 

Enfrente, creen, seguramente estará Macri, que va a ser el candidato que ordene a la oposición. Para Massa, si decide competir, el escenario le será muy adverso. En su entorno, no son pocos los que le aconsejan que se corra, se concentre en la gestión y se dedique a “construir prestigio” de cara a 2027. Es decir, trabajar para sacarse de encima esa imagen de oportunista de la política y mirar el otro turno electoral. Para 2023, le dicen, no hay chances.

 

Sin embargo, solo Massa sabe qué camino va a elegir. Hasta fin de año no dará señales. Después del Mundial, empezará otro partido y recién ahí decidirá si lo juega o se queda en el banco. La carrera, ya lo sabe, es de resistencia, no de velocidad.