16|1|2023

Llaryora se repliega en la capital para salir de contraataque y limar a Juez

10 de julio de 2022

10 de julio de 2022

El intendente sintió el golpe del Ulises-gate y concentrará esfuerzos en su bastión. El plan contra su rival para la gobernación. El poroteo de los 500 km.

CÓRDOBA (Corresponsalía) En sus primeras apariciones púbicas tras el Ulises-gate, el intendente capitalino, Martín Llaryora, dio por terminada la polémica por el frustrado festejo de cumpleaños del cuartetero que iba a costar $43 millones. Hacia adelante, promete mostrarse como un prohombre de gestión, mientras aguarda que los consultores de confianza coloquen un número final a su primera crisis en la Municipalidad.

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Un síntoma del estado de opinión adverso se observó en el vallado que bloqueó el acceso de los vecinos al corazón del casco histórico de barrio Centro. Allí, un protegido Llaryora encabezaba esta semana los festejos por los 449 años de la fundación de la ciudad. ¿Temor real al reproche público? ¿O ausencia de un relevamiento de daños que impuso la acción preventiva?

 

Encuestadores consultados por Letra P admitieron que estudian el impacto de la polémica que sacó a relucir gastos que el oficialismo juzgó con el suficiente respaldo y la oposición correspondió con la ausencia de una acción judicial, a pesar de asegurar que estaban todas las condiciones dadas para hacerlo. “Llaryora perdió entre tres y cinco puntos de imagen positiva, no más que eso”, promedió una calificada fuente entre datos calientes y su experiencia en la lectura rápida en el campo.

 

Como el golpe no habría sido en los riñones, Llaryora se prepara para los próximos rounds con el compromiso de inaugurar obras con traje de intendente; no con el de candidato a gobernador de Hacemos por Córdoba (HxC). Sutilezas retóricas. En octubre, el plan medular de gestión del peronista tendría que estar listo para recién después presentar al sanfracisqueño como el hombre que buscará retener el poder provincial luego de seis gobiernos alternados entre José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti. El garante del “modelo Córdoba” con hechos de gestión observables.

 

Si las elecciones son en junio, la temporada de verano encontrará al titular de Palacio 6 de Julio en ojotas y bermudas, recorriendo los principales destinos turísticos y productivos del mapa cordobés. No antes. En esta etapa de escala de grises tendrá que equilibrar su convicción de que hay que avanzar a fondo para bloquear la penetración de Luis Juez y Rodrigo de Loredo en el interior y la prudencia que exige la vieja guardia del peronismo que se promete retener el poder de decisión más allá de lo que el movimiento renovador le imponga naturalmente.

 

Mientras tanto, bajo el paraguas de la gestión, alfiles de Llaryora ajustan el mecanismo de relojería de la bomba que lanzarán al precandidato a gobernador de Juntos por el Cambio (JxC). La mesa chica del intendente anticipa que en medio del festival de corte de cintas previo al mundial de fútbol aplicarán la fase bautizada “gestión comparada” para recordar a las nuevas generaciones del electorado algunos desaciertos de la administración de Juez en la intendencia entre 2003 y 2007.

 

“Juez terminó su administración con un 80% del gasto dedicado a sueldos; mientras que HxC logró una reducción del 40%. Nos entregaron una Municipalidad con una planta de 13 mil empleados públicos, nosotros estamos en 9 mil”, sintetizan en el Palacio 6 de Julio algunos ejes. Los operadores serán los adalides de Llaryora, por supuesto.

 

9 de julio. Llaryora en el palco junto a Natalia de la Sota, Manuel Calvo y Alejandra Vigo

El fundador del Frente Cívico asume que esta será la estrategia de rigor que utilizará el oficialismo para limarlo, sobre todo cuando su equipo piensa en firuletes para mejorar su reputación como gestor, mala fama que le atribuye a las difamaciones –dice– a las que lo sometió el schiarettismo.

 

El radical De Loredo –candidato a gobernador, los lunes; a intendente, los martes; y así alternadamente– no será en lo inmediato el objetivo del peronismo. Cierto es que una parte de la dirigencia del PJ estaba dispuesta a escrutar su experiencia estatal en ARSAT, durante la administración de Cambiemos. Ahora bien, no sería tema de ocupación a pesar de que es un candidato fuerte y supera a las figuras del PJ anotadas para suceder a Llaryora en la Capital.

 

Regreso al origen

En influyentes despachos del edificio situado a la vera de La Cañada abonan la siguiente hipótesis. La fuerza de la elección provincial para el peronismo debería surgir dentro de los 500 kilómetros cuadrados del ejido urbano cordobés. Si las elecciones provinciales y municipales son el mismo domingo –como se supone- y las proyecciones estadísticas se cumplen en Capital –no menos de 15 puntos de diferencia con el candidato de JxC– cualquier candidato a la intendencia que coloque el peronismo ganaría, sostienen. Para que el cálculo llaryorista se cumpla, el “corte” no debería superar el promedio bajo de la Boleta Única de Sufragio y no tendría que surgir un cisne negro entre las filas justicialistas.

 

La matemática desnuda el error táctico y el reconocimiento de que el ala renovadora del cordobesismo puso en riesgo un capital político inédito con gestiones apuradas e insuficiente atención a las prioridades del gasto público en un contexto de extrema fragilidad económica y social. Por primera vez, el peronismo tiene la oportunidad de que su fuerza electoral provenga de la ciudad y el Ulises-gate se convirtió en un recordatorio de que sin el voto de las 14 seccionales de la ciudad peligra todo el proyecto de HxC.

 

El intendente muta de event planner a “gestor cemento” para aumentar su ventaja competitiva en un distrito que creía suyo y blindado del reproche mediático y social. Ya llegará el momento de retar a JxC en el profundo y diverso interior provincial. Esa seguirá siendo tarea de las juntas promotoras y departamentales del partido.