22|6|2022

La vidente y el Señor de los Micros: la fe mueve montañas (de plata) en Salta

13 de mayo de 2022

13 de mayo de 2022

Una supuesta imagen milagrosa generó un boom masivo y una empresa de turismo. Intereses políticos, grieta y un arzobispo denunciado por violencia de género.

Salta no está tan linda. Una grieta religiosa con el arzobispo Mario Cargnello y las monjas carmelitas en los extremos, con denuncias por violencia de género contra el prelado y otros tres clérigos, e intervención vaticana, evidenciaron aún más la trama –que era vox populi- de intereses políticos, económicos y sobre todo inmobiliarios que hay detrás de la movida de fe alrededor de la llamada Virgen del Cerro.

 

Mientras la provincia más católica del país late con la interna eclesiástica que se recalienta en los tribunales y en la adhesión a una u otra de las partes implicadas, tanto el gobernador Gustavo Sáenz como la intendenta capitalina Bettina Romero se mantienen al margen y van entrando en el ritmo preelectoral 2023 intentando evitar las PASO en la provincia. En ese contexto, la comunidad salteña les reprocha que hayan distendido los controles en torno al hecho religioso para fomentar el turismo, con el consecuente flujo de dividendos para las arcas provincial y municipal.

 

Desde su llegada a la arquidiócesis en 1998, Cargnello sospecha del trasfondo inmobiliario de este fenómeno de fe popular al margen de la Iglesia que mueve multitudes (se estima que 1.600.000 personas peregrinaron en 2019, antes de la pandemia) y teme –reconocen sus allegados- que le quite peso específico a la Fiesta del Milagro, la histórica y convocante celebración de septiembre a la que solía acudir el fallecido juez federal Norberto Oyarbide vestido de frac y de la que un Mauricio Macri necesitado de votos para la reelección participó en 2019, soportando que el prelado le recordara su promesa de Pobreza Cero.

 

El arzobispo Cargnello bendice a Mauricio Macri y Juliana Awada

La explosión inmobiliaria-espiritual comenzó en 1990 cuando María Livia Galliano, una catequista casada con el empresario Carlos Obeid, confesó que recibía “mensajes” y posteriores “visiones” de la Virgen María, entre ellas levantar un templo, un seminario y una casa de retiros a los pies del cerro 20 de Febrero, uno de los que rodean el barrio residencial de Tres Cerritos. Es cuando intervino Emilio Cantarero, el fallecido exlegislador salteño y uno de los principales sindicados en el escándalo de las coimas en el Senado durante la presidencia de Fernando de La Rúa.

 

Cantarero movió influencias políticas y del sector inmobiliario salteño hasta lograr que la familia Lacroze Garat hiciera una donación-inversión de 32 hectáreas de su propiedad en esa zona del cerro al matrimonio Galliano Obeid, para levantar allí como “pidió la Virgen”, en apenas seis meses de 2001, el complejo religioso de piedad popular que en la actualidad tiene más de un centenar de hectáreas de extensión y con un camino de acceso que también va hacia una zona de barrios privados donde supo residir el senador.

 

Precisamente, la familia Lacroze Garat es la que hoy también regentea la empresa Peregrinaciones Salta, con oficinas centrales en el barrio porteño de Palermo y agentes en las ciudades bonaerenses de San Isidro, Pilar, Escobar y Ramos Mejía, que se encarga casi con exclusividad de los tours religiosos hacia la provincia. Ante una consulta de Letra P, una empleada de la sede matancera detalló que se cubrieron “todas las plazas” de los micros que salieron este jueves hacia Salta. Explicó que cada persona paga 17.200 pesos por un servicio hasta el domingo, que incluye coche semicama y una noche en un hotel 3 estrellas. Sin hospedaje, cuesta, $11.300. La misma empleada se excusó de precisar la cantidad de unidades que salieron y tarifas de la opción con paquete aéreo.

 

La pata salteña del negocio inmobiliario-turístico-religioso es Obeid, esposo de la “vidente” a la que buena parte de la feligresía le atribuye el don de la imposición de manos para producir "curaciones milagrosas”. Conocido como “el Señor de los Micros”, coordina los tours de peregrinos que llegan a Salta y sobre todo su traslado desde la base del cerro, donde está el estacionamiento principal, hasta la cima donde se encuentra la ermita; un lugar sin libre acceso que controlan sus colaboradores.

 

La procesión motorizada del Señor de los Micros

Obeid, también apodado Rasputín, contador sin matrícula vigente y actual síndico del convento, es quien en 1995 convenció a las carmelitas descalzas del monasterio de San Bernardo, con números en rojo y dificultades económicas, de incorporarse a la obra en calidad de “protectoras espirituales”, sumándolas a las dos fundaciones que sostienen la iniciativa. Ese fue el primer round del conflicto entre las monjas y el arzobispo Cargnello, quien cuestiona que Galliano se comporte como la “superiora” de la congregación y que su esposo se mueva sin restricciones por el convento, un lugar de clausura femenina estricta y vedado a las personas laicas.

 

Hoy el conflicto eclesiástico está en su punto más álgido y por canales judiciales, dado que las monjas denunciaron a Cargnello y a otros tres clérigos –entre ellos el veedor vaticano y obispo jubilado Martín de Elizalde (Nueve de Julio)– por hostigarlas durante más de 20 años, según la presentación judicial, planteo por el que reciben el apoyo de grupos feministas. En este proceso, el arzobispo salteño busca ser juzgado por el fuero eclesiástico pese a que la jueza Carolina Cáceres Moreno -quien le dictó prohibición de acercamiento al convento- rechazó un planteo de declinatoria de competencia y lo citó recientemente a prestar declaratoria; trámite que debió ser suspendido por la magistrada a raíz de que el prelado tenía otros compromisos.

 

El Vaticano, por su parte, apercibió a las carmelitas descalzas en crisis con Cargnello recordándoles que, pese a su autonomía, responden al diocesano, deben observar la vida monástica y no involucrarse en un apostolado no autorizado hasta tanto se decida sobre la veracidad de las “apariciones”. También les propuso un manejo “transparente” de los fondos que ingresan al monasterio por gestión del esposo de la “vidente” a través de las fundaciones, y un economato a cargo de las religiosas y no externo. La piedad popular, entre tanto, bien gracias.