GUERRA EN UCRANIA

La grieta religiosa que traba la diplomacia de la paz

Gestiones de Bergoglio para frenar la crisis bélica, sin eco en la trinchera opuesta. El patriarca ortodoxo ruso bendice a Putin. Gesto político de cabotaje.

Aunque se habían prometido trabajar juntos por la paz mundial y verse pronto cara a cara para dar otro paso hacia la declamada unidad de los cristianos, el papa Francisco y el patriarca ortodoxo ruso Kirill aparecen en trincheras opuestas a raíz de la guerra en Ucrania, una nación que pretendía ser parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) pese a que la vecina Rusia de Vladimir Putin le había advertido –apenas uno de los disparadores del conflicto- que no iba a dejar que Estados Unidos y sus aliados europeos instalaran bases y misiles en su patio trasero.

 

El pontífice argentino apeló a la diplomacia de la paz para intentar frenar primero y acallar después el tronar de las armas, que ya causó miles de víctimas mortales –entre ellos civiles- y obligó, según la ONU, a 800.000 personas a huir del territorio ucraniano; y no solo con llamados a una plegaria mundial por esa intención sino con acciones concretas, algunas de inusual protagonismo para un papa.

 

En una movida fuera de protocolo tras la invasión rusa a Ucrania, Jorge Bergoglio fue personalmente a la embajada de Rusia ante la Santa Sede, ubicada en la Via della Conciliazione que conduce a la basílica de San Pedro, para expresar "preocupación" por la escalada bélica en el este europeo. Allí mantuvo un encuentro de media hora con el embajador Alexander Avdeev, encargado además de las gestiones para el segundo encuentro de Francisco con Kirill, para ofrecerle la mediación del Vaticano en eventuales conversaciones bilaterales, como las que se llevan a cabo en Bielorrusia y en cuyo marco este jueves se acordó un alto al fuego parcial para establecer corredores humanitarios, pero que no supone el fin de la guerra. Fuentes vaticanas y la Iglesia ortodoxa rusa confirmaron a Letra P que de momento no hubo contactos entre el pontífice y Kirill, aunque coincidieron en subrayar que, pese a diferencias coyunturales, a los líderes religiosos “los unen lazos de profunda fraternidad ecuménica”.

 

No fue el único gesto papal. Hubo otros durante la primera semana en modo guerra. Francisco mantuvo una conversación telefónica con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, a quien le transmitió su “profundo dolor” por la situación en su país, invadido por tropas rusas. También telefoneó al arzobispo greco católico de Kiev, Sviatoslav Shevchuk, para asegurarle que hará “todo lo que pueda” para frenarla.

 

En este contexto de beligerancia, la congregación pontificia para las Iglesias Orientales que comanda el cardenal argentino Leonardo Sandri analizó recientemente una petición de un arzobispo estadounidense para que la Iglesia Greco Católica Ucraniana sea elevada a la condición de Iglesia Patriarcal, un cambio de status con fundamentos históricos que de concretarse le daría más autonomía religiosa, pero políticamente incorrecto porque podría leerse como un apoyo implícito de la Santa Sede a Kiev.

 

En la vereda rusa, el patriarca ortodoxo Kirill se mantiene al lado de Putin y considera a los opositores de Moscú en Ucrania como “fuerzas externas oscuras y hostiles” que quieren romper la unidad histórica entre las dos naciones. No obstante, evita apoyar públicamente la incursión armada en territorio ucraniano abogando por la paz y pidiendo a las partes involucradas hacer todo lo posible para evitar las víctimas civiles. La posición del líder religioso ruso hizo que el cardenal Reinhard Marx, de Alemania (uno de los 30 países que integran la OTAN) y estrecho colaborador del papa, le implorara que convenza al mandatario de “deponer las armas” y le recordó su deber de anunciar el “evangelio de la paz”.

 

Kirill, quien también tiene que lidiar con el frente interno de clérigos que le reprochan su posición y consideran la incursión armada rusa una “guerra fratricida”, invitó el último domingo a la feligresía ortodoxa a rezar por la “unidad” eclesiástica; en una suerte de tiro por elevación contra el Patriarcado Ecuménico de Kiev (Ucrania) y su decisión de independizarse, en 2018, tras 300 años de obediencia a Moscú y abriendo un cisma administrativo-religioso en esa vertiente cristiana que todavía puede tener otros coletazos.

 

La dirigencia política argentina, por su parte, envió un mensaje auspiciante al juntarse a rezar por la paz este miércoles frente al árbol de olivo que Bergoglio plantó en la Plaza de Mayo siendo arzobispo porteño, gesto que se completó con el armado de una carpa –al igual que ocurrió en 2003, cuando estalló la guerra con Irak- que permanecerá instalada una semana para que cada visitante pida por esta intención según sus creencias religiosas. Todo un día después del escándalo por la retirada de la representación de Juntos por el Cambio (JxC) del recinto del Congreso en pleno discurso del presidente Alberto Fernández en la apertura de la Asamblea Legislativa, justo cuando el mandatario hacía referencia a la deuda externa contraída durante la administración de Mauricio Macri.

 

Sin grietas y adhiriendo a la convocatoria mundial del papa por la paz en Ucrania, participaron leyendo una invocación religiosa el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz; el secretario de Culto, Guillermo Oliveri; los diputados peronistas José Luis Gioja y Eduardo Valdés; el jefe de la bancada del PRO en la Cámara baja, Cristian Ritondo, y las legisladoras macristas María Eugenia Vidal, Carmen Polledo y María Victoria Morales Gorleri. También referentes de los credos, entre ellos el cardenal Mario Poli, y jóvenes que se movilizaron por la fundación pontificia Scholas Occurrentes.

 

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