18|1|2023

La cacería de “Los 12 de la Santa Cruz” y la revelación de Astiz como genocida

08 de diciembre de 2022

08 de diciembre de 2022

Hace 45 años una patota de la ESMA secuestró a tres Madres de Plaza de Mayo, dos religiosas y familiares de desaparecidos. El marino, infiltrado, el entregador.

Azucena Villaflor se asomó a la puerta del cuarto y le preguntó qué quería comer ese mediodía, si carne o pescado. Su única hija mujer le respondió que pescado, y Azucena se fue. Aquel diálogo cotidiano fue el último que tuvo Cecilia de Vincenti con su mamá, que para entonces ya era una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo y que esa mañana –hace 45 años- fue una de las últimas integrantes del grupo de “Los 12 de la Santa Cruz”, la iglesia del barrio porteño de San Cristóbal donde militaban, en ser secuestrada. En el operativo fueron llevadas también otras dos Madres, dos monjas francesas y siete personas familiares de desaparecidos.

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Villaflor fue secuestrada en las inmediaciones de Sarandí, donde vivía junto a su esposo, Cecilia y Adrián, sus hijos menores. Los mayores, Pedro y Néstor, se habían ido de la casa familiar hacía algunos años. A Néstor lo habían secuestrado un año antes en la casa que compartía con su compañera. Aquella mañana del 10 de diciembre de 1977, además de salir a hacer los mandados para el almuerzo, Azucena iba a comprar la segunda edición del diario La Nación que contenía la solicitada que había preparado Madres de Plaza de Mayo semanas antes. En el texto reclamaban conocer el paradero de sus hijas e hijos secuestradas y secuestrados. “Por una Navidad en paz, solo pedimos la verdad”, el título. Otra patota, esa misma mañana, fue a buscar a la monja Leonie Duquet a su casa en Ramos Mejía. Al resto se los habían llevado dos días antes.

 

El grupo de la iglesia de la Santa Cruz nació en junio del 77, meses después de la ronda fundacional de Madres. Estaba integrado por familiares –hermanos, sobrinos, compañeros de militancia de personas que habían perseguidas, secuestradas y desaparecidas por el terrorismo de Estado– y comenzaron a reunirse en una de las oficinas de los edificios contiguos al templo católico de la esquina de Urquiza y Estados Unidos. Era uno de los tantos de apoyo a las Madres, que estaban surgiendo.

 

La tarde noche del 8 de diciembre de 1977 se reunieron allí algunas personas que lo integraban. Debían llevar listados con nombres y dinero que aportarían para pagar la publicación de la solicitada. Entre ellas estaba Gustavo Niño, la identidad falsa que uso el marino genocida Alfredo Astiz para infiltrarse entre las Madres a través de esa red de familiares que se juntaban en la Santa Cruz. Aquella noche fueron a la reunión algunas Madres de Plaza de Mayo a recoger los listados y el dinero: Esther Ballestrino de Careaga, María Eugenia Ponce de Bianco, María del Rosario Cerruti, Beatriz “Ketty” de Neuhaus, Nélida de Chidíchimo.

 

Según recogió Enrique Arrosagaray en la biografía que escribió sobre Azucena Villaflor; ella también tenía previsto ir a la iglesia aquella tarde noche, pero decidió quedarse chequeando el listado para la solicitada en la casa de Chela Mignone junto a otras Madres, algo que enojó a Astiz, revelaron quienes testificaron en las causas contra el marino.

 

Las tres Madres que integran el grupo de "Los 12 de la Santa Cruz" (Mónica Hasenberg)

Mabel Careaga reconoce que, si cierra los ojos, todavía puede ver a su mamá caminando por las playas de Río de Janeiro, con su hijo bebé, el nieto de Ester, en brazos. “Tenía un batón amarillo y una remera en la cabeza porque hacía mucho calor. Después yo me fui en exilio para Estocolmo y ella se volvió a la Argentina”, contó. En noviembre, en Suecia, recibió una última carta de su mamá en la que le decía que estaba esperanzada con que “muchos ‘turistas’ iban a volver en Navidad con sus familias”, y explicó: “Lo que me quería decir era que tenían esperanzas de que muchos detenidos fueran liberados. Por eso hicieron la solicitada, por una Navidad en paz”.

 

La cara macabra de un "ángel" infiltrado

Astiz, a quien algunas Madres llamaban cariñosamente “El Ángel” por su aspecto angelical rubio de ojos claros, se retiró de la iglesia de la Santa Cruz minutos antes de que una patota irrumpiera en el lugar, golpeara, esposara y metiera en un auto a varias personas militantes que estaban allí reunidas: Ángela Auad, Gabriel Horane, Raquel Bulit y Patricia Oviedo, la religiosa Alice Domon, las Madres Mary Ponce y Ester Careaga. En esa jornada, el grupo de tareas también se llevó a Remo Berardo de su atelier en La Boca, y a Juan Fondevila y a Horacio Ebert de un café en el Bajo. 

 

Las Madres Cerruti, Chidíchimo y Neuhaus, que estaban en la puerta, se escondieron en la nave principal de la iglesia, donde se oficiaba una misa por el Día de la Virgen. Igual, vieron cómo se llevaban a sus compañeras de militancia y en cuanto pudieron se fueron hasta la casa de Mignone para alertarlas. La hija de Azucena Villaflor recuerda que tras el asalto a la iglesia, el 9 de diciembre, su mamá estaba “amargadísima porque se habían llevado a sus compañeras y preocupada porque no sabía cómo se lo iba a decir a mi papá”. Un día después, ella también sería secuestrada.

 

La ESMA, el vuelo, la identificación

Por testimonios de sobrevivientes se sabe que el grupo de la Santa Cruz fue mantenido cautivo algunos días en el centro clandestino de detención que funcionó en el Casino de Oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada. Allí, los captores montaron la operación para vincular a las monjas francesas Domon y Duquet con Montoneros. Según datos que figuraron en la causa judicial que investigó el operativo –y que fueron ventilados en el tercer juicio oral que se llevó a cabo por los crímenes de la ESMA–, fueron llevados en un “vuelo de la muerte” a mediados de diciembre.

 

Días después, los cuerpos de quienes integran el grupo aparecieron en playas de la Costa Atlántica, donde fueron recogidos e inhumados en cementerios de la zona. Entre 2004 y 2005, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de las tres Madres, de Auad y de las religiosas Duquet y Domon, que descansan desde hace años en el Solar de la Memoria de la Santa Cruz. 

 

Este jueves, a 45 años, hubo homenajes en la Santa Cruz y se hizo memoria. A principios de semana, casi como en una casualidad macabra, Astiz solicitó las salidas transitorias ante el Tribunal oral Federal número 5, que lo condenó por los crímenes de los 12 y otras decenas de personas secuestradas y desaparecidas de la ESMA. La petición le fue denegada.