26|10|2021

Cuatro ideas sobre medios, elecciones y la lectura de demandas

14 de septiembre de 2021

14 de septiembre de 2021

Los mitos derribados y las verdades que confirmaron las urnas. El error de cálculo y un déficit que acerca a la política y al periodismo. Un tema de fuentes.

Las PASO del pasado fin de semana permiten análisis sobre distintas cuestiones de la vida social y sus consecuencias sobre el voto. Uno de los factores mencionados (no necesariamente uno de los más) antes y después del domingo fueron los medios de comunicación. En su sentido amplio, canales de televisión, radios, portales pero también redes sociales (Tik Tok, Twitch, Instagram). Los análisis suelen bandearse entre #elpoderdelosmedios y la inexistencia de su impacto en las decisiones sociales, especialmente, en las electorales.

 

Primera idea: el domingo, los medios demostraron su gran capacidad para instalar tanto candidatos ganadores como perdedores. Si bien es cierto que Javier Milei fue de los economistas más consultados por los medios de comunicación tradicionales entre 2018 y 2019, cuestión que lo catapultó a la escena pública como uno de los portavoces del liberalismo económico vernáculo, resultaría poco inteligente situar allí la principal explicación de su éxito electoral en la Ciudad de Buenos Aires. Primero porque, por ejemplo, José Luis Espert y Florencio Randazzo contaron con similar cantidad de tiempo en pantallas y micrófonos y sus performances estuvieron lejos de ser competitivas.

 

No, los medios no crean ganadores ni perdedores ni dan votos. Pueden dar conocimiento, poner en agenda, pero, por ejemplo, el FIT logró su mejor rendimiento electoral a nivel nacional en años con muy poco espacio (comparativo) en medios. Además, como ya decía Stuart Hall, si la campaña comunicacional-mediática no se acompaña de instancias de contacto con el territorio (militancia y lectura de demandas sociales), poco servirán cientos de minutos en el prime-time televisivo. Ni Francisco De Narváez ganó en 2009 por el Alica-Alicate ni Fernando De La Rúa salió en helicóptero de la Casa Rosada por su blooper en VideoMatch. En tal caso, esos eventos o campañas canalizaron situaciones reales, políticas y sociales, preexistentes. Como Milei.

 

Segunda idea: las redes sociales son un lugar más donde comunicar ideas y proyectos, ni el más importante ni el menos. El oficialismo, por caso, careció de estrategia comunicacional orgánica para redes sociales como TikTok o Twitch. Distinto el caso de Juntos Por el Cambio o el propio Milei, que explotan esos espacios con mayor planificación y tiempo dedicado. Sin embargo, esas decisiones también se acompañan de intensas y reiteradas participaciones en espacios de comunicación mediatizada tradicionales como radio y tele. Randazzo, por caso, fue uno de los más activos en espacios digitales y allí están sus resultados. Sin sustancia, no hay red social que mejore el resultado.

 

Por otro lado, la televisión demostró, una vez más, ser el medio de comunicación con mayor capacidad para instalar temas, candidatos y debates de manera generalista y masiva. No sólo es el espacio donde los políticos se sienten más cómodos y aspiran conquistar. También, resulta un medio catalizador y de procesamiento de debates y demandas: desde el aborto hasta la educación, con un paso por la inseguridad y la inflación. Quizás los debates de alta intensidad de algunas redes sociales quiten capacidad de visión de las problemáticas más populares y generalistas, donde la tele parece tener todavía un mejor termómetro.

 

Tercera y reiterada idea: se necesitan agendas producidas desde y para otros lugares del país que no sean Palermo (Buenos Aires). La sorpresa con los resultados nacionales de las elecciones legislativas y la poca referencia a estos o el tiempo de explicación de cambios estructurales en distritos como Santa Fe, Chaco o San Juan vuelven a mostrar la extrema urgencia de revisar agendas, pero también la estructura productiva de los medios argentinos. Lo nacional debe dejar de ser exclusivamente lo porteño.

 

Cuarta idea: el periodismo político volvió a mostrar un análisis contaminado por sus fuentes y sus relaciones con ellas. Como en 2015 y 2019, los análisis políticos estuvieron lejos de leer de manera correcta las demandas sociales y su impacto en las elecciones. No solo por el reflejo casi acrítico de encuestas que continuamente fallan en sus pronósticos, algunas de ellas, de manera sostenida y constante en el tiempo, sino, también, porque, especialmente el domingo entre las 18 y las 21, traban relaciones poco profesionales con fuentes que tienen intereses directos en los resultados de los comicios. Sólo de esa manera puede explicarse que los partidos políticos sean la fuente mayoritaria de consulta de los resultados de unas elecciones; fuente que tiene como fuente, valga la redundancia, a las mismas encuestadoras que fallaron, fallan y fallarán. Esta cadena viciada es un gran problema para el análisis.

 

Por otro lado, el periodismo político que tiene como único escenario los estudios de radio y tele. Así como radica su lugar de consulta en los palacios de poder político y económico (oficialista y opositor), muestra un gran déficit para leer y descifrar las problemática y las demandas sociales. En las relaciones cada vez más cercanas entre periodismo y poder político, los problemas del primero se parecen cada vez más a los del segundo.

 

Las elecciones PASO le mostraron a la política y a los medios de comunicación que existe un problema más de fondo que de formas. La sorpresa de ambos mundos con los resultados electorales permite un diagnóstico en común: quizás han perdido la capacidad de lectura de las demandas sociales en una endogamia cortoplacista que no puede identificar los principales nudos de la vida cotidiana de los argentinos.