19|10|2021

De qué habla Manes, el gurú de la innovación que promete romper la inercia

18 de agosto de 2021

18 de agosto de 2021

Autorreferencialidad y conceptos made in charlas TED. El “servidor público” y la reencarnación del “Sí, se puede”. La economía del conocimiento juega de 10.

“La Argentina está enferma”. “Vengo a curar”. En sus recorridas puestas en marcha desde que estampó su firma como precandidato, Facundo Manes repite, como un mantra, diagnósticos y metáforas ligadas a la profesión que lo catapultó como figura pública. Transpolar el prestigio taquillero de su imagen como neurocientífico al plano de la contienda electoral como precandidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires es el objetivo central de la maquinaria comunicacional que impulsa a la esperanza radical.

 

Para retratar el estado de situación de la fisonomía socio-económica nacional, habla de “subdesarrollo sustentable”, concepto que supo ser eje de charlas TED de uno de los integrantes de su lista, Fabio Quetglas. También, pone el acento en el “país estancado” con la perspectiva que supo hegemonizar en conferencias pasadas el científico Fernando Stefani, uno de los integrantes de ConArgentina, think tank dirigido por el neurólogo.

 

Los primeros pasos discursivos de Manes asoman medidos y planificados -más aun post sacudones intestinos por Lilita Carrió. La retórica varía según la jurisdicción en la que desembarque: en el conurbano, la inseguridad juega fuerte; en el interior, la actividad agroindustrial es un aspecto a enfatizar. Pero en todos los sitios, hace hincapié en la educación como motor para el desarrollo y la arenga con tono épico a “no rendirse”.

 

En eso, la discursiva de campaña del propio Manes lo erige como el ejemplo vivo de un país que ya no es. “Creíamos en la honestidad, la educación, en el trabajo para progresar. Hoy todo eso se perdió”, subraya. Tanto en redes como en su primer spot, lo autorreferencial es una marca indeleble. Mientras el neurólogo destaca que apunta a liderazgos desprovistos de narcisismos, cuando exhiben su experiencia de vida ponderan “esfuerzo”, “perseverancia”, “empuje”, “garra” y enumeran como resultado su paso por universidades y hospitales “del mundo”.

 

Desde ese plano, Manes es una encarnación del “Sí, se puede” cambiemista, remasterizado al compás de la economía del conocimiento como el disyuntor que reactiva los viejos paradigmas enraizados en el ideario meritocrático de la clase media, asociados a la educación, al trabajo y al esfuerzo como alquimia garantizada para el progreso.

 

Que esa ecuación ya no tenga la efectividad deseada, encuentra en el discurso de Manes la culpabilidad, no en bastiones del poder económico enquistados de larga data, sino en un genérico colectivo en particular: “Soy médico, no político”, sostiene quien se esfuerza por quitarse toda etiqueta que lo identifique como un hombre que decidió ejercer activamente la política partidaria y frentista en busca de un cargo electivo. Se niega a autodefinirse como “político” y opta por el rótulo de “servidor público”, al que suele adosar con un clásico juego de palabras que imprime otra inyección tan estigmatizante como generalista contra su flamante actividad: “No vengo a servirme de lo público”.

 

En esa línea, reitera en diversos puntos de la provincia: “Hay una deuda de inspiración con los jóvenes”. Y ahonda: “Los jóvenes en Argentina no creen en la política; no creen en las instituciones; incluso no creen que con la educación, la honestidad y el trabajo se llega al progreso. No existe más ese país, tenemos que recuperarlo”.

 

La honestidad es otro aspecto clave del engranaje retórico manista y el reciente escándalo del cumple-gate en Olivos acentuó ese mensaje: “Las prácticas de siempre son las mismas que nos trajeron hasta acá. Necesitamos encontrar respuestas innovadoras y honestas. No podemos bancar más las viejas recetas. No podemos renunciar a la Argentina”, exclamó en La Matanza.

 

Así, incrementó los dardos hacia el kirchnerismo: “Gobernó 16 de los últimos 20 años y estamos cada vez peor, con índices más inmorales de pobreza, de desigualdad”. Del reciente gobierno macrista (del que se encarga de marcar que no fue parte), celebra su “apertura al mundo” y “respeto a las instituciones”. Solo posa las críticas en que “faltó una revolución educativa, de investigación, de lo que es la economía del mundo actualmente y tampoco logró unir a los argentinos”.

 

No habla del peso de la deuda y poco de aspectos presupuestarios. La economía no aparece con frecuencia en el discurso del precandidato radical, que liga el desarrollo productivo y económico con la formación del recurso humano. “El mundo cambió, la economía del mundo es la educación, la innovación, la creatividad, la ciencia y tecnología. Ningún político les va a dar trabajo, lo que ustedes tienen que hacer es invertir en la creatividad, en su cerebro, y eso los va a hacer más libres”, deslizó en el conurbano.

 

A menudo desenfunda el término “revolución”, para asociarla a la “educación” y la “ética”, pero, fundamentalmente, al “conocimiento”. De esa manera presentó este martes vía redes algunas propuestas. En su diagnóstico social, asegura: “El sentimiento de la gente es frustración, desamparo, abandono”. La dicotomía miedo versus esperanza flota en su mensaje, con su “paso” como punta de lanza de “un nuevo clima de época que nos puede sacar de la decadencia crónica”. 

 

Considera “urgente crear políticas que frenen la destrucción de empleo y la precarización del trabajador”. Al respecto, proyecta una emergencia laboral que “facilite la contratación de nuevos trabajadores en la pospandemia”. Pero no desanda mayores detalles, como sí lo ha hecho con iniciativas que promete impulsar de ser legislador y que tienen que ver con su área de dominio.

 

Lo autorreferencial siempre está presente en sus desembarcos territoriales, aunque allí no tanto como modelo de progreso, sino como carnet comprobatorio de su identidad bonaerense. Los posteos relativos a su infancia y juventud en Salto proliferan (desde fotos en la escuela primaria hasta en equipos de fútbol locales). Pero también cuenta sus experiencias de guitarreadas universitarias en La Plata, de amigos y colegas en Bahía Blanca y hasta su nacimiento en la maternidad del hospital de Quilmes que visitó hace días. “Es importante sentirnos bonaerenses”, exaltó en una de sus recorridas para trazar así una fuerte diferencia con su contrincante interno, el exviceje de Gobierno porteño Diego Santilli.