20|7|2021

Psicología de la UBA, un bastión radical bajo sospecha

12 de junio de 2021

12 de junio de 2021

El armado ligado a la UCR suma 32 años al mando. La oposición denuncia proscripción, manejos turbios y cooptación de espacios. El decano lo niega. Sombra sushi.

La hegemonía radical en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) suma 32 años, apoyada en un armado político que tiene al actual decano. Jorge Biglieri, como un referente clave y en el que aparece la sombra de figuras como la de Lautaro García Batallán, viceministro del Interior del gobierno de Fernando De la Rúa. Los cuestionamientos por la falta de concursos docentes y las denuncias por la creación de un observatorio que funciona como consultora de prensa, además de por la proscripción de listas opositoras, agitó estas semanas los pasillos del edificio de la porteña avenida Independencia.

 

El episodio que encendió la mecha ocurrió en los primeros días de junio, tras el triunfo del oficialismo en el claustro de profesores, donde el radicalismo concentra el poder y hace casi 20 años que la oposición no logra competir unificada. La lista Alternativa Democrática lo intentó este año y reunió a referentes como Alicia Stolkiner, Debora Tajer, Alejandro Dagfal, Marcelo Percia y Hugo Leale, pero quedó fuera de la competencia por la impugnación de la Junta Electoral horas antes de realizarse las elecciones, en la que estaban habilitados a votar 131 profesores. Protagonismo Universitario obtuvo el 82,2% de los votos contra un 18,8% que votó en blanco, en gran parte motorizado por el conglomerado opositor.

 

En diálogo con Letra P, Dagfal, profesor de Historia de la Psicología, define a los oficialistas como “reformistas autopercibidos” y explica que, “desde el '89 para acá, hay una misma mayoría, sobre todo sustentada en el claustro de graduados, que responde a un sector del radicalismo. Algunos se quisieron pasar a la oposición, pero con pésimos resultados, porque el poder que los sostuvo armó otras listas”. También investigador del Conicet, Dagfal indica que “hay 31 profesores titulares regulares en una facultad que tiene más de 3.000 docentes y unos 15.000 alumnos. En una carrera con esa cantidad de gente, hay que conseguir ocho profesores titulares entre 31 para poder armar una lista, siguiendo el razonamiento o la interpretación restrictiva del reglamento”.

 

“No hay pocos profesores para armar otras listas, el problema es la capacidad de persuasión para convencerlos de que se integren a una propuesta política y acepten ser candidatos”, retruca Biglieri consultado por este medio y rechaza que haya habido “proscripción”. El decano, que además es titular de la cátedra de Psicología Política, asegura que durante su gestión se realizaron y completaron 47 concursos docentes, entre ellos, 11 de titulares, cinco de ellos en contexto de pandemia.

 

Stolkiner, profesora titular de Salud Pública y Salud Mental, encabezó la lista opositora que incorporó profesores titulares consultos, cuya inclusión fue denegada, lo que derivó en la impugnación de la nómina porque "no reunía la cantidad de titulares regulares que establecía el estatuto de 1960”. “Son las mismas personas que integran la Junta Electoral, el gobierno de la facultad, la lista oficialista que se presenta y los que controlan la urna”, se queja.

 

La rosca

El origen de Biglieri es Franja Morada, agrupación por la que fue consejero estudiantil y secretario general del Centro de Estudiantes de Psicología. Ya recibido, se incorporó a Convergencia Académica, el espacio de graduados del radicalismo en esa facultad. Con el gobierno de la Alianza, se convirtió en director nacional de Relaciones con la Comunidad del Ministerio del Interior, donde trabajó con García Batallán, viceministro de esa cartera y miembro de número del mentado Grupo Sushi, que entornaba al último presidente boina blanca renunciado.

 

Los caminos de Biglieri y García Batallán, cercano al diputado nacional Emiliano Yacobitti, actual vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) y mentor del senador Martín Lousteau, se cruzaron cuando militaban en Franja Morada: el primero fue secretario general cuando el segundo fue candidato a presidente del centro de estudiantes.

 

Con la caída de De la Rúa, Biglieri volvió a la vida universitaria y pasó a integrar Protagonismo Universitario, donde se referencian los profesores. En ese recorrido, alimentó su perfil en uno de los bastiones históricos del radicalismo en la UBA. Como máxima autoridad de la Facultad de Psicología, creó el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA). La oposición denuncia que durante el año pasado funcionó como insumo para cuestionar las medidas del Gobierno ante la pandemia.

 

“Supuestamente estaba destinado a estudiar la vulnerabilidad social y se transformó en una ágil consultora al servicio de la gestión. Un observatorio generalmente depende de un instituto de investigación o de la Secretaría Académica. En este caso, depende directamente del decano. Desde el comienzo de la pandemia, se dedicaron a promover investigaciones cuyas conclusiones eran que nos enfrentamos a un estado catastrófico de la salud mental, todo muy sesgado desde el punto de vista teórico y muy cuestionable metodológicamente”, cuestiona Dagfal.

 

Biglieri argumenta que la creación del OPSA se debe a la voluntad de la facultad de “estar presente en los debates sobre problemáticas psicosociales”, y lo define como “un instrumento adecuado para poder hacer investigaciones, producir información para llevar adelante políticas públicas y dar información a la población”.

 

El cargo de director del OPSA no fue concursado. Los opositores nucleados en Alternativa Democrática señalan que hay pedidos de informes presentados por la designación de Gustavo González. Sin embargo, Biglieri dice que la creación de este espacio fue “una promesa del claustro de profesores de la elección pasada” y afirma que “no hay previsión de concursos obligatorios en la universidad para los observatorios”.