25|6|2021

La televisión porteña no refleja lo que sucede en el resto del país. El conflicto en Neuquén con los trabajadores de la salud y sus consecuencias. 

Cada vez estoy más convencido de que hay dos argentinas. Y si algo faltaba para confirmarlo, apareció la pluma inigualable de mi amigo y consultor político cordobés, Daniel Montoya, para hacerlo, en su nota “Presidente del AMBA”, del pasado 19 de abril. Allí, Daniel centra su crítica en el tratamiento político del gobierno nacional frente a la segunda ola (tercera para mi) de la pandemia de coronavirus que vivimos por estos días. 

 

Mientras que la televisión  -porteña- nos mantenía en vilo por la disputa escolar Fernandista-Larretista, en el sur del país pasaban cosas. Como por ejemplo el bloqueo de rutas estratégicas para el turismo, el comercio y la industria petrolera, por parte de un grupo radical de trabajadores del gremio de la salud neuquino disconformes con el aumento salarial dispuesto por el gobierno de esa provincia y aceptado por la mayoría de los trabajadores.

 

Empezaron abril con piquetes sobre las rutas del sur neuquino que dan acceso a los centros turísticos cordilleranos y los cruces a Chile. Continuaron luego de Semana Santa con piquetes sobre las rutas del norte que dan acceso a Vaca Muerta. Produjeron en total un perjuicio económico al estado neuquino, estado nacional, empresas y trabajadores del sector privado, cercano a los 500 millones de dólares.

 

Como reacción al impedimento del tráfico de mercancías chilenas hacia nuestro país por Neuquén, los hermanos trasandinos contestaron cortando el tráfico de camiones de argentina a chile sobre la isla de Tierra del Fuego hacia Punta Arenas, ocasionando aún más daño y pérdidas económicas.

 

Ante semejante contexto, los ministros Santiago Cafiero y Eduardo De Pedro respondieron al pedido de ayuda de los gobernadores patagónicos con un lacónico “el gobierno nacional no se va a meter en el problema”.

 

Daniel Montoya culmina su magistral nota recordando la reforma de la Constitución Nacional en 1994 que fortaleció el poder central de unitarismo porteño, y el fallido proyecto alfonsinista de traslado de la Capital Federal a mi ciudad de Viedma, abortado por, justamente, los intereses de ese mismo centralismo. Y pidiendo una reforma institucional urgente que dé solución a este perverso sistema de decisiones.

 

Yo creo que además de eso urge la conformación de un nuevo poder político que, nacido desde el interior profundo del país, aúna sus voluntades e intereses para cambiar en las urnas esta realidad, construyendo de una vez por todas el federalismo inconcluso de la patria. 12 años de porteñismo en el gobierno nacional, ya es mucho tiempo.