29|9|2021

Cómo llega Montenegro a su primer test electoral en el poder

15 de febrero de 2021

15 de febrero de 2021

Sin ismo propio, el intendente de Mar del Plata tiene la oportunidad de colocar delfines en el Concejo y la Legislatura. Quiénes juegan. Diálogo variopinto.

Referentes con largo recorrido en la arena política marplatense no tardan en identificar en su historia reciente a las figuras que encarnaban la palabra del intendente en el Concejo Deliberante. Desde Guillermo Arroyo durante la reciente gestión de su padre, Carlos Fernando, pasando por Claudia Rodríguez durante el pultismo hasta figuras como Jesús Porrúa o Roberto Pagni en administraciones radicales previas. La ausencia de una banca que esté ocupada por una persona del riñón directo del jefe comunal es una de las características que distinguen a la intendencia de Guillermo Montenegro.

 

Con el rasgo de haberse mudado al distrito que hoy gobierna dos años antes de sentarse en el sillón de mando, fue imposible la construcción genuina de un armado propio puro; de un “ismo”. Madrinazgo vidalista mediante, Montenegro supo cultivar el diálogo con todos los sectores de la turbulenta interna cambiemista local y, según destacan socios, no dejó afuera a nadie al definir los casilleros del gabinete municipal. Con esa base, tiene en el Concejo diez bancas repartidas en tres bloques (CC, UCR y Vamos Juntos) que votan al unísono en los proyectos troncales que baja el Ejecutivo al recinto.

 

Sin embargo, las discrepancias dentro de las bancadas del interbloque oficialista han salido a flote en temas que involucraron desde medidas para paliar los efectos de la pandemia en la economía local hasta aspectos inmobiliarios, de registros, fotomultas, entre otras. “Hay diferencias ideológicas”, admitió una voz del Concejo.

 

Por lo pronto, los chispazos se dan entre bloques más que ante iniciativas emanadas desde áreas del municipio, pero la inquietud cerca de Montenegro es que no exista en el Concejo una figura fuerte y de plena confianza del intendente, tanto para tener un termómetro permanente del clima en el deliberativo -en general- y en el interbloque -en particular- sino, también, para bajar el mensaje concreto que pretende el Ejecutivo.

 

El brazo político del intendente es su coordinador de gabinete, Alejandro Rabinovich, uno de los que suena como posible emisario en el Senado bonaerense, aunque hay quienes prefieren que siga en el distrito para manejar las variables políticas. Hoy, en el Concejo, aparece como el más cercano a un oficialismo puro Agustín Neme, quien responde al coordinador del PRO marplatense Emiliano Giri, otro dirigente de confianza de Montenegro que es mencionado como posible representante del intendente en la Legislatura, .

 

El abanico cambiemista en el deliberativo es variopinto: radicales alineados al oficialismo partidario (Ariel Martínez Bordaisco, Vilma Baragiola y Marianela Romero) y a la oposición al salvadorismo (Cristina Coria); dos bancas para la Coalición Cívica (Angélica González y Liliana Gonzalorena) y el bloque de Vamos Juntos, que es presidido por Alejandro Carrancio (alineado al senador provincial Lucas Fiorini) y que completan un edil que viene del Partido FE (Nicolás Lauría), un monzoista (Guillermo Volponi) y Neme.

 

Cerca del intendente remarcan que los canales de diálogo se mantienen con todos los sectores, una impronta similar a la que Montenegro exhibe puertas adentro de la interna amarilla: recibe una semana a Patricia Bullrich y otra a Horacio Rodríguez Larreta, pasando por Jorge Macri. Hay gestos para todos y todas. “Con el único que no se sacó una foto fue con (Gustavo) Posse. Debe ser porque perdió con él en 2015”, desliza con sorna un dirigente que recuerda la derrota que, como precandidato en San Isidro, Montenegro sufrió a manos del cacique de ese distrito: fue por más de 25 puntos. No obstante, hay quienes advierten en el otro rincón de la interna radical (Maximilano Abad) un posible contrincante interno a futuro.

 

Sostener las seis bancas ganadas en 2017 no es una empresa fácil para el oficialismo local, pero, de lograrlo, recuperaría un escaño, hoy ocupado por el arroyista Mauricio Loria. En JxC vencen los mandatos de Volponi, González, Baragiola, Coria y Bordaisco. La interna radical del 21M definirá algunos nombres boinablanca. Los lilitos buscarán un lugar en los casilleros de privilegio (posiblemente con Angélica nuevamente), mientras que el sector del monzoísta Volponi ya muestra actividad en la esfera local. Allí, articula el diputado nacional marplatense Juan Aicega y el extitular del puerto local Martín Merlini.

 

Teniendo en cuenta la fuerte gravitación de Mar del Plata en la Quinta sección electoral, el armado de la lista local suele dialogar con las discusiones en torno a la nómina seccional. Algunos armadores marplatenses de JxC imaginan que, en casos donde no puedan satisfacerse aspiraciones seccionales, es posible ofrecer un lugar expectante para el Concejo. En ese punto, hay quienes piensan en el espacio del senador provincial Lucas Fiorini -este año termina su mandato-, que articula con el jefe de bloque de JxC en la Cámara alta, Roberto Costa. “Es el que más difícil la tiene”, calculan en dos rincones interesados de JxC sobre las aspiraciones de Fiorini de retener su banca. Algunas fuentes recuerdan que, antes de asumir Montenegro, el sector de Fiorini fue el primero en generar chispazos internos, en pugna por la presidencia del Concejo.

 

En la estructura amarilla no se olvidan de este episodio de cara a la discusión de nombres para el Senado: “Son heridas que quedan”, deslizan para destacar que, este año, será Montenegro quien digite los representantes del PRO marplatense para el Congreso y la Legislatura, además de conformar un círculo de confianza en el Concejo. No se habla de “ismos”, pero sí de empezar a delinear un armado más puro.