01|5|2022

La variante ómicron también desborda las internas del cordobesismo

28 de diciembre de 2021

28 de diciembre de 2021

En medio de la ola de contagios, los cruces entre la provincia y la ciudad capital desnudan el clima crispado del peronismo mediterráneo ante un incierto 2023.

El manejo de la crisis sanitaria ocasionada por un masivo brote de coronavirus que tiene a Córdoba como uno de los principales epicentros del país, atizó las desconfianzas entre la administración provincial y la intendencia capitalina, ambas en manos de Hacemos por Córdoba. Aunque en los dos bastiones del peronismo mediterráneo intentaron atenuar el alcance de los chispazos, segundas líneas confirmaron a Letra P que los resquemores cruzados se avivaron tras el apabullante triunfo de Juntos por el Cambio en noviembre. Con el gobernador Juan Schiaretti impedido de competir por otro mandato y sin certezas sobre la decisión que tomará el intendente Martín Llaryora (reelección en la Capital o pelear por la gobernación), hay sectores que no quieren esperar a 2023 para construcciones futuras.

 

Frente al crecimiento exponencial de casos positivos manifestado en la última semana, las responsabilidades en torno a la situación son sopladas de un lado a otro en la capital provincial, epicentro de la preocupación. En la sede municipal adhieren a reclamos contra la provincia por la falta de insumos en los centros de testeo, una queja compartida por el personal de la salud e intendencias vecinas. En el ministerio de Salud deslizan que la escalada se dio, primordialmente, por la falta de personal dispuesto en dichos centros.

 

“No es real que haya faltantes, es absolutamente falso. La provincia, desde el inicio de la pandemia, ha provisto a los 427 municipios de todos los elementos necesarios para llevar adelante la vigilancia, la detección, el aislamiento y la internación”, ratificó Diego Cardozo, ministro de Salud, a Radio Universidad.

 

“La distribución depende de cada municipio. Si en Córdoba, u otra ciudad, no alcanza, puede ser por su propia desorganización. De hecho, en puestos provinciales eso no pasa”, subrayan en la cartera provincial.

 

Entre las decisiones erróneas que la provincia achaca a sus pares municipales también se cuenta la demora en habilitar más puestos de testeo o extender el horario de los ya existentes. Más venenosos dardos se cruzan por la demora para suspender celebraciones y festejos multitudinarios, tanto en la esfera pública como en espacios privados.

 

“Son los gobiernos locales los que deben tomar decisiones en función de su realidad epidemiológica. En la capital tenemos indicadores de alto riesgo, con escalada importante del número de casos. Por eso hemos sugerido revisar los protocolos de aforo, los eventos masivos programados y los controles”, sostuvo la secretaria de Prevención y Promoción de la Salud provincial, Gabriela Barbás.

 

Recién en la tarde del jueves pasado la administración de Llaryora decidió suspender “todo evento masivo extraordinario que pueda desarrollarse en espacios abiertos o cerrados”. Dado que la resolución no alcanzó a bares o boliches, las críticas apenas menguaron.

 

“Necesitaron cuatro mil casos diarios para suspender fiestas que moverían miles de personas, principalmente jóvenes, que son los que menos se vacunan. El miércoles extendieron el horario de testeo, pero hicieron ‘la noche de los templos' y un baile. Y los boliches abrieron como si nada”, lamentaron fuentes provinciales. “Reaccionamos rápido. El lunes teníamos un 3% de positividad en nuestros centros de testeo. El jueves, al llegar al 20% tomamos la decisión. Fuimos la primera ciudad en aplicar restricciones”, remarcan en la Municipalidad.

 

El contraste surge naturalmente: recién en la tarde del domingo, el gobierno provincial dispuso, por 10 días, la suspensión de “eventos masivos” tanto en espacios abiertos como cerrados.

 

Una coincidencia surca el cielo mediterráneo: la necesidad de reactivación económica aparece como el principal argumento por el que ambas gestiones resisten cualquier limitación de actividades. Sobre todo, en la antesala de la temporada turística.

 

“Salud quiere cerrar o restringir un poco, pero nadie quiere pagar los costos. A veces parece que nosotros somos locos, pero hay algunos que creen que están en Disney”, dispararon desde la cartera provincial contra la administración capitalina.

 

Más de dos

"No hay conflictos ni cruces con el ministerio. Seguimos trabajando a la par con Cardozo. También con Barbás. Hay unidad de acción, sin interferencias”, dijo a Letra P el secretario de Gobierno de la ciudad, Miguel Siciliano. Exconcejal, exprecandidato antes de la consagración de Llaryora, Siciliano es uno de los funcionarios municipales de más alta exposición. Su nombre aparece en cualquier especulación sobre posibles aspirantes a la intendencia.

 

Tampoco escapa a suposiciones el alto perfil alcanzado en estos años pandémicos por Cardozo. Se le valora su desempeño como ministro así como su encuadramiento para aceptar, aun con críticas, lo dispuesto por la gobernación cuando las decisiones priorizaron criterios económicos a restricciones sugeridas.

 

La lista de “candidateables” para distintas funciones no se agota en ambos. Claro está, ellos no admiten intención electoral y afirman que su prioridad es trabajar para superar la pandemia.

 

Tras dos años de pandemia y cuatro de recesión no parece mucha la gestión que se pueda mostrar. El año nuevo iniciará como el que concluye: con el coronavirus en títulos y la misma necesidad de ingresos para un gobierno endeudado. “Lo que queda es el manejo de la situación sanitaria. Todos querrán colgarse una medalla dentro de unos meses. Esa es la competencia. Por eso ahora especulan. Hasta los que saben que no participarán de las elecciones”, concluye un viejo dirigente peronista.