18|1|2022

La novedad de la participación opositora legitima las regionales en Venezuela

17 de noviembre de 2021

17 de noviembre de 2021

Más de 70 mil postulantes pelean por 3.082 cargos. La Unión Europea enviará una misión observadora. ¿Hacia una normalización institucional?

Con un escenario nuevo que promete mayor competitividad y con la esperanza de siempre de superar una dura realidad, 21.159.846 de personas estarán habilitadas para participar, este domingo, de las megaelecciones venezolanas en las que se renovarán todas las autoridades ejecutivas y legislativas de los 23 departamentos y las 335 ciudades del país. Con la oposición más dura que vuelve a participar después de tres años de abstencionismo y misiones internacionales desplegadas en el país, la expectativa crece ante lo que podría significar un paso hacia una salida de la crisis institucional.

 

Estará en juego la distribución territorial y el poder más cercano a la ciudadanía, nivel en el que el chavismo ostenta una amplia mayoría –controla 19 estados y 310 ciudades– por haber ganado los comicios de 2017. Por primera vez desde ese año, la oposición más dura, de la que forma parte el autoproclamado presidente encargado, Juan Guaidó, volverá a competir luego de haber elegido la vía abstencionista. En total estarán en juego 3.082 cargos, por los cuales competirán 70.244 personas, entre las que hay un 49% de mujeres y un 50,5% de hombres, de 111 organizaciones políticas diferentes, de las cuales 35 tienen carácter nacional, 52 regional y 24 representan a los pueblos originarios.

 

El primer punto importante de la jornada será la participación del G4, el grupo que reúne a los cuatro partidos opositores más importantes: Voluntad Popular, Primero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo. A pesar de que todavía persisten diferencias y que no todos los sectores convocan a votar con la misma efusividad, la decisión representa la vuelta a las urnas de los sectores más intransigentes de la oposición y le brindan mayor legitimidad a la jornada. Su desafío será aglutinar el voto disidente, algo que no está garantizado al no haber alcanzado candidaturas de unidad –nuevamente– en algunos distritos fundamentales del país, como la gobernación de Miranda, la más grande de todas.

 

El segundo condimento estará dado por las misiones observadoras internacionales, especialmente la de la Unión Europea (UE) y el Centro Carter de los Estados Unidos, que fiscalizarán el desarrollo de la jornada. La delegación europea volverá a examinar una jornada venezolana por primera vez desde 2006 y, si bien durante los últimos comicios hubo otras misiones, fueron de parte de aliados del presidente, Nicolás Maduro. La participación europea, que ha impuesto sanciones a la dirigencia chavista durante los últimos años, estará compuesta por más de 100 personas en 22 estados de los 23 y genera entusiasmo en la oposición.

 

Para el oficialismo, la jornada representará la oportunidad de reafirmar su poder territorial y electoral. Le servirá, además, para reactivar el acercamiento a distintos países, bloques y organizaciones, especialmente la Unión Europea y la Corte Penal Internacional (CPI), luego de que el organismo judicial abriera una investigación formal en contra de Maduro por violación de los derechos humanos. Asimismo, podría ser una palanca de presión en la mesa de diálogo que se lleva a cabo en México, que hoy se encuentra suspendida tras la apertura de un proceso penal en contra del empresario oficialista Alex Saab, en Florida. Una elección subnacional parece poco ante el tamaño de sus deseos, pero es una oportunidad que no puede dejar pasar.

 

Para la oposición, en tanto, representa la posibilidad de volver a ocupar instancias de poder y de decisión luego de haber rechazado participar en las elecciones legislativas del año pasado y las presidenciales de 2018. Ya desperdició la oportunidad de reconstruir y forjar la unidad política entre figuras como la de Guaidó, quien fuera en su momento abanderado de la abstención, y otras, como el exgobernador Henrique Capriles, que le piden a la población “por favor” ir a votar. Su posición es más débil que la del oficialismo, porque deberá confiar en que se respetará la voluntad popular el domingo y en los posibles mandatos ante un gobierno que ya realizó diferentes maniobras y estrategias para limitar el poder de sus rivales.

 

De todas maneras, para que cada sector cumpla sus objetivos será necesario que se genere la expectativa social necesaria y que se motive a un electorado que se ha mostrado indiferente. Lejos en el tiempo quedaron aquellos actos multitudinarios que supieron comandar el expresidente Hugo Chávez y la oposición, que llenaban las calles de Caracas y otras ciudades. En la actualidad, la profunda crisis económica, la hiperinflación y la imposibilidad o la incapacidad de la política en su conjunto de generar expectativas y alcanzar acuerdos condenan a la sociedad a la apatía. No sorprende, entonces, que el abstencionismo del electorado sea uno de los nuevos protagonistas del escenario.

 

Según una encuesta de ORC Consultores, el 44% de la población tiene una disposición relativamente alta y media a votar el domingo, mientras que el 38% declara una baja. Como ya es tendencia en Venezuela, la escasa afluencia favorece al oficialismo, que ostenta una base de apoyo más fiel y movilizada. El mismo estudio lo evidencia: el electorado opositor tiene una disposición del 53% para ir a votar y la del oficialismo llega hasta el 71%. El alejamiento social es una nueva realidad que la clase política deberá revertir, pero ello sería consecuencia de una reactivación económica y de una recuperación de los estándares de vida.