30|7|2022

El Gobierno y las empresas ya discuten el 15N, con nubarrones de Fondo

11 de noviembre de 2021

11 de noviembre de 2021

Los ceos descuentan un resultado electoral negativo para Fernández y reclaman arreglar con el FMI antes de marzo. Rebote al cielo y expectativas en el suelo.

Sin esperar grandes sorpresas en las elecciones generales de este domingo, el Círculo Rojo ya mira el día después y encuentra nubarrones de corto plazo, que no se despejan ni siquiera con los fuertes repuntes en la actividad que muestra la mayoría de los sectores y que se rubrican en balances de importantes compañías. La preocupación permanente es el Fondo Monetario Internacional (FMI) y lo que pueda ocurrir antes de marzo, cuando llega el primer vencimiento de capital de 2022 que Argentina no presupuestó y que, dijo el Gobierno, no pagará.

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El acuerdo con el FMI debe estar listo, firmado, validado por el Congreso y por el Directorio del Fondo para mediados de marzo. El 22 de ese mes, el país enfrenta un vencimiento impagable de U$S4000 millones, a los que deben agregarse los U$S2000 millones que se le deben al Club de París y están sujetos al programa económico que se cierre con el organismo de crédito. “Vamos a entrar en aguas turbulentas hasta febrero o marzo”, vaticinó el presidente de una importante empresa. “Tenemos tres meses de prudencia en los que también se necesitan señales de con qué equipo se gestionará”, dijo el ejecutivo de otra importante compañía, preocupado por el posible cambio de nombres en el gabinete económico.

 

Para la consultora Analytica, de Ricardo Delgado, el acuerdo con el Fondo llegará y servirá para “estabilizar las degradadas expectativas”, como sustituto del “plan económico que los decisores privados le vienen exigiendo al gobierno desde hace tiempo”. Aunque dolerá: incluirá un ajuste fiscal (el sendero hacia el equilibrio del que habla el Gobierno) y, dice el analista, una devaluación del tipo de cambio oficial para achicar la brecha.

 

La negociación con el Fondo dominó la reunión que el presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán, mantuvieron este martes por la noche, en Olivos, con ceos de multinacionales que operan en el país. Estuvieron referentes del sector automotriz, los insumos agrícolas, los servicios y el consumo masivo. Daniel Herrero, de Toyota; Antonio Aracre, de Syngenta; Sergio Kaufman (Accenture) y Laura Barnator (Unilever) buscaron alguna certeza sobre un acuerdo que consideran necesario. Fernández y Guzmán dijeron que no quieren defaultear y que esperan tener el horizonte despejado para enero o febrero. Buscan asegurar una reducción gradual del déficit “que no detenga el crecimiento”, dijo uno de los asistentes. Reforzaron que no habrá salto devaluatorio, a pesar de la corrida cambiaria que aceleró en las últimas semanas en las cotizaciones paralelas.

 

El Presidente y su ministro buscan un aval de las multinacionales a la posición argentina en la negociación con el Fondo. En principio, no habrá declaración conjunta como ocurrió con un grupo de empresas nacionales que respaldó al Gobierno durante la negociación con los acreedores privados. Sin embargo, la Casa Rosada adelantó que prepara una convocatoria a empresas y sindicatos para después de las elecciones, con el objetivo de trazar diez puntos de consenso y llevarlos a un Congreso que el Frente de Todos ya anticipa hostil. 

 

Ese punteo incluirá un llamamiento a generar empleo, a combatir la evasión y a rechazar el ajuste fiscal recesivo, aunque con un recorte de subsidios “innecesarios” que nadie especificó en cuantía ni en calidad, en momentos en que el Ejecutivo gasta unos 10.000 millones de dólares en importar combustible y pisar tarifas en medio de un recrudecimiento inflacionario global que se anticipa problemático. El voluntarismo puede chocar con la realidad: el Congreso todavía no empezó a tratar el proyecto de ley de Presupuesto 2022 que envió Guzmán hace casi dos meses y que podría llegar a votarse en sesiones extraordinarias, con reclamos de aliados y con ambas cámaras con probable mayoría opositora.

 

Los contactos con el Círculo Rojo, habituales, buscan frenar el deterioro de expectativas y contener cualquier escenario de "sálvese quien pueda" posterior al domingo. Parece inexplicable, pero, mientras los dólares paralelos vuelan hasta los $215 cebados por la inflación galopante y las tapas de los diarios, las expectativas de crecimiento se consolidan y existe consenso de que este año la actividad recuperará casi todo lo que perdió en 2020. 

 

Los balances de las compañías muestran ese rebote. Techint informó a la Bolsa una ganancia de U$S717 millones en nueve meses, a escala planetaria, que contrastan con la pérdida de U$S752 millones de los tres trimestres de 2020. Las ventas de tubos a la industria petrolera de América del sur crece 42%, mientras florece un negocio de servicios a las empresas de Vaca Muerta. Mercado Libre se asienta sobre todo en Brasil y en México, pero sus ingresos netos crecieron 38% en moneda dura en Argentina, en el tercer trimestre. La maquinaria agrícola, la industria de electrodomésticos, los insumos para el agro y otros segmentos reportan indicadores positivos, a los que se sumarán, este verano, el turismo interno y el esparcimiento. Un importante empresario de la construcción contó a Letra P que, entre obra pública y minería, ya no puede tomar más trabajos. 

 

¿Por qué ese rebote no mejora las expectativas? La respuesta del empresariado es unánime: “Por la macro”. “Tranquilizar la economía”, como dice Guzmán, dependerá de que el resultado electoral no sea catastrófico para el Gobierno, interpretan de uno y otro lado de la mesa de diálogo. La contracara es una economía en la que, a pesar de la recuperación cada vez más palpable, todo parece a punto de explotar, con más de 50% de inflación y 41% de pobreza. 

 

Una mayor debilidad política afectará la gestión en todos los frentes. Tanto que una parte del establishment desea que el Gobierno recorte la diferencia respecto de la derrota de las PASO, para que “no sobreactúe” ante una caída más pronunciada. El secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, negocia con las grandes alimenticias, distribuidores y mayoristas el abastecimiento y cumplimiento de los precios congelados en almacenes. Luego de una hora y media de reunión sin resultados, el lunes, Feletti pidió a toda la cadena que acerque una respuesta en 15 días para garantizar el cumplimiento del programa en todo el país. El Ejecutivo llega a las urnas con diferencias de precios importantes entre las góndolas de los supermercados y las de los comercios de cercanía donde la inflación duele más fuerte. Ese panorama puede profundizarse si las grandes compañías, como los tiburones, huelen sangre.