02|12|2021

“Chile está despierto y preocupado por las razones de lo que le pasa"

20 de octubre de 2021

20 de octubre de 2021

La constituyente evalúa el estallido de 2019 y anticipa lo que viene. Elección presidencial, conflicto mapuche y Pandora Papers en su mirada progresista.

Dos años después del estallido social que marcó un antes y un después en la historia de Chile, la constituyente por Apruebo Dignidad y excandidata a presidenta Beatriz Sánchez rememoró aquellos días en los que su país “despertó” contra un “modelo neoliberal subsidiario” y afirmó que, desde entonces, “la sociedad es más rabiosa y reclamona”. “Es un país más despierto que está más preocupado por las razones de lo que le pasa y eso es muy bueno”, aseguró.

 

En diálogo con Letra P luego de una sesión de la Convención Constituyente, órgano encargado de redactar una nueva Constitución, Sánchez también analizó la importancia de las elecciones generales del 21 de noviembre, a las que describió como “una de las más importantes” de los últimos tiempos, y declaró que votaría a favor de destituir al presidente, Sebastián Piñera, luego de que se descubriera su involucramiento con cuentas offshore en los Pandora Papers. “Hace muchos años no teníamos un presidente con este nivel de debilidad”, dijo. Además, calificó como “un desastre y un manotazo de ahogado” la reciente militarización del sur del país anunciada por el gobierno para combatir el “narcoterrorismo”. “Es muy grave y peligroso”, completó.

 

–¿Cómo analiza, en retrospectiva, el estallido social de 2019?

 

–Empezó un gran momento de cambios en el país que eran muy necesarios. No fue el inicio de un momento, sino, más bien, un término de movilizaciones que se venían registrando desde hacía 15 años. Llegó un momento en que la institucionalidad no podía hacerse cargo y el elástico se estiró demasiado, hasta que se rompió. Lo que buscaba es un cambio de modelo de este neoliberalismo subsidiario de la dictadura.

 

–¿Qué cambió en estos dos años?

 

–Somos una sociedad que se guarda menos cosas. Habíamos aprendido una desesperanza del cambio y eso es lo que cambió. La sociedad ahora es más rabiosa, más reclamona, es distinta. Es algo que se venía gestando desde hacía mucho tiempo y es parte de un cambio generacional. Hay una juventud que tiene un nivel educacional superior, que se mezcla con un feminismo muy poderoso y causas ambientalistas cada vez más fuertes. Esto va generando una etapa distinta en una sociedad que despertó. Es un Chile más despierto que está más preocupado por las razones de lo que le pasa y eso es muy bueno.

 

–¿Y qué falta todavía?

 

–Que se materialicen los cambios, porque esto no puede ser eterno. No podemos esperar 20 años por un cambio. Los cambios que se demandan todavía no aparecen. Tenemos una vía institucional para cambiar la Constitución, que es lo que se buscó, pero no es algo concreto. Se trata de un cambio estructural y eso demora. Falta un cambio de gobierno, porque el estallido alargó una administración que terminó mucho antes del tiempo que le correspondía. Eso provocó una situación en la que parece que no ha pasado nada. Falta un gobierno nuevo con símbolos de cambio que acompañen los cambios estructurales de la Constitución.  

 

–¿Cómo observa el panorama preelectoral a un mes de las elecciones?

 

–Es una elección de las más importantes porque estamos en un tren político. Es muy importante quién llegue al parlamento y quién esté al frente del gobierno. porque lo ideal es que sean personas que acompañen estos cambios. Sería un desastre que una Convención que va a hacer modificaciones se tope con un gobierno conservador. Es una elección muy importante porque va a acompañar este proceso y le pone fichas.

 

–¿Cómo vive la tarea de la Convención Constituyente desde su interior?

 

–Estoy muy contenta con lo que ha pasado hasta ahora. Es un proceso inédito, con paridad de género y representación de los pueblos originarios, que está generando una convivencia política nunca vista, una innovación histórica. Terminamos el reglamento y ya empezamos con los temas de fondo; el proceso ha sido bien emocionante. Estamos cumpliendo todos los objetivos que nos propusimos en un principio y eso me pone muy contenta porque pensaban que no íbamos a lograrlo. Hasta ahora vamos con buen pie.

 

–¿Cómo tomó la aparición de Sebastián Piñera en los Pandora Papers?

 

–Es un presidente que está en sus grados más bajos de aprobación. Hace muchos años no teníamos un presidente con este nivel de debilidad. Es un presidente casi inexistente, prácticamente no habla ni sale del Palacio de la Moneda. Ha sido así desde el estallido. Salió un poco más durante la pandemia, pero su gestión no solo ha sido mala, sino que es un presidente al que se le acabó el tiempo antes. Esto viene a coronar una pésima gestión y esta acusación constitucional para destituirlo vuelve al panorama bastante incierto. Es un país al que le cuesta mucho tomar decisiones drásticas, no las ha tomado desde la vuelta a la democracia, pero es la segunda moción contra Piñera y es un resultado bastante incierto.

 

–Si estuviera en esa posición, ¿votaría a favor de la moción de censura para destituirlo?

 

–No me toca votar, pero lo haría a favor.  

 

–¿Cómo entiende la militarización del sur del país anunciada por Piñera para combatir el "narcoterrorismo"?

 

–Como un desastre y un manotazo de ahogado. Es una forma de tomar ciertas decisiones desesperadas. Nunca habíamos tomado este paso de militarizar una región del país. Después de esto no hay vuelta atrás. Espero que sea un paréntesis de un gobierno que ya se terminó y no una cuestión que se mantenga. Es muy peligroso. En la Araucanía puede haber casos delincuenciales, pero son temas complejos y políticos, no militares o judiciales, y esto los gobiernos conservadores nunca lo han querido entender. También es una reacción de los sectores conservadores a lo que está pasando en la Convención, porque por primera vez tenemos a pueblos originarios en espacios de poder y deliberación y son sujetos y sujetas políticas que están deliberando. Lo más probable es que Chile pase de ser una nación a un país plurinacional y que se reconozca a los pueblos originarios con autonomía. Esta señal de Piñera es una contraposición del poder de los pueblos en la Convención y en la política futura. Eso es muy grave y peligroso.