ELECCIONES 2021

La Ciudad del macrismo sin calma

Nadie ve ni quiere a Macri como candidato. Bullrich es fija y Larreta analiza si le abre una primaria con dos nombres pesados en carpeta. El monzoísmo, alerta.

Históricamente opacada por el impacto nacional y el volumen del padrón de la provincia, la Ciudad de Buenos Aires tiene buenas razones para transformarse en el centro de atracción de las elecciones del año que viene. Eso podría ocurrir, al menos, en Juntos por el Cambio, donde, a un año de ir a las urnas, la lista de posibilidades para jugar en campo propio es extensa y cargada de nombres con alto peso específico. De Mauricio Macri a Patricia Bullrich; de María Eugenia Vidal a Rogelio Frigerio, el macrismo definirá de local si se proyecta hacia 2023 a través de su ala dura o de su ala ultra. Ala blanda o dialoguistas, quedó demostrado ya, hasta ahora no hay.

 

Lo digan o no, hay un temor que atraviesa a la totalidad de quienes tienen aspiraciones de competir en 2021: que Macri quiera ser candidato; y hay un deseo que atraviesa al mismo grupo de personas: que Macri no sea candidato. El expresidente es la primera pieza del dominó. Si levanta la mano, se caen todas las demás en cadena.

 

Una fuente que juega todos los días la rosca interna del macrismo lo resume así: la hipótesis mayoritaria es que Macri no quiere ser candidato y que, salvo que sienta la respiración de la Justicia muy cerca de la nuca y vaya en busca de fueros, no lo será. El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, confía en que Marcos Peña sirva como dique de contención de cualquier capricho personal que complique las posibilidades de la alianza. Por algo recuperó la relación con el exjefe de Gabinete, con quien terminó muy mal en la campaña presidencial del año pasado y cuya cabeza pidió el agitado primer fin de semana de julio de 2018, cuando junto con Vidal pidió un volantazo en el gobierno que el entonces presidente se negó a dar.

 

 

La que está decidida a competir por la Ciudad el año que viene es Bullrich. Quiere usar las legislativas del año próximo como un trampolín. ¿A dónde? Dependerá de muchas cosas, del resultado y del entusiasmo. Puede ser la sucesión en la Jefatura de Gobierno porteña o las presidenciales. Ganas le sobran y tiempo, también.

 

“Patricia muestra una voluntad infinita y disputa todo”, admiten en la Ciudad. Como está todo el día en la casa –excepto cuando participa de marchas contra el gobierno de Alberto Fernández-, “si te distraés, en un minuto te está conteniendo el enojo de un concejal de Trenque Lauquen o escuchando qué necesita una candidata de Tucumán”, agregan. Todavía hoy hay dirigentes del larretismo que se arrepienten de no haberle peleado con más energía a Macri la presidencia del PRO. Subestimaron lo que podía hacer la exministra de Seguridad con esa estructura que, antes de que la agarre Bullrich, parecía una herramienta vetusta.

 

Si Macri decide sostener su vida actual, entre videollamadas, viajes y vacaciones semipermanentes, Bullrich es la primera que levantará la mano. Este escenario condiciona mucho a Larreta, porque su obsesión es llegar a 2023 con todas las piezas del rompecabezas Juntos por el Cambio unidas. Eso es con la más agitadora de la grieta adentro. El jefe de Gobierno, consustanciado con sus aspiraciones presidenciales, sería capaz de cederle toda la campaña y no ponerle obstáculos para que fuera la candidata estrella del oficialismo en 2021. Eso sí, aclaran: “No lo imagines a Horacio muy activo en esa campaña”.

 

 

 

PASO A PASO. La opción B para Larreta es jugarle una primaria a Bullrich en la Ciudad con una candidata o un candidato propio. ¿Sería lo más conveniente para la alianza? Depende de a quién se consulte. Hay voces que valoran la atracción de votos que representan las PASO; otras sugieren que dispersar nunca es la mejor opción.

 

Si se abre la ventana a una interna, a Larreta se le despliega un menú de opciones, con un nombre que rápidamente pica en punta: Vidal. Tres consultores consultados por este medio coinciden en que Bullrich no tiene chance en un mano a mano contra la exgobernadora bonaerense. ¿La razón? El perfil de la exministra de la Alianza sirve para contener votos propios, pero se topa con la pared del voto sin destino consolidado, el volátil. En lenguaje de encuestador: no perfora los límites de la grieta y es la peor opción para pescar votos en pecera ajena. Uno de los especialistas, que pidió reserva de identidad, fue un poco más allá: “Ni siquiera asegura la totalidad de los votos de Cambiemos”.

 

Según Aresco, Vidal tiene un diferencial a favor entre imagen positiva (55%) y negativa (40%), a diferencia de Bullrich, a quien la diferencia le da en rojo (42% de imagen positiva contra 52% de imagen negativa).

La que tiene números más o menos actualizados es Aresco, la consultora de Federico Aurelio. Vidal tiene un diferencial a favor entre imagen positiva (55%) y negativa (40%), a diferencia de Bullrich, a quien la diferencia le da en rojo (42% de imagen positiva contra 52% de imagen negativa). Una curiosidad: quien está en un nivel muy malo en el distrito que lo catapultó a la Presidencia es Macri: solo un 30% lo valora positivamente y cerca de un 60% lo ve mal. Hay que mirar estos números con cuidado: la imagen de la dirigencia política no es, nunca, un indicador asimilable a su intención de voto.

 

Vidal ya abrió la puerta a la posibilidad de volver a convertiste en una figura porteña. En el PRO de la Capital, insisten, la idea de Larreta es que revalide el apoyo que supo conseguir en la provincia de Buenos Aires, curiosamente el distrito que desde hace meses está caminando –al menos, en términos políticos- la mano derecha del jefe de Gobierno en la gestión de la Ciudad, su vicejefe, Diego Santilli.

 

EL DOCTOR DE LA CIUDAD. Hay dirigentes que gastan años y millones de pesos en obtener el nivel de conocimiento que el ministro de Salud de la Ciudad, Fernán Quirós, consiguió en apenas cinco meses. En el Gobierno porteño juran que hasta ahora nunca lo midieron electoralmente. Sí tienen números de su evaluación al frente de la gestión sanitaria.

 

Transformar una figura de perfil técnico y de gestión en un animal electoral es una tarea muy compleja. Ni siquiera la solidez que muestra Quirós al enfrentar las cámaras es garantía de nada, pero su nombre ya empieza a anotarse en los borradores para 2021. Una encuestadora que trabaja en la Ciudad lo incorporará en su próximo sondeo.

 

 

 

LOS OTROS. Como si a esta nómina de pesos pesados le faltase algo, hay una tribu dentro de Juntos por el Cambio que quiere meterse en las boletas del año que viene. Es la que conduce el expresidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó y también llega con dos tanques, al menos si se los valúa por el lugar que ocuparon durante el gobierno de Cambiemos: Frigerio, exministro del Interior de Macri, y Nicolás Massot, presidente del bloque de diputados del PRO durante toda la presidencia macrista.

 

Monzó está armando para sentarse a todas las mesas posibles el año que viene para negociar vacantes para su tropa. En este espacio, avisan que Frigerio todavía fantasea con competir en Entre Ríos, territorio que caminó como ministro a la expectativa incluso de apuntar a la gobernación, pero apostar a la Ciudad sigue siendo una chance seria. Massot de ninguna manera volverá a buscar un lugar en el Congreso en representación de Córdoba y se anota para pelear una banca también en representación del pueblo porteño, aunque al director del Banco Ciudad designado por Rodríguez Larreta también lo tienta la chance de entrar por la provincia de Buenos Aires: hace tiempo que está radicado en Tigre.

 

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