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Sesenta años de TV privada: vivita y ¿coleando?

En medio de la expansión del Covid-19, la televisión abierta privada madura en Argentina con problemas, pero sobrevive en un contexto complejo.

En medio de la expansión del Covid-19, la televisión abierta privada madura en Argentina con problemas, pero sobrevive en un contexto complejo.

Por 03/08/2020 17:44

En el 2020 de la pandemia, la radio llega a su centenario, pero no es el único aniversario significativo: la TV privada cumple 60 años y llegan a los 30 Telefé (hoy de Viacom) y Canal 13 (desde 1989, en manos del Grupo Clarín), dos marcas vigentes en ese mercado en crisis. 

El 9 de julio de 1960 comenzó las transmisiones Canal 9, el primer emisor privado de la maquina cultural del siglo XX. Meses después se sumaba Canal 13 a una oferta que se completaría en julio de 1961 con Canal 11

El sistema se había diseñado en 1957 a partir de la sanción del Decreto 15460 y la entrega de licencias para operar los canales. La falta de infraestructura y capacidad para desarrollar el negocio sin capital suficiente explican la demora. Estableció un sistema comercial basado en la publicidad y concentrado en las grandes ciudades para desarrollar potenciales mercados masivos de consumidores. 

 

 

A partir de ello, entre otros factores, sólo existen canales abiertos con capacidad productiva en grandes ciudades del país. Los de localidades de provincias se dedicaron históricamente a retransmitir contenidos mediante la asociación con las cabeceras porteñas y sus productoras. Nacía una cadena de valor que perdura. Y el germen para la expansión del mercado de TV de pago

Los altos costos fijos y los bajos costos variables, la necesidad de desarrollar escala y la configuración demográfica condicionaron el modelo productivo. Una empresa “tercera” genera el contenido para un canal, con el que está directa o indirectamente relacionado en términos de producción. Esto es intenso en los géneros más costosos (ficción) pero se extiende al resto, a excepción de los noticieros, que suelen ser “la voz” de los canales. Estos pueden “comprar” los contenidos a quien los genera; tener acciones de esas firmas o bien ofrecer “pantalla” y audiencia para que el contenido se valorice por diferentes vías: venta al exterior y/o publicidad no tradicional (“chivos” dentro de la “narración”). 

Así ha funcionado la cadena productiva en Argentina para un sector de las industrias culturales dominado por el objetivo comercial, concentrado en su propiedad y en la geografía de producción, con alta incidencia de capitales extranjeros. Así se consolidó un sistema con escasez de oferta y cobertura, dependencia tecnológica y de capitales extranjeros, menos de 50 canales en todo el país, pocas ciudades (Córdoba. Mendoza, Rosario, Bahía Blanca) con dos o más que retransmiten contenidos porteños y dependencia del sistema pago (cable y satélite) para llegar a la audiencia.  

 

 

LA MARCA EN EL ORILLO. El comienzo de la TV privada en Argentina incluyó dos trampas. La ley establecía tres prohibiciones: al ingreso de capitales extranjeros, a transmitir en red y a la participación del peronismo. Sólo se cumplió la última. 

Como los licenciatarios originales no contaban con capital ni experiencia suficiente se “asociaron” con cadenas de EEUU que buscaban ampliar su mercado. Así, la ABC capitalizó a “Telecenter”, productora de Canal 9; la NBC financió “Telerama”, productora que alimentaba a Canal 11, y la CBS hizo lo propio con “Proartel” para Canal 13.

El paso a manos “nacionales” no cambió la lógica productiva. Entre 1965 y 1971, tres empresarios compraron las productoras para explotar los canales: Alejandro Romay en el 9, Héctor Ricardo García en el 11 y Goar Mestre en el 13. La de los “zares” fue una época breve. La estatización en 1975 la desarticuló sin alterar la cadena. Y más allá de que Romay “recuperó” su canal en 1984, la privatización demoró hasta 1989. 

La historia reconoce un primer momento de capitales extranjeros. Fue breve y cumplió el objetivo de “domesticar” una audiencia emergente a un tipo de contenido que podría luego exportarse. Hay una segunda etapa, la de “los zares”, que no cambió ni duró mucho. La tercera responde al período de propiedad “estatal” pero no de “TV pública”. El cuarto momento es el de oro de la TV comercial: canales en manos de grupos oligopólicos y competencia fuerte. Luego vino la post devaluación, con las productoras como punta de lanza y la crisis actual. 60 años, todo es historia. 

 

 

PRODUCTORAS: APOGEOS Y CRISIS. La experiencia que durante la década de 1990 desarrollaron Cuatro Cabezas (desde 1993), Polka (desde 1994) e Ideas del Sur (desde 1996), ligadas a tres hombres estrellas de la tele de ese momento (Mario Pergolini, Adrián Suar y Marcelo Tinelli) tenía antecedentes en el origen del sistema. La etapa de las “independientes” -adjetivo usado en demasía para los medios, no siempre con exactitud- se expandió luego del estallido de 2001. Los canales intensificaron la “tercerización” de gran parte de su programación para enfrentar la crisis de la devaluación. Con la recuperación económica volverían a avanzar en su capitalización.

Con el mercado maduro aparecieron una serie de jugadores novedosos, como Underground, la productora que Sebastián Ortega y Pablo Cullel fundaron en 2006. Tras casi 15 años de generar éxitos para distintas pantallas ("Lalola” 2007, Los Exitosos Pells" 2008, "Graduados" 2012, "Historia de un Clan" 2015, “El Marginal" y "Educando a Nina" 2016, "Un Gallo para Esculapio" 2017, "100 Días para Enamorarse", 2018), el año pasado se vendió a la cadena NBC Telemundo y hoy enfrenta en mejores condiciones el impacto de la pandemia.

No es el caso de las estrellas de fin de siglo pasado. Tinelli vendió en 2017 el resto de sus acciones de Ideas del Sur al Grupo Indalo. El mismo año, Eyerworks Argentina (Grupo Warner) dictaba su quiebra y, con ello, el fin de Cuatro Cabezas, que llegó a contar con 300 empleados pero cerró con menos de 70. En 2020 Polka llegó a no pagar los salarios y, “tras cinco de años de crisis”, Suar piensa en un cierre inminente. 

La TV abierta está en su encrucijada: fragmentación de públicos, caída en los niveles de consumo, diversidad de tiempos de visionado. Pero todavía cumple un rol muy relevante y busca su futuro.