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La FE del ministro de Economía de la Iglesia en su programa de reforma

Habla el obispo Guillermo Caride, creador de "Financiamiento Eclesial", la plataforma digital de donaciones diseñada para reemplazar los aportes del Estado.

 

Desde entonces, la gestión de este proceso quedó bajo responsabilidad del obispo Guillermo Caride, virtual “ministro de Economía” del episcopado, quien diseñó -junto a un equipo externo de marketing digital- una propuesta multiplataforma para el desarrollo de un sistema de donaciones y fondos, en pos de un modelo de sostenimiento eclesial sustentable, autónomo y transparente.

 

BIO. Porteño. 58 años. Fue cura, ecónomo y vicario general en la diócesis de San Isidro. El episcopado le confió la reforma económica aún antes de ser designado obispo auxiliar. Gradualidad y sustentabilidad, sus palabras fuerza. Buen diálogo con la Secretaría de Culto, la AFIP, el Ministerio de Trabajo y otros organismos estatales.

 

El Programa FE (Financiamiento Eclesial), tal su nombre, es una plataforma de comunicación y desarrollo de donaciones mediante la que los obispos pretenden recibir aportes no solo de los católicos, sino, también, de quienes valoran la obra evangelizadora y social de la Iglesia. Y con una consecuencia lógica: renunciar definitivamente a la asignación que, por mandato constitucional, recibe del Estado nacional.

 

El aporte al culto católico, que ronda los 155 millones de pesos y no fue actualizado por inflación en relación con el período anterior, debió fijarse en el Presupuesto Nacional 2020, cuya discusión se postergó in aeternum. La cifra, que según la CEA representa el 7% de su presupuesto, se destina a las asignaciones para obispos, obispos auxiliares y obispos eméritos, a mantener parroquias de zona de frontera, a solventar gastos de los jóvenes que se forman en los seminarios y a pagar jubilaciones de los sacerdotes retirados.

 

Caride, presidente de la Comisión Episcopal para el Sostenimiento de la Acción Evangelizadora de la Iglesia, habló con Letra P sobre lo que significó haber lanzado el programa de reforma económica en medio de “una crisis tan dura y tan difícil” por la pandemia y sobre los resultados alcanzados a más de 40 días de activada la plataforma de comunicación, donaciones y fondos.

 

 

 

“Cuando comenzamos a imaginar el Programa FE, ninguno de nosotros tenía en su cabeza que lo íbamos a estar haciendo en el contexto de una pandemia. Esto nos dio un marco, nos condicionó en la forma, en la capacidad de trabajo”, reconoció.

 

El prelado hizo hincapié en cuestiones técnicas del programa, pero evitó responder preguntas de rigor como cuántos obispos han renunciado al aporte, qué suma del total anual siguen recibiendo y cómo espera que sea la relación de la Iglesia con el Estado tras completarse este proceso.

 

En este sentido, otras fuentes eclesiásticas consultadas por Letra P precisaron que la renuncia al aporte estatal “es un acto particular de cada obispo”, por lo que “hay algunos que han renunciado y el resto, como se ha pautado, lo irá haciendo de manera progresiva”. También aseguraron que “la relación con el Estado será como hasta ahora y con todos los gobiernos. Es decir, como invita el Concilio Vaticano ll, de autonomía y cooperación”.

 

 

 

-¿Por qué ya hablan de “avances” en el Programa FE?

 

-Porque tomamos la imagen de ir tejiendo una red entre los protagonistas de la misión (evangelizadora de la Iglesia) y quienes comparten los valores de esa misión. Es importante también que esa red se va transformando en donaciones que llegan a las parroquias, a las diócesis y a la Iglesia. Poco a poco, esto que nosotros imaginábamos como un camino, en el cual los fieles y los que valoran la misión de la Iglesia sean los que la sostengan. Poco a poco vamos avanzando en una buena dirección.

 

"La pandemia nos condicionó en la forma, en la capacidad de trabajo (en el programa Financiamiento Eclesial). Pero también llevó a mostrar lo que la Iglesia estaba haciendo en este tiempo de crisis."

-¿La crisis sociosanitaria condicionó los objetivos?

 

-Cuando comenzamos a imaginar el Programa FE ninguno de nosotros tenía en su cabeza que lo íbamos a estar haciendo en el contexto de una pandemia. Esto nos dio un marco, nos condicionó en la forma, en la capacidad de trabajo. Pero también llevó a mostrar lo que la Iglesia estaba haciendo en este tiempo de crisis. Es muy interesante ver cómo en un momento en que un virus nos afecta tanto y estamos atravesando una crisis económica tan dura y tan difícil, la esperanza surge de las comunidades. Ese compartir, ese llevar una palabra de aliento, ese celebrar de maneras distintas para que otros pueden vivirlo. También hemos podido compartir todo eso en el Programa FE.

 

-¿Los colegios siguen siendo agentes recaudadores de donaciones para el sostenimiento del culto a través de la cuota?

 

-El año pasado, varias diócesis se han ido sumando a la posibilidad de que los padres, las familias de los colegios, hagan su aporte libre y voluntario a través de sus propias instituciones educativas. Eso sigue adelante, ciertamente afectado por la crisis económica y la situación de la pandemia, que afecta a este tipo de aportes y a las cuotas de los colegios.

 

-La cuarentena prolongada puso a las escuelas privadas, entre ellas la de gestión eclesial, en una delicada situación económica. ¿El Programa FE contempla también esta variable?

 

-La crisis económica y cómo afecta a las instituciones educativas pasa por otras instancias, como el Consejo Superior de Educación Católica (Consudec) o el Consejo de Educación Católica de la Provincia de Buenos Aires, que están abordando esta difícil situación económica y cómo acompañar a las diócesis.

 

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