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Un acuerdo para nada despreciable

Un acuerdo para nada despreciable

10/08/2020 17:42

El principio de acuerdo sobre la restructuración de la deuda bajo ley extranjera que anunció el Gobierno es un buen paso para la resolución de la pesada herencia que dejó la segunda variante de la valorización financiera desplegada por la administración Cambiemos: básicamente, una economía en bancarrota con una carga insostenible de endeudamiento externo que, en los hechos, había llevado a un nuevo episodio de cesación de pagos.

Si bien los resultados de la negociación actual distan de la quita alcanzada en el gobierno de Néstor Kirchner, cuando donde se consumó una de las reestructuraciones más exitosas de la historia moderna, en un breve lapso se arribó a un acuerdo que no es para nada despreciable y de suma importancia en el crítico contexto actual.

El anuncio es sobre una parte del stock de la deuda pública nacional vigente al 31 de diciembre de 2019. La deuda con privados bajo legislación extranjera equivale al 34% del total si se excluye la deuda intra sector público, siendo que cerca del 27% es deuda con legislación nacional y el 39% restante, con organismos internacionales de crédito, principalmente el FMI.

 

 

Se trata de una de las batallas más importantes si se tiene en cuenta que del otro lado del mostrador estaban los peces gordos de la timba internacional: los grandes fondos de inversión que, a diferencia de etapas pasadas, ya no operan políticamente bajo el tutelaje de los organismos internacionales de crédito. De todos modos, esto no quiere decir que el problema esté resuelto si se ratifica el canje (y se extiende a la deuda bajo legislación local), ya que nada hace prever que la negociación con el FMI sea simple y no esté exenta de condicionalidades significativas. Amén.

Ello no obtura la importancia del acuerdo alcanzado sobre la deuda con privados bajo ley extranjera. Al respecto, cabe aclarar que la evaluación del mismo tiene sus bemoles, ya que los acreedores pueden optar por diversas combinaciones de bonos. No obstante, es posible realizar una estimación preliminar si se parte de la hipótesis –bastante factible, por cierto- de que haya una preferencia por los bonos de corto plazo.

Así, el acuerdo alcanzado implicaría que, de los vencimientos totales (de capital e intereses), que alcanzaban a 127.296 millones de dólares, la Argentina pagaría 89.454 millones. Es decir, una quita nominal de 30% que se concentra en una fuerte reducción de los intereses

Así, el acuerdo alcanzado implicaría que, de los vencimientos totales (de capital e intereses), que alcanzaban a 127.296 millones de dólares, la Argentina pagaría 89.454 millones. Es decir, una quita nominal de 30% que se concentra en una fuerte reducción de los intereses de aproximadamente el 60%, en tanto que la quita en el capital es marginal (1,9%).  

La quita se concentra fundamentalmente en los años veinte, lo que despeja la carga de esta parte de la deuda no solo en la delicada coyuntura actual, sino en el mediano plazo. Entre 2020 y 2028, los vencimientos totales serían, bajo la hipótesis de la preferencia por los bonos cortos, de 27.917 millones de dólares, cuando los vigentes al 31 de diciembre de 2019 eran de 65.669 millones, esto es, una quita de 37.752 millones de dólares.

A partir de 2029, la cosa se complica, ya que la propuesta concentra los vencimientos entre ese año y 2035. En ese período, se pagarían aproximadamente 29.000 millones de dólares más de lo que estaba vigente previo a la restructuración y los vencimientos anuales son de una magnitud considerable (en promedio, 7.600 millones de dólares anuales). Esto no es solo porque se extienden los vencimientos de corto plazo, sino porque se acortan los de largo.

En efecto, la sostenibilidad del nuevo perfil de endeudamiento no solo dependerá de los resultados de la negociación con el FMI, sino, también, de la consolidación de un régimen de acumulación sostenido en la economía real que, al ampliar las capacidades productivas, ensanche las posibilidades de asumir los compromisos externos. Se trata de sepultar para siempre las traumáticas experiencias de valorización financiera de la economía argentina.