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Maduro arma legislativas y diluye más a la oposición. ¿La crisis? Bien, gracias

Una Venezuela para los propios. El dilema antichavista. ¿Eclipse de Guaidó? Los estragos de la inflación, la recesión y la guerra política. ¿Un rol argentino?

Por 08/07/2020 14:43

Venezuela comenzó a definir el panorama electoral de las elecciones legislativas del próximo 6 de diciembre con la crisis económica, social y política como telón de fondo y con la pandemia del COVID-19 como nuevo elemento de un escenario de por sí complejo. ¿Abre las urnas como un camino para resolver los problemas o esa esperanza se diluye en medio de la profundización de diferencias capaces de llevar al país a un nuevo punto muerto?

La renovación de la Asamblea Nacional (AN), cámara legislativa única, es de suma importancia porque es el único órgano del Estado que controla la oposición a Nicolás Maduro. Otro 6 de diciembre, en 2015, el antichavismo ganó con el 56% de los votos y se quedó con 112 de las 167 bancas del cuerpo. Aquella noche, la crisis comenzó una profundización que llega hasta hoy. Cinco años después, se la renueva y se la agranda: se elegirán 227 asambleístas.

 

 

En estos años, la Asamblea fue declarada en “desacato” por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) por supuesto fraude electoral. Además se votó, sin la participación de la oposición, una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que tomó sus funciones y en una elección presidencial, denunciada por la oposición como fraudulenta, que ganó Maduro. Por otro lado, hubo levantamientos militares e intentos de golpe de Estado. Nada resolvió la crisis, que se agravó y provocó la salida de 4,7 millones de personas del país, el éxodo más grande de la historia regional, según la ONU. 

La elección toma mayor relevancia porque el autoproclamado presidente interino, Juan Guaidó, encontró en su momento la justificación legal para ser reconocido internacionalmente como tal justamente por ser el presidente de la Asamblea. Su mandato como diputado vence en enero, por lo que debería revalidarlo en diciembre, pero ya anunció que no lo hará porque, denuncia, la elección estará controlada por un Consejo Nacional Electoral afín a Maduro y, por lo tanto, fraudulenta.

 

Juan Guaidó intentó soliviantar la calle contra el chavismo, pero los resultados han sido pobres. 

 

Como si fuera poco, a comienzos de este año, la oposición se dividió y formó dos conducciones de la Asamblea Nacional: una opositora y otra más dialoguista. Es así como Venezuela está envuelta en una telaraña institucional y se acerca a un nuevo punto muerto. 

Ninguna de las fuerzas políticas llegaría a los comicios en buenas condiciones. El oficialismo, porque gobierna un país en crisis desde hace años y porque solo encuentra legitimidad en sus históricos pocos aliados, principalmente China y Rusia. La oposición más dialoguista, porque es acusada, y sancionada internacionalmente, por ser afín al gobierno. Por su parte, el resto de la oposición, que llega dividida y desprestigiada por no haber sacado a Maduro del poder, enfrentaría un dilema también ya conocido: participar de unas elecciones a las que denuncia como amañadas o no participar y permitir que el oficialismo gane la mayoría y le arrebate el único órgano que controla. Como punto extra una duda amenaza su futuro: ¿qué pasará en enero con el liderazgo antichavista de Guaidó si no es reelegido como diputado? 

 

 

En diálogo con Letra P desde Caracas, uno de los más importantes analistas políticos venezolanos, el presidente de la consultora Datanálisis Luis Vicente León, afirmó que la oposición que responde a Guaidó está “ante el peor escenario” porque “está fracturada”, lo que la coloca “en un barranco sin salida” frente a las elecciones”. Según él, “no hay una decisión buena o mala porque todas las opciones parecen malas”.

“Si decide participar, la probabilidad de que sus votantes asistan es muy baja porque no tienen confianza en la institucionalidad ni en las elecciones. Y si llama a abstenerse, no se van a abstener todos porque una parte votaría y presentaría candidatos”, analizó. 

De acuerdo con León, “la mejor opción para la oposición sería presentarse” porque “tiene que seguir jugando en todos los terrenos”, pero aclaró: “No tiene que hacerlo vendiendo una victoria, tiene que presentarse como un evento castigo, como una simbología de lucha”.

La pregunta sobre qué hacer divide a la oposición porque no tiene un camino definido. El año pasado, la virtud de Guaidó fue reunir a los distintos partidos alrededor de su figura, rasgo del que siempre careció el antichavismo y que el chavismo siempre tuvo. El problema es que ahora, tras no haber cumplido con su promesa de sacar a Maduro del Palacio de Miraflores, esa unión se rompió y distintas figuras proponen caminos diferentes. El chavismo festeja porque, como se dice, a mar revuelto, ganancia de pescadores. 

Con un escenario nacional conflictivo y sin aparente resolución, el rol de la comunidad internacional se vuelve vital para intentar acercar posiciones y lograr que las elecciones sean un primer paso para encauzar la crisis hacia una solución pacífica. En este sentido, León manifestó que “la presión para la negociación sigue siendo la única vía racional”.

 

Miembros de la Milicia Nacional Bolivariana, en pleno entrenamiento.

 

“Es un error de la región tratar de aislar a Maduro porque la vía no es aislar; es todo lo contrario, ofrecer mecanismos de intermediación que sean útiles para buscar acuerdos”, agregó. 

En este punto, el gobierno de Alberto Fernández emerge como un factor gravitante porque es el único de la región, junto a México, que no reconoce a Guaidó como presidente y que aboga por una solución negociada al apoyarse en el principio de autodeterminación de los pueblos. Según supo Letra P, el presidente aún no definió su política de cara a los comicios, principalmente si los reconocerá o no, en busca de un equilibrio que lo preserve como un eventual mediador entre las partes.

Las diferencias entre el chavismo y las oposiciones acercan a Venezuela a un nuevo clímax del ya viejo escenario de punto muerto, en el cual la elección se vuelve una disputa de legitimidades que, en el fondo, no resuelve nada. Una profundización de la crisis no le sirve a ninguna de las partes, pero el statu quo es insostenible en el tiempo debido a la crisis que padece la población, hecha de hiperinflación, escasez y empobrecimiento. Por lo tanto, las fuerzas políticas, la región y el mundo no deben perder la oportunidad de buscar soluciones negociadas. Diciembre traerá otra ocasión para intentarlo.