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El tipo de cambio paralelo cotiza por ahora sostenido. La incidencia de la incertidumbre por la deuda y la intervención contra “coleros digitales”. ¿Hay futuro?

Por 27/07/2020 12:36

Con un cepo duro y crecientes controles a la operatoria de los tipos de cambio paralelos pero legales, el dólar blue (ilegal) vuelve a cobrar protagonismo. Tras haber tocado la semana pasada un valor nominal récord de $140, sus movimientos son seguidos otra vez de cerca por el mercado. Este lunes, la apertura de la rueda lo volvió a encontrar sostenido, con un alza de 10 centavos, hasta $138,70. ¿Cuáles son las causas y los efectos de ese estirón? ¿Se sostendrá en el tiempo?

Como se sabe, el mercado oficial está limitado a la compra de 200 dólares por persona y por mes, lo cual, a su vez, está vedado para los receptores de ciertas ayudas brindadas por el Estado en la pandemia. Adicionalmente, para evitar una disparada de la brecha entre aquel y los tipos de cambio arbitrados en el mercado financiero, como el contado con liquidación (CCL) y el llamado dólar bolsa o MEP (Mercado Electrónico de Pagos), el Banco Central estableció una serie de controles que limitaron también esas operatorias. De esa forma, de acuerdo con protagonistas del mercado, el blue vuelve a convertirse en el tipo de cambio paralelo de referencia.

En marzo, antes de la llegada de la pandemia del nuevo coronavirus a la Argentina, el dólar ilegal cotizaba a $85, lo que indica que desde entonces, de la mano de los controles crecientes, trepó un 63%. En tanto, su brecha con el oficial ya supera el 83%.

 

Fuente: Rava Burstátil

 

En diálogo con Letra P, el analista financiero Christian Buteler explicó que “las cuevas venían usando a ‘coleros digitales’, a los que les pagaban algo para que, con sus CUIT, abrieran cuentas en algunos bancos on line, a donde se transferían dinero y donde compraban y luego retiraban dólares. Cuando el Banco Central detectó esos movimientos, empezó a ponerle trabas a esa operatoria”.

“El blue había encontrado cierta estabilidad hasta que la semana pasada se puso en marcha esa intervención”, recordó.

 

 

Eso redujo en alrededor de un 60% la oferta en el mercado del blue, lo que se tradujo en un incremento del precio. “Ahora habrá que ver si ese nuevo precio, más alto, se convalida con una demanda que compre a ese nivel. La cotización no va a volver a los $127 en que había arrancado la semana pasada, pero es posible que baje algunos pesos”, arriesgó el analista.

En tanto, en el Gobierno también se reconoce el efecto de la ofensiva contra los “coleros digitales” como una de las causas del estirón reciente. La otra es la cercanía del desenlace de la negociación con los acreedores externos, previsto, si no hay una nueva prórroga, para el 4 de agosto.

El problema está dado, claro, por el carácter ilegal de ese mercado, lo que se agrava por los canales que encuentra para extraer, casi por goteo, dólares de reservas del Banco Central que son demasiado acotadas, al punto que la autoridad monetaria ha tenido que imponer recientemente restricciones, luego aliviadas, al acceso de los importadores a las mismas. 

 


Banco Central de la República Argentina.

 

En ese sentido, una brecha grande entre el blue y el oficial estimula una vieja práctica, conocida como “puré”, según la cual algunos compradores de los 200 dólares oficiales los revenden de inmediato en el mercado negro, convirtiendo en minutos los $19.700 invertidos en esa operación en $27.740, si se toman las cotizaciones de este lunes.

El problema, como se observa, es que los controles sirven en lo inmediato, pero su acumulación genera procesos cada vez más perniciosos. El cepo al tipo de cambio oficial contiene la presión sobre las reservas, pero desplaza la pulsión argentina por el billete verde a los mercados paralelos. Si las regulaciones se ceban luego con los tipos de cambio legales (CCL y MEP), aquella termina por confluir en el blue, a donde no llega la posibilidad de intervención oficial. Este, finalmente, se transforma en la nueva referencia “libre” y su brecha con el oficial termina dando la medida de las expectativas de devaluación.

Más allá de la urgencia que impone la pandemia para socorrer a trabajadores y empresas, ordenar el frente de la deuda es una condición necesaria para lo que viene. Luego, idealmente, llegaría el turno de reactivar, ordenar la macroeconomía e iniciar un sendero decreciente de la inflación, que reduzca las presiones sobre el dólar y evite la recreación de los círculos viciosos en los que se consume tradicionalmente la historia económica argentina.

¿Se podrá esa vez?