11|4|2021

Regulación ultra: por qué el Central mantiene una apuesta que no calma al dólar

07 de mayo de 2020

07 de mayo de 2020

Los paralelos siguen firmes y la brecha, muy alta. El mercado critica; Pesce mantiene la pulseada. Se juega dinero grande en comisiones y el futuro de la inflación y los salarios.

La brecha entre los tipos de cambio paralelos, especialmente el llamado “contado con liquidación” (CCL), y el dólar mayorista controlado en el marco del cepo preocupa al Banco Central. A pesar de que aquella persiste en torno al 75% y la entidad que conduce Miguel Ángel Pesce no ha logrado reducirla, la entidad insiste con una estrategia de creciente limitación de esa operatoria, algo cuestionado por el mercado financiero, que reclama, antes que controles, una mejora de las expectativas y una autolimitación de la autoridad monetaria en su política de fuerte emisión. ¿Qué se debe esperar de esa pelea, que está en pleno desarrollo y de la que depende el futuro de una variable clave que impacta sobre el nivel de actividad, la inflación y el poder de compra de los salarios?

 

El jueves 23 de abril, cuando la Comisión Nacional de Valores (CNV) limitó las tenencias de depósitos en moneda extranjera de los Fondos Comunes de Inversión (FCI) a través de la Resolución General 835, el CCL cotizaba a $111,57. La medida, que implicaba que los FCI se desprendieran de unos 200 millones de dólares, no movió la aguja más que de modo efímero.

 

La ofensiva siguió el 28 de abril, cuando la CNV emitió la Resolución General N° 836, que directamente obligó a esos fondos a colocar un mínimo del 75% de su patrimonio en “valores negociables emitidos en la República Argentina exclusivamente en moneda nacional”.

 

Luego, el último lunes 4, el propio Banco Central prohibió las operaciones de CCL a las empresas que accedan a ayudas estatales en la pandemia y a las personas físicas o jurídicas que hayan comprado los 200 dólares permitidos en el marco del cepo en los 30 días previos.

 

Este jueves, el “contado con liqui” operaba pasado el mediodía con un retroceso marginal a $118,14, pero, de hecho, casi un 6% por encima de su cotización cuando comenzó la ofensiva oficial.

 

 

Fuente: Rava Bursátil.

 

 

Cabe recordar que el CCL surge de una operación legal que se realiza a través de la compra en pesos de un activo financiero que, luego, se revende en dólares en el exterior, donde queda depositado el dinero. La operatoria, que se realiza entre privados, no compromete las reservas del Banco Central, pero opera con fuerza sobre las expectativas de devaluación del dólar oficial cuando la brecha se hace tan amplia como en la actualidad.

 

En tanto, el llamado “dólar bolsa” o “MEP” (Mercado Electrónico de Pagos) se obtiene a través de una operación equivalente, solo que toda la operación se realiza en el país y los dólares quedan depositados en él.

 

Traders del mercado cambiario y no pocos analistas afirman que las restricciones para operar son ya tantas, que el tipo de cambio de referencia dejará de ser el CCL y pasará directamente a ser el blue (ilegal), que, además, pasará a estar cada vez bajo mayor presión.

 


 

 

Federico Furiase, director de la consultora Eco Go y profesor en la Maestría de Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), expresó en diálogo con Letra P el escepticismo de muchos analistas sobre el resultado de las políticas oficiales de control.

 

“Lo mejor que podría hacer el Gobierno para evitar una mayor presión sobre el dólar, que se produce por la emisión monetaria, sería arreglar el problema de la deuda, Además, establecer un programa de esterilización de los pesos (lanzados al mercado) para el día después (de la pandemia) y explicar cómo se va a corregir el déficit fiscal”.

 

En el Banco Central, en tanto, planean seguir en su estrategia de controles y, de hecho, afirman que estudian nuevas medidas.

 

Al revés de lo informado por algunos medios, Pesce no cree que las críticas a su gestión provengan del propio Gobierno sino de sectores del mercado financiero a los que atribuye la intención de dar por tierra con esas medidas de restricción en el mercado del dólar paralelo.

 

En la entidad resaltan que el negocio del CCL y el dólar MEP moviliza nada menos que 190 millones de pesos por día en comisiones, volumen que queda en manos de apenas tres grandes jugadores. Esa es, afirman, la usina de las críticas.

 

Una brecha cambiaria elevada actúa sobre las expectativas de devaluación del dólar oficial y alienta la búsqueda de mecanismos para extraer dólares de las reservas del Banco Central, muchas veces fraudulentos.

Para justificar la insistencia en el camino de controles que hasta ahora no parecen dar en el blanco, en el BCRA invitan a mirar la película y no la foto.

 

Añaden que se trata de una pelea compleja, en la que por un lado hay un banco central y, por el otro, toda la inteligencia del sector privado para encontrar grietas y hacer negocios. Sin embargo, creen que la persistencia en el actual camino hará que, tarde o temprano, particulares y, sobre todo, empresas deban salir a vender dólares ante la necesidad de hacerse de pesos, lo que reduciría las cotizaciones paralelas.

 

Una brecha tan elevada como la actual es un problema, sobre todo debido al modo en que esta actúa sobre las expectativas de devaluación del oficial y porque alienta la búsqueda de mecanismos para extraer dólares de las reservas del Central para su posterior venta en el mercado paralelo, que ofrece cotizaciones más elevadas y ganancias inmediatas. ¿A través de qué caminos? Primero, aunque de modo hormiga, en base a la compra de 200 dólares mensuales autorizada en el marco del cepo. Pero, más que eso, se teme el crecimiento de maniobras como la sobrefacturación de importaciones (que eleva de modo fraudulento el acceso al dólar al tipo de cambio oficial) y la subfacturación de importaciones, que permite sustraer divisas del mercado formal.

 

La autoridad monetaria también entiende que no es la primera vez que el país debe convivir con una brecha cambiaria amplia y toma como ejemplo lo ocurrido al final del mandato de Cristina Kirchner en 2015, cuando esta alcanzaba niveles similares a los actuales. Claro, luego llegó Mauricio Macri, el “sinceramiento” y la unificación cambiaria, que supuso un salto impactante del 40% de la divisa. Pero, en la cabeza del titular del BCRA, se debió más a una decisión política del aquel gobierno que a una decisión forzada por la realidad.

 

Diferente fue lo que ocurrió a principios de 2014, cuando el entonces ministro Axel Kicillof debió convalidar una devaluación del tipo de cambio protegido por el cepo dado el nivel que había alcanzado la brecha con los paralelos. Ese antecedente es el que enciende las luces de alerta.