X

Amorim: “El problema en Brasil es que no se sabe bien quién gobierna”

El excanciller de Lula se mostró preocupado por la crisis sanitaria y también por la política. Bolsonaro, un gabinete en rebeldía y el poder militar. Elecciones y el factor Lula. ¿Un mundo nuevo?

Por 08/04/2020 11:25

El mundo atraviesa una emergencia sanitaria global por la pandemia del nuevo coronavirus y, en este contexto, Brasil es el país más afectado de América del Sur y un foco de riesgo y preocupación para la región por la falta de políticas del gobierno de Jair Bolsonaro. Esta situación ha provocado, además, una grave crisis política que amenaza la estabilidad del presidente vecino. En diálogo con Letra P, el excanciller Celso Amorim, funcionario del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, evaluó que la respuesta mundial a la pandemia es “muy improvisada” y tiene “muchos puntos que dejan cosas que desear”. Asimismo, criticó la gestión del mandatario brasileño y aseguró: “El problema no es si el gobierno es bueno o malo, sino que no se sabe bien quién gobierna”. Además, se mostró agradecido con Alberto Fernández por su apoyo a la liberación del líder del PT y habló sobre las elecciones municipales de fin de año.


BIO. Se llama Celso Luiz Nunes Amorim. Diplomático paulista, tiene 77 años. Fue funcionario de los gobiernos liderados por Lula da Silva (canciller entre 2003 y 2010. En 2009, la prestigiosa revista Foreign Policy lo premió como “el mejor ministro de Asuntos Exteriores del mundo”. Además, entre 2011 y 2014 fue ministro de Defensa de la adminitración encabzezada por Dilma Rousseff.


-¿Cómo analiza la respuesta del mundo a la pandemia?

-Muy improvisada, con muchos puntos que dejan cosas que desear. No hay un esfuerzo para organizar la cooperación internacional. Eso es muy difícil en una situación de este tipo, porque todos quieren primero su parte, no solo el America First ("Estados Unidos primero"). También ha habido un fracaso en no reforzar el rol de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Yo participé de una comisión creada por el (entonces) secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, sobre el ébola en 2015. Hicimos dos recomendaciones importantes: una fue fortalecer los sistemas de salud nacionales y no se hizo prácticamente nada; la otra, reforzar a la OMS con gente, presupuesto y capacidad operacional y tampoco se hizo nada. Eso hace que la cooperación dependa de los países. China ha tenido un rol positivo. Hay una cooperación, pero depende de la voluntad individual, sobre todo de China.

 

 

¿La falta de cooperación de la que habla pone en evidencia la crisis del multilateralismo?

-El multilateralismo ya estaba en crisis. El que conocíamos después de la Segunda Guerra Mundial ha sido sobre todo una obra de los estadounidenses. Ellos mismos lo crearon y ellos mismos lo violaron, pero nunca lo habían abandonado, ni los gobiernos republicanos ni los demócratas. Con (Donald) Trump es la primera vez que Estados Unidos no tiene un proyecto para el mundo; el proyecto es solamente America First. Eso tiene un costo. Ahora estamos teniendo una dificultad muy grande para organizar la cooperación internacional. Va a haber muchas reacciones hacia adentro de los países, más nacionales, pero a mediano y largo plazo -esperemos no estar muertos- va a haber una conciencia en la que va a ser necesario desarrollar la cooperación internacional. Eso no va a pasar en los términos del pasado, en los términos que han sido planteados por las grandes potencias occidentales, sino por la otra gran potencia en ascenso: China. Brasil está muy mal situado, porque hemos tenido en los últimos tres años una antidiplomacia. Nosotros copiamos el America First sin tener el poder que tiene Estados Unidos.

No se sabe por qué Bolsonaro dice una cosas y sus ministros dicen la opuesta. No hay un liderazgo claro y racional como en otros países.

¿Cómo ve la respuesta de Bolsonaro a la crisis por el COVID-19?

-Brasil quizás sea el único país grande del mundo donde la crisis sanitaria se superpone a una crisis económica y a una enorme incertidumbre política, porque el problema no es si el gobierno es bueno o malo; el problema es que no se sabe bien quién gobierna. No se sabe por qué Bolsonaro dice una cosa y sus ministros dicen la opuesta. Esto es muy raro y se crea una confusión en la población que es muy lamentable. No hay un liderazgo claro y racional como en otros países. En Brasil el desprecio por la ciencia y por las opiniones de los órganos internacionales es un problema que hace más grave la situación.

-Algunos medios y políticos ya piden la destitución o la renuncia de Bolsonaro. ¿Ve posible una salida anticipada del presidente?

-Es tan impredecible todo, que es difícil saber qué va a pasar. En los últimos días se dijo que Bolsonaro iba a echar a su ministro de Salud (Luiz Mandetta) y no pasó; más bien parece que el ministro salió fortalecido con el apoyo de los militares. Les puede gustar o no a algunos, pero, cuando se le preguntó a la población, aunque no sé si las encuestas son muy creíbles, casi un 60% dijo estar en contra de su renuncia. Bolsonaro solamente renunciaría si fuera forzado a hacerlo por una combinación de fuerzas. Por ahora, los militares y una gran parte de la población no quieren que salga y prefieren controlar sus excesos. Todavía tiene un 30% de apoyo. Por lo tanto, tiene una legitimidad que los militares, por ejemplo, no tienen. Lo más probable es que continúe como una especie de comunicador para mantenerse en el poder y que algunas fuerzas, como los militares y otras figuras, hagan el gobierno de hecho. Es muy complicado. 

 

 

-Teniendo en cuenta la liberación de Lula da Silva, ¿cuál es la actualidad del Partido de los Trabajadores en este año que tendrá elecciones municipales?

-Todavía no sabemos cómo va a ser el calendario electoral, hay mucha incertidumbre. La liberación de Lula, no la libertad completa porque siguen abiertos los procesos contra él, es muy importante. Estamos muy agradecidos por la actitud de Alberto Fernández y de la población argentina por eso. La situación actual es muy difícil, incluso en términos de movilización popular. La parte positiva es la búsqueda de una mayor unidad entre los partidos de izquierda y el inicio de algún diálogo con otras fuerzas más de centro en la necesidad de un espacio más fuerte. Eso es positivo para el medio plazo, pero no sé cuál será el efecto. Ahora lo que importa es la salud y la lucha contra el virus.