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La desorganización tras la apertura del sistema bancario arrojó las peores imágenes en la cuarentena. El Gobierno accionó tarde y busca evitar otro escenario de colas de adultos mayores en el frío.

Por 03/04/2020 18:06

La imagen de un dirigente tiene un camino ineludible: a todo gran pico le llega su crisis. Alberto Fernández la vivió este viernes, cuando, luego de un par de semanas de acumulación y explosión de encuestas que lo mostraban encumbrado y gozando del traje de líder en la catástrofe, la imagen de la puerta de los bancos reventados de jubilados y jubiladas, haciendo colas de horas y amuchándose para cobrar su jubilación hicieron tambalear su ya complicada estadía en el poder en medio de una cuarentena obligatoria por la expansión del Covid 19.

Las cámaras de los canales y los programas de noticias recogiendo desde temprano las colas en los bancos y, ya a media mañana, las aglomeraciones en los barrios para cobrar –además de jubilaciones y pensiones- asignaciones sociales el día en que se reabrían los bancos le rompieron el invicto del que gozaba Fernández en la pandemia. El comité que agrupa a los que conducen la gestión de la crisis tuvo su viernes negro y el Presidente, como máximo jefe de ese grupo, también.

 

 

Ni el titular de la ANSES, Alejandro Vanoli, ni el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, se llevaron la bronca presidencial. En la intimidad de Olivos sostienen que la frustración era general, pero no personalizada. Lo cierto es que la desorganización que se vivió en los bancos, fruto de la falta de información en unos casos y la falta de bancarización en otros, acaparó las mismas pantallas que, hace apenas unos días, mostraban cómo los balcones celebraban la extensión del aislamiento obligatorio que anunció Fernández justo antes de cumplirse el primer proceso de cuarentena.

Lo que mostraron esas imágenes fue en la calle, en la mañana más fría del año, largas colas de adultos mayores o, en versión pandemia, extensas colas de grupos de riesgo. Tanto fue el impacto mediático que se generó que a las 10, en el mismísimo instante en que abrían los bancos tras largas jornadas de persianas bajas, los equipos de prensa del Gobierno ya anunciaban lo que se hubiera necesitado saber antes: que habrá bancos todo el fin de semana.

El desorden fue generalizado. En los bancos se acumularon los jubilados y las jubiladas que tenían sus haberes depositados desde hace días -hasta dos semanas en algunos casos-, pero no tienen la tarjeta de débito o se resisten a usarla, con los beneficiarios del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). De estos últimos solamente estaban convocados para hoy los que tengan DNI finalizados en 1, 2 y 3. En el Gobierno evalúan que hubo un bajísimo, por no decir nulo, cumplimiento de ese cronograma fijado por el Poder Ejecutivo.

 

 

La apertura de los bancos fue, además, un reclamo sostenido de otro sector clave: el empresario. Lo puso en palabras uno de los dirigentes de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Urtubey, pero lo mismo repetían todos los que fueron entrevistados por los distintos medios en los últimos días: sin bancos, no hay sistema posible.

Así, Fernández tuvo hoy su primer y ruidoso traspié en la crisis inédita que atraviesan el país y el mundo. Hasta estas horas, en el Gobierno buscaban medidas para aliviar la situación y que los canales de televisión no vuelvan a gozar de tantas facilidades para mostrar falencias graves en el manejo de la situación. Algunos especulaban con un mensaje presidencial para este viernes a la noche, algo que según el vocero consultado pasaba de una negación a un “tal vez”. Otra vez, de confirmarse esto, será el propio Presidente el que tengo que exponer su propio cuerpo para llevar algo de tranquilidad. El Gabinete parece no tener otros bomberos. Lo que sí tal vez haya, si las colas de jubilados en los bancos se repiten, sean fusibles.