12|4|2021

Una batalla sanitaria y electoral definirá la relación entre EE.UU. y Argentina

22 de abril de 2020

22 de abril de 2020

Trump y Biden se enfrentarán en las urnas en noviembre. ¿Qué puede cambiar, qué permanecerá igual? Pandemia y popularidad del presidente. ¿Hacia un cambio de agenda en Washington?

La crisis sanitaria y económica que vive Estados Unidos por la pandemia del COVID-19 tiene un trasfondo político importante: el martes 3 de noviembre serán las elecciones presidenciales, en las que Donald Trump buscará su reelección mientras que el Partido Demócrata intentará volver a la Casa Blanca. A pesar de que todavía faltan casi cinco meses para eso, el futuro, que tendrá implicancias fuertes para la Argentina, empieza a tomar forma en un momento peligroso y desconocido para ese país y para el mundo. 

 

Las primarias demócratas todavía no terminaron, pero el candidato ya está definido: será el exvicepresidente de Barack Obama, Joseph Biden, porque el resto de los competidores ya se retiró. La carrera demócrata cortó el sueño de quienes aspiraban a consagrar a Elizabeth Warren como la primera mujer como presidenta y el de los sectores más izquierdistas, al quedar sin posibilidades el senador Bernie Sanders.

 

 

 

Para Biden la tercera fue la vencida, tras haber fracasado en sus dos primeros intentos, en 1988 y 2008. En noviembre tendrá la posibilidad más seria de su vida.

 

En diálogo con Letra P, la docente de la Cátedra de Historia de Estados Unidos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA e investigadora posdoctoral del CONICET, Valeria Carbone, aseguró que Biden tiene una “vastísima trayectoria política” y recordó que fue senador durante 36 años seguidos entre 1973 y 2009. “Siempre estuvo en el Partido Demócrata, pero eso no lo convierte en un progresista”, explicó.“En la década del 70 se opuso a los planes de integración racial en las escuelas públicas de Boston”, recordó al respecto.

 

“Ha tenido varias decisiones que evidenciaron que es más un conservador que un progresista”, agregó. Asimismo, destacó que su candidatura está envuelta en denuncias de acoso sexual que han hecho mujeres que trabajaron con él y en sospechas de corrupción, especialmente relacionadas con su hijo Hunter, hecho que gatilló el intento de impeachment contra Trump.

 

 

La candidatura de Joseph Biden está envuelta en denuncias de acoso sexual y en sospechas de corrupción, especialmente relacionadas con su hijo Hunter.

 

 

Todos los países miran con atención las elecciones de Estados Unidos y América del Sur y la Argentina no serán esta vez la excepción. A pesar de que las prioridades de aquel país parecen estar centradas en otras regiones, como Asia y Medio Oriente, la relación con América Latina deberá ser atendida porque existen problemas pendientes. “Desde hace varias décadas que América Latina no es una prioridad para la política exterior de Estados Unidos y eso no va a cambiar”, alertó, sin embargo, Carbone. 

 

Los temas de la región que figuran más arriba en la agenda del gobierno estadounidense se vinculan con las consecuencias de las políticas de Trump. Entre ellos se destacan la inmigración, uno de los pilares de la política de la administración actual; el presente y el futuro de Venezuela, donde republicanos y demócratas coinciden en la necesidad de sacar del poder a Nicolás Maduro; y Cuba, un asunto siempre presente para Washington.

 

En relación al primer punto, Carbone manifestó que no se esperan cambios muy profundos porque “Trump ha seguido los lineamientos de la administración Obama, una de las gestiones que más deportados tuvo”.

 

En relación a Caracas, anticipó que se puede llegar a esperar que “la retórica pública baje unos tonos”, pero que eso no va a significar que “las acciones, como las presiones políticas o económicas, vayan a desaparecer”. 

 

 

 

En este sentido, Biden promete en sus propuestas “sanciones multilaterales más fuertes contra agentes chavistas”. Además, sobre las relaciones con La Habana, aseguró que “si gana Biden hay una oportunidad de volver a la reapertura con Cuba”, un hecho que Obama ha presentado como una de sus grandes legados.

 

Por su parte, Biden, que calificó a la administración actual “como la más corrupta de la historia moderna” y como “un momento aberrante en el tiempo”, escribió en un artículo publicado en el diario El Nuevo Herald de Miami: “La política de Trump en América Latina es, en el mejor de los casos, una vuelta atrás a la Guerra Fría y en el peor de los casos, un desastre ineficaz”. En una proyección al futuro, Carbone estimó que “tal vez hay cosas que van a desaparecer, pero no lo harán totalmente. Va a haber un lavado de cara en ciertas cosas”.
 

 

 

El gobierno de Alberto Fernández también presta atención a lo que ocurra en Estados Unidos en momentos en que negocia el futuro de la deuda con tenedores privados y con el Fondo Monetario Internacional (FMI), entidad en la que ese país ejerce una influencia descollante. Además, deberá tener cuidado y no cometer errores al apostar por un candidato, como le ocurrió a Mauricio Macri en 2016, cuando apoyó a Hillary Clinton contra Trump.

 

“Argentina va a tratar de posicionarse para mantener buenas relaciones”, aseguró Carbone, que anticipó que el trato bilateral “no va a cambiar sustancialmente”.

 

Las elecciones de noviembre van a estar íntimamente relacionadas con la crisis sanitaria y económica que se instaló en Estados Unidos, donde, por ejemplo, algunas primarias se debieron postergar. La decisión de Trump de evitar las medidas de aislamiento social hizo que el país tenga la mayor cantidad de infectados y muertos del mundo.
 

 

 

“Las decisiones a nivel federal son bastante polémicas y rayan la inacción”, manifestó Carbone, pero destacó que “los niveles de apoyo a Trump no parecen haberse afectado demasiado”. 

 

La batalla que Estados Unidos lleva a cabo contra el nuevo coronavirus no tiene fecha de finalización, pero cuando termine vivirá una nueva: la electoral. El efecto combinado de ambas definirá en buena medida quién gobernará a la primera potencia del mundo por los próximos cuatro años.