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A imagen y semejanza

El intendente de Hurlingham se hizo lugar en la mesa chica del Presidente. Dialoguismo, moderación y templanza, rasgos que los unen. Caminito hormiga y terminales políticas en la cima del poder.

En el último mes, el intendente Juan Zabaleta (Hurlingham) fue el representante distrital peronista que más veces se reunió con Alberto Fernández. Vocero de la tropa bonaerense y defensor mediático de las políticas ante COVID-19, el de raíz moronense se hizo lugar en la mesa chica de los grandes. Capacidad de diálogo con la oposición, representación de los propios, cintura política, moderación y templanza en tiempos de crisis son atributos que lo muestran en espejo con el Presidente, con quien construyó una relación estrecha en el tiempo y circunstancias políticas diversas.

En los pasillos de la Casa Rosada aseguran que Zabaleta visita al Presidente más veces de las que se lo comunica. El último encuentro que trascendió fue el del lunes. Fernández lo recibió en Olivos junto a Jorge Macri, tal como lo había hecho el 8 de abril. A diferencia de aquella reunión, ésta fue reservada, por eso no hubo fotos. Ambos se convirtieron en los portavoces del resto de los intendentes y en ocasiones se muestran juntos en programas de televisión para defender las políticas adoptadas por el Gobierno nacional para enfrentar la pandemia.

 

 

 

Zabaleta siempre está. Y ocupa un lugar privilegiado a la hora de evaluar o relatar en el llano la situación en medio del descalabro que desató el coronavirus. El 23 de marzo, cuando Fernández recibió a todos los intendentes del conurbano, el de Hurlingham fue uno de los primeros en llegar a la residencia oficial ubicada en el recoleto barrio del distrito de Vicente López. El 1 de abril, cuando el Presidente habló por teleconferencia con 30 jefes comunales, Zabaleta fue el único mandamás distrital que se sentó a la mesa junto al gobernador Axel Kicillof, el presidente de la Cámara baja, Sergio Massa, el titular del bloque de diputados del Frente de Todos, Máximo Kirchner, y el secretario general de la presidencia, Julio Vitobello.

En su entorno reconocen que, con lo años, Zabaleta robusteció su capacidad de diálogo con la oposición y modeló la cintura política necesaria para acomodarse a distintos escenarios. Puntos clave que lo muestran a imagen y semejanza del Presidente, quien, tras su incursión en distintos roles de la función pública, emergió como la mejor alternativa del peronismo en un escenario de polarización extrema y, una vez en el poder, comenzó a destacarse por su perfil dialoguista y moderado.

En su pago chico destacan que incluyó extrapartidarios en su gabinete y que en el armado de estrategias locales para abordar la pandemia se puso al frente junto a su vecino opositor Diego Valenzuela (Tres de Febrero) para controlar las zonas comunes. La iniciativa para garantizar el aislamiento encontró el respaldo de sus pares Alberto Descalzo (Ituzaingó), Fernando Moreira (San Martín), Jaime Méndez (San Miguel) y Lucas Ghi (Morón).

 

 

 

En rigor, la coyuntura pandémica reencontró a Zabaleta con Fernández. Su último trabajo en equipo fue en 2017 cuando Florencio Randazzo fue candidato a senador por la provincia de Buenos Aires y el hoy primer mandatario, su jefe de campaña. En aquella compulsa, Zabaleta, junto al entonces intendente de General San Martín y hoy ministro, Gabriel Katopodis, apoyaron la candidatura del exministro del Interior. Pero las urnas no respaldaron la propuesta de Cumplir. En Hurlingham, la boleta quedó en cuarto lugar. El golpe fue atendido por el intendente, quien antes de las generales de octubre abandonó el barco randazzista y llamó a votar por Unidad Ciudadana, espacio que llevaba liderando la boleta a la actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Aquella salida molestó a los que se quedaron hasta el final junto a Randazzo. Entre otros, al jefe de campaña, Fernández. Según supo Letra P, el cruce quedó saldado en la campaña 2019. El intendente participó de muchos de los recorridos proselitistas del entonces candidato a Presidente. Zabaleta aceitó el vínculo por su cercanía con el actual subsecretario General de la Presidencia, Miguel Cuberos, a quien él acercó al randazzismo mucho antes de que se convirtiera en socio fundador Grupo Callao, el think tank que agrupó a dirigentes convocados por Fernández luego de las elecciones de 2017.

Fortalecidas las relaciones, Zabaleta se hizo un espacio en la mesa chica nacional. Es consultado por el Presidente y vocero de intendentes peronistas. En los últimos días se conoció que un hombre de su confianza, Gustavo Aguilera, ocupará la Secretaría de Articulación de Política Social que quedó vacante tras el escándalo de la compra de alimentos con sobreprecios que puso bajo la lupa al Ministerio de Desarrollo Social que conduce Daniel Arroyo.

 

 

 

TERMINALES. No por intendente, sino por su recorrido hormiga por distintos estamentos de poder, Zabaleta conoce y tiene vínculo con muchos de los dirigentes que hoy son parte del gobierno nacional. El caminito comenzó en 2004, al llegar a Anses. Ahí conoció al actual presidente de la Cámara de Diputados de la nación, Sergio Massa, entonces titular de ese ente. Un año más tarde, desembarcó Amado Boudou, con quien construiría un vínculo político importante dentro del kirchnerismo.

En 2013, en momentos en que era secretario Parlamentario del Senado nacional, Zabaleta fue encomendado a construir y alinear las distintas fuerzas peronistas en Hurlingham. Nacido, criado y militante en Morón, comenzó a trabajar políticamente en el distrito vecino luego de que el entonces intendente, Luis Acuña, pegara el salto a la vereda de enfrente. En Morón, debía dejar que hiciera su juego Martín Sabbatella, a quien había enfrentado en las elecciones de 2003 y con quien en ese momento compartía espacio luego que el líder de Nuevo Encuentro se sumara a las filas kirchneristas.

 

 

 

En 2015 triunfó en las urnas y otra victoria, tras el golpe de 2017, lo volvió a acompañar en 2019. Con esa fortaleza y como vocero de un grupo de intendentes del conurbano que comanda Martín Insarraulde, Zabaleta recorre con asiduidad los 40 kilómetros que separan su despacho de la Quinta de Olivos. El lugar desde donde el Presidente timonea la Argentina en la tormeta y donde unos pocos tienen permitido el ingreso.