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JOSÉ LUIS VÁZQUEZ

El diablo del abogado

Histriónico y peleador, el penalista que defendió al senador Traferri dijo que Perotti no terminará su mandato y usó nafta para apagar el escándalo.

José Luis Vázquez pertenece al grupo de los abogados y las abogadas penalistas a quienes les resbala defender a los malos. Lo hace con una personalidad confrontativa y arrasadora. Hasta parece disfrutar la soledad de ese lugar que a la mayoría le resulta incómodo y en el que lo políticamente correcto ni siquiera es decorado. A pesar de esto, a la hora de estar sentado en el banquillo, más de una persona en el lado oscuro diría: "Dámelo".

 

El senador justicialista Armando Traferri lo contactó al entender que “le iban a dar un vuelto o inventar algo” luego de impulsar y aprobar dos leyes que apuntaron contra el ministro de Seguridad, Marcelo Sain. Así lo cuenta Vázquez. Un mes después, dos fiscales pidieron el desafuero para imputar al legislador sanlorencino como organizador de una banda dedicada a recaudar del juego ilegal. Casualidad o causalidad, nunca tuvieron diferencias tan finas.  

 

Vázquez, en el fondo, mientras Traferri exponía en rueda de prensa.

Era una situación judicial que necesitaba de un defensor curtido, no un caído del catre, y con manejo de una situación permeable al escándalo. Uno, incluso, que pudiera darlo vuelta y patearlo para el otro lado. Esa era la virtud requerida y Vázquez traía en el combo una cuota de histrionismo y manejo con los medios.

 

Hubo tres nombres de reconocidos abogados del fuero local dando vueltas, pero fueron cayendo. Uno no quiso, a otro aparentemente no le terminaba de dar el piné y otro estaba quemado por defender perfiles oscuros.

 

Cuando Traferri le confió el trabajo, Vázquez entendió que era una oportunidad de alta exposición para sacarle el polvo a sus recursos teatrales que arrastra desde la juventud, cuando tomó algunas clases, según confió un abogado que lo conoce desde hace décadas. 

 

Cancha y barro

“En Rosario casi no hay un abogado con mi personalidad y mi capacidad de aguantar presiones. Era un asunto que necesitaba un abogado con carácter”, dijo Vázquez a Letra P. Otro penalista lo recuerda más bien de trato complejo y, hasta por momentos arrogante. “Tengo declaraciones cortantes, es mi carácter”, insiste. 

 

Desde un primer momento, se colocó en el centro de la escena política hasta eclipsar al señalado Traferri. Terminó transformado en el enemigo público del caso. Por momentos, se pudo ver a alguien desmesurado. “Yo soy canchero, no me hago. Hace 50 años que tengo cancha en esto”, le respondió al borde de los gritos a un calificado periodista rosarino cuando éste le recriminó haber puesto en tela de juicio su buena fe. Desde ya, el barro no faltó en el paquete que compró Traferri.

 

A la banquina

Vázquez pega cerca del cinturón. A veces arriba, a veces abajo. Definió como “ministro de Inteligencia” a Sain y dijo que les “guionaba la causa” a los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra. Tildó de livianas las pruebas presentadas en el pedido del desafuero: que los WhatsApp no son pruebas de nada, que lo único que tienen son conjeturas. "¿Acaso no podemos hablar por teléfono con nuestros amigos o nuestras amantes?", soltó. Esa sensación de pruebas edulcoradas triunfó y prendió rápido en los senadores que negaron quitarle la inmunidad parlamentaria a Traferri.

 

Sabe que, además de su experiencia, lo eligen por eso, por ser perro de caza y no tener problemas en garronear a políticos, periodistas, fiscales. “No me asusta decir lo que tengo que decir y siempre, siempre digo lo que pienso, nunca me guardo nada”.

 

No obstante, eso que pinta como bocanada de libertad puede tener su costado peligroso. Con el escándalo que enfrentó al senador con Omar Perotti aún caliente, sostuvo en una radio que el gobernador “no va a terminar su mandato”. Tiró kerosene al fuego. La dirigencia política lo cruzó; Traferri se despegó y lo llamó para recriminárselo. El senador había logrado zafar y esto lo devolvía al cuadrilátero. 

 

No cedió. Dijo no haberle aceptado el reproche porque no habló como su abogado, sino como licenciado en Ciencias Políticas. También repartió para la vicegobernadora, Alejandra Rodenas. “Tengo que rechazar sus críticas, yo no digo exabruptos. Puedo tener declaraciones muy evidentes y cortantes, es mi carácter. Yo soy una persona formada, Rodenas es abogada, nada más. Tengo una titulación académica que me permite opinar”.

 

Quién es

Hace casi 50 años se recibió de abogado en la Universidad Nacional de Rosario. Ingresó en el 70 a los tribunales provinciales como practicante, donde paseó como cadete de expedientes, hasta que se acomodó como empleado judicial, pasó a secretario y luego a fiscal penal provincial mientras se cocinaba el derrocamiento del gobierno de Isabel Perón a manos de la Dictadura. En 1979, fue designado procurador fiscal federal de la Nación. 

 

Lo primero que le tiraron por la cabeza durante sus días de exposición fue haber estado en la justicia federal de los militares. Una tarea difícil la de desmarcarse de aquel proceso tenebroso. No obstante, Vázquez dice que esa bala no le entra, pero igualmente arrima sus argumentos. Dice haber asistido como defensor oficial subrogante a detenidos políticos en los pabellones de Devoto, Rawson y Trelew. También cuenta haber eludido el pedido que le hizo al teléfono de la fiscalía el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri para salvar a un teniente primero que estaba procesado por pasar a través de un alambrado de púas a un secretario de un juzgado federal.

 

En el ‘84 renunció a la Justicia después de un accidente: una camioneta partió literalmente al medio el Fiat 600 en el que viajaba. En la ambulancia pensó que se moría y que la pensión que le dejaba a su familia era una miseria. Se dedicó a la actividad privada durante una década con Walter Cattáneo, recordado expresidente de Newell’s. 

 

Luego se cortó solo. Desde entonces, dirige un estudio con su hija mayor y dos socios más, en el cual audita y lleva casos de peso. Hoy se mete de lleno solamente en dos: el de Traferri y el de Héctor Zabaleta, el ejecutivo de Techint sospechado de ser el “valijero” de la compañía de los Rocca en la causa de los Cuadernos de las coimas. 

 

En la facultad de Derecho de Rosario, enseña Penal II. Tiene fama de severo e implacable, pero él lo cambia por “estricto”. “No soy un profesor muchachista ni demagogo, eso es lo que pasa”. Fue famosa, en el mundo académico, su pelea con el reconocido penalista Carlos Edwards. “Cobraba el sueldo de la facultad y no iba a trabajar”, insiste Vázquez después de varios años. 

 

Su cabeza ya no trabaja todo el día en modo Derecho. Cuenta que escucha música clásica, que recorrió en moto Sudamérica más de una vez, que tiene más de tres mil libros entre su casa y su despacho y que es amante de la comedia musical. Hay un hilo entre su oficio de abogado defensor y la que dice ser su obra favorita: “‘El fantasma de la ópera’; la vi varias veces”.

 

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