15|8|2022

Padrón vs. territorio, la disputa de JxC en el centro bonaerense

15 de noviembre de 2020

15 de noviembre de 2020

Tándem Olavarría-Azul para quedarse con el 1-2 de la lista seccional. Pero en la UCR no piensan resignar casilleros de privilegio. Nombres, estructura y rosca.

Reservorio de una porción del núcleo duro del voto cambiemista durante las últimas ruedas electorales, la Séptima sección –emplazada en el centro de la provincia– es uno de los sostenes de la superioridad de Juntos por el Cambio (JxC) en el Senado bonaerense. Ahora como fuerza opositora, el objetivo de retener las tres bancas en juego en la Cámara alta asoma como una empresa más compleja, en momentos donde el peronismo abroquelado en el Frente de Todos avanza en ganar volumen en torno a la unidad.

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A priori, se divisan cuatro fuerzas en pugna, fundamentalmente, por los dos casilleros de privilegio. El tercero es visto como un borde riesgoso que ya no magnetiza acuerdos de rotación, como sucedió en 2017. En los dos distritos más voluminosos en términos electorales, Olavarría y Azul, los intendentes Ezequiel Galli y Hernán Bertellys buscan hacer valer el peso del padrón de sus comunas para definir los primeros dos nombres de la lista seccional.

 

Pero a eso se enfrentan las aspiraciones de un radicalismo que en la sección pisa con fuerza y que anticipa que no piensa relegarse a un tercer lugar. La pelea es padrón versus territorio. En ese estado de situación, los socios mayoritarios de JxC de la Séptima no le hacen demasiado lugar a la Coalición Cívica, que hace cuatro años colocó a la exconsejera escolar de 25 de Mayo Carolina Tironi. Pero los “acuerdos de arriba” nunca son descartados a la hora de confeccionar la lista final.
 

 


El radicalismo en la sección viene abroquelado desde hace tiempo, principalmente con aquellos referentes que ocupan mayores espacios de poder: los intendentes José Luis Salomón (Saladillo) y Ramón Capra (General Alvear), el senador Alejandro Cellillo y la diputada Alejandra Lorden, referente insoslayable que ocupa la vicepresidencia del Comité Nacional. Con el poder como factor ordenador, en ese aspecto no asoman nubarrones en la estructura conductora del partido centenario a nivel seccional, donde tienen en claro que el primer paso es la definición de la interna partidaria, pospuesta para marzo de 2021.

 

Es obvio que no es lo mismo que en la interna partidaria bonaerense se imponga Maximiliano Abad a que lo haga Gustavo Posse; de eso dependerá en parte la definición sobre quiénes serán los portadores de la lapicera al momento de negociar casilleros en las listas con los socios de JxC, por más que los actuales dirigentes con cargos y territorio reporten al actual oficialismo partidario. Al momento, la UCR seccional se enfoca en su anclaje territorial, mostrando ascendencia con acciones.

 

En el hipotético caso que gane Abad, uno de los nombres que tiene anotado el oficialismo partidario como potable para la seccional es el de Cellillo, actual senador y cabeza de lista en 2017. A la vez, voces con línea directa a la mesa chica boinablanca aseguraron a Letra P que, al momento, no es voluntad de ninguno de los dos intendentes radicales de la Séptima ir por una banca legislativa. Por lo pronto, el exalcalde de Alvear tiene “la ficha” pero no está cerrado el paño a otras aspiraciones.
 

 


La disyuntiva radica en que la UCR pretenderá nuevamente liderar la nómina seccional, bajo el argumento de poseer una arraigada estructura territorial no solo en las comunas donde gobierna, sino también en aquellas donde administra el peronismo e incluso en donde los socios mandan. Por el otro lado, aparece el intendente de Olavarría, Ezequiel Galli, quien busca hacer valer el volumen de votos que inyecta su distrito al momento de inclinar la balanza en la disputa seccional.

 

Esto es algo que voces cercanas al jefe comunal olavarriense exhiben a Letra P como ecuación simple y que el mismo Galli se encargó de enfatizar días atrás luego de reunirse con Horacio Rodríguez Larreta: “Queremos que Olavarría tenga el primer legislador porque además tenemos el 60% del padrón de la sección”, subrayó al diario local El Popular.

 

El abrigo del Grupo Dorrego bajo el ala de Jorge Macri también es otro poroto que Galli pondrá en la balanza, aunque, en este punto, mirando más a la interna de la interna. Y es que, a diferencia de lo compacto que luce el radicalismo, en el PRO hay matices, no solo por la existencia de sectores del monzoísmo que buscan reposicionarse internamente, sino también por el persistente trabajo territorial de dirigentes que ya no son del paladar del intendente olavarriense, como el caso de Dalton Jáuregui.
 

 

Vidalista puro, Jáuregui llegó a ser jefe de Gabinete municipal sin provenir del grupo de Galli y ganó protagonismo por su labor post tragedia del recital del Indio Solari. En 2017, accedió al Senado en el tercer lugar de la lista. En el marco del acuerdo que incorporó a Bertellys a Cambiemos, ya sabía que en diciembre de 2019 tenía que tomarse licencia para dejarle la banca a la azuleña Lucrecia Egger. Y eso hizo.

 

Pero mostrar que “no hay que casarse con el cargo” y que “vale la palabra” son aspectos que en el entorno de Jáuregui estiman como un patrimonio que será valorado por Vidal a la hora de definir nombres PRO para las legislativas 2021. Y eso es algo que podría hacer ruido en Galli, que piensa esta vez en colocar a dirigentes de su riñón, como puede ser su primo y actual secretario de Gobierno, Hilario Galli.
 

 


En Olavarría, voces de JxC abordadas por Letra P coinciden en que Ezequiel “le debe” a su primo Hilario esa candidatura desde 2017, pero que finalmente se inclinó por sugerir a Jáuregui. Hay quienes sostienen que Dalton fue impulsado por su extracción de vidalista puro (reportando a Salvai) en tiempos en que Galli recién estaba separándose del monzoísmo y podría temer no cobrar en el reparto seccional. Otros, consideran que fue una maniobra para alejar a Jáuregui y quitarse la sombra de su creciente presencia en la órbita municipal. Sea como fuere, el senador en uso de licencia parece haberse quedado con sabor a poco de su paso legislativo y va por más. Por lo pronto, mantiene actividad seccional en dupla con el diputado Juan Carrara.

 

En el caso de Azul, los movimientos políticos del intendente se ligan con el de su secretario de Gobierno, Alejandro Vieyra, a quienes muchos lo sindican como el factótum de Bertellys. Sin nombres definidos para una candidatura seccional, se mira con atención si habrá cambios o no en la ley que pone tope a las reelecciones. También se habla de entendimientos con el peronismo asociado a la figura de Joaquín de la Torre. Así, la duda es por dónde intentará cobrar el azuleño en la puja seccional: si por la boca PRO o por la del peronismo amarillo.

 

En rincones de JxC hay quienes observan “un juego de pinzas” entre Galli y Bertellys para trabajar en aras de ubicar un representante de cada distrito (los dos más populosos de la Séptima) en los dos primeros casilleros. Pero, a la vez, es visto como una unión a evaporarse si desde las ligas mayores se define que solo hay un lugar para los dos.
 

 



En las ubicaciones es donde empiezan a jugar los números y florecer las tensiones.  Sucede que en 2017, Cambiemos –ganador en aquella elección– se quedó con las tres bancas en danza, dado que el peronismo no logró alcanzar el piso de 33% requerido para hacerse de al menos un escaño.

 

Pero el contexto político es otro. Fuera del poder provincial y nacional y con el Frente de Todos armándose territorialmente para superar esa barrera, en Juntos por el Cambio ya no miran con tanta seguridad la posibilidad de conseguir un triunfo similar al de cuatro años atrás, cuando un vidalismo con viento a favor incluso fichó en sus filas al mandatario azuleño e ideó una estrategia seccional que implicó un acuerdo entre el PRO y Bertellys para compartir la ocupación de la tercera banca, dos años para el espacio amarillo (con Jáuregui) y los dos restantes con Egger.

 

Ahora, esos trueques no se miran con demasiado fervor, menos desde el radicalismo, que reclamará el primer lugar pero, “en el peor de los casos”, no aceptará “bajo ninguna circunstancia” bajar del segundo lugar. “No hay chance”, sintetizan sobre su posición futura en la rosca societaria al ponderar su organización interna. “Estamos alineados, ordenados y mantenemos una coherencia a la hora de la negociación”, dicen y destacan que la incidencia del partido centenario en la sección es “una de las más fuertes de la provincia”.

 

Amén de esto, desde todos los rincones coinciden en que la lapicera no viene de abajo hacia arriba, sino al revés. Mucho tendrán que ver los acuerdos que se hagan de aquí en más dentro de JxC, quienes se sumen y cómo está parado cada espacio. En lo gestual y en las acciones territoriales, no hay muestras de fricciones en la masa societaria cambiemista, pero las partes tampoco caminan a la par. “Se maneja cada fuerza como compartimento estanco”, destacó una voz conocedora de la sección.