29|1|2023

Pelea por el territorio: los curas villeros, bajo fuego

22 de octubre de 2020

22 de octubre de 2020

El robo con apriete al sacerdote Nicolás Angelotti pone de relieve un fenómeno histórico que se profundizó con la pandemia. Los soldados de Bergoglio.

La puja por el territorio y la tierra puso a los curas villeros en la mira de las mafias del narcotráfico y los punteros políticos que operan en los barrios populares del conurbano bonaerense, una realidad cotidiana que se agravó con la pandemia y la situación de vulnerabilidad social estructural de la población de los asentamientos urbanos.

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Un caso delictivo reciente puso en alerta roja a las autoridades eclesiásticas. Fue en La Matanza, en cuyas más de cien villas trabajan y viven sacerdotes referenciados en Jorge Bergoglio y la opción preferencial por los pobres. Nicolás Angelotti, conocido por los vecinos y las vecinas como padre Tano, sufrió un robo con poco o nada de hecho de inseguridad y todas las características de un apriete mafioso.

 

Fue el domingo 11 de octubre, cuando Angelotti llegaba con su camioneta a la parroquia San José, con influencia en los barrios matanceros 17 de Marzo, San Petersburgo y Puerta de Hierro. Ocho personas en cuatro motos lo rodearon, lo golpearon y dispararon seis tiros al piso. La camioneta apareció al otro día en el vecino partido de Merlo, sin faltantes, pero una frase del jefe del grupo comando reveló la intencionalidad: “Tano, no jodas, dame el celular”. Lo conocían, sabían lo que buscaban, tenían un objetivo. Para los referentes eclesiásticos, lisa y llanamente fueron a apretarlo, intimidarlo.

 

 

El obispo Eduardo García (diócesis de San Justo, con jurisdicción en La Matanza) salió a respaldar al sacerdote atacado y, ante una consulta de Letra P, expresó preocupación por lo peligroso que se está poniendo el territorio matancero para la vida y la tarea pastoral de los curas villeros.

 

“Esto pasa por la lucha por el territorio. En la medida en que los curas de las villas están trabajando en la recuperación de chicos de las adicciones; en la medida en que se abren los barrios a otra dimensión, como es la de los clubes o la escuela, los narcos y otros pierden territorio, pierden población, pierden soldados. Esto molesta”, advirtió el prelado. Al requerirle que precisara quiénes eran esos “otros” a los que refería, García respondió: “Muchos, mafias de distinto orden, punteros políticos de todos los tipos, colores y señales”.

 

“Estas mafias quieren echar a los curas de las villas, callarlos, que no trabajen más en las barriadas; porque cuando uno abre los barrios y hace una integración urbana, eso molesta”, aseveró el obispo matancero.

 

Los compañeros de Angelotti en la pastoral de las villas también se solidarizaron con él y fueron al día siguiente a celebrar su cumpleaños en la parroquia, donde leyeron una carta pidiendo a las autoridades que actúen y avisando: "Si tocan al padre Tano, nos tocan a todos".

 

 

En la villa. Máximo Kirchner, con Angelotti.

 

 

POLÍTICA CON PROTOCOLO Y SORPRESA. Los referentes políticos municipales y provinciales actuaron bajo el “protocolo” para estos casos, con una excepción que sorprendió en ambientes eclesiásticos: Máximo Kirchner. El jefe de la bancada oficialista en la Cámara baja y líder de La Cámpora visitó a Angelotti en la villa dos días después del ataque y blindó hacia afuera al sacerdote, toda una movida, con cintura política de cuna, para pisar fuerte en territorio bonaerense. Kirchner no se mostró solo, sino junto a dos de sus lugartenientes: Facundo Tignanelli, matancero y presidente del bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados bonaerense, y Amira Curí, subsecretaria de Derechos Humanos de la Municipalidad de La Matanza.

 

Verónica Magario, vicegobernadora y exmandamás municipal, llamó al obispo García para presentarle el acompañamiento provincial y prometerle investigar el ataque al cura villero. “Hay que meterse en las raíces de lo que pasa en los barrios”, advirtió el prelado y precisó, “La puja por el territorio, la delincuencia, la droga, que había disminuido al principio de la pandemia y ahora ha rebrotado bastante”. Fernando Espinoza, intendente de La Matanza, hizo lo propio al ofrecer ayuda y seguridad para Angelotti. 

 

RECURRENTES. El “apriete” a Angelotti hizo recordar el caso de otro cura villero, José María Di Paola (el padre Pepe), a quien en 2009 Bergoglio debió proteger tras las amenazas de muerte que le perpetraron las mafias del narcomenudeo en la Villa 21 del barrio porteño de Barracas. Pese a que las relaciones del kirchnerismo con el hoy papa eran tirantes, un funcionario le puso protección al sacerdote.

 

Estos casos violentos no son nuevos en los barrios populares de La Matanza, donde los curas villeros sufren, a menudo, hechos intimidatorios. El obispo García le contó a Letra P que hace dos años a él lo “apuraron”, no a balazos como ahora, por “tres metros de terreno” donde finalmente se levantó una sala de primeros auxilios para el barrio Puerta de Hierro. Asimismo, trajo a la memoria el caso de Basilicio “Bachi” Brítez, el cura villero que murió a causa del coronavirus a fines de agosto, a quien hace diez años, cuando comenzó a trabajar en la recuperación de jóvenes con problemas de adicciones, las mafias narco también “le tendieron una cama” plantándole droga en la zapatería de su padre. “Fue un signo, como diciéndole: ‘No molestes, porque te damos donde más duele, que es la familia’”, puntualizó.