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El Banco Nación y la desigualdad de género en el sistema financiero 

La entidad financiera más importante del país tiene solo una mujer en el directorio, pero quiere estar a la cabeza de las políticas de género en la banca.

Por 20/10/2020 18:00

El Banco Nación tiene más de diez millones de cuentas y unos 20 millones de personas pasan por sus 700 sucursales en todo el país. La principal entidad financiera de la Argentina emplea a más de17.000 personas: 42% son mujeres y 58% son varones. Como en la mayoría de las organizaciones, la presencia de las mujeres es mucho mayor en la base que en los espacios de decisión y en los cargos jerárquicos.

Según datos de diciembre de 2019, las mujeres representan el 41% de los responsables de plataforma operativa y sólo el 21% de las gerencias departamentales en la Casa Central. De 2.516 puestos jerárquicos, sólo el 29% está ocupado por mujeres.

Según datos de diciembre de 2019, las mujeres representan el 41% de los responsables de plataforma operativa y sólo el 21% de las gerencias departamentales en la Casa Central. En el caso de gerencias regionales/zonales hay cinco mujeres y treinta y tres varones (13% y 87% respectivamente). Más: de un total de 2.516 puestos jerárquicos que implican la toma de decisiones (considerando los comprendidos desde el directorio hasta jefatura principal en la Casa Central y desde gerente regional hasta responsable de caja en sucursales) sólo el 29% está ocupado por mujeres.  

Cecilia Fernández Bugna es economista y la única mujer en el directorio del Banco Nación, que es conducido por Eduardo Hecker. Es su segunda gestión en ese espacio (también estuvo durante el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner) y hoy además es coordinadora de los proyectos de Políticas de Género, Igualdad y Diversidad.

Fernández Bugna asumió con el compromiso de impulsar acciones afirmativas para la inclusión de mujeres y de colectivos discriminados en el ámbito financiero. “Somos un banco público, tenemos que ser garantes de la igualdad de derechos”, sostiene. “Pero empezamos a plantear que, además de ser cuestión de derechos, también es una cuestión de pensar las capacidades de una institución, de una organización, de una empresa, de un banco. Por eso, insisto mucho con plantear estas políticas de género, diversidad y derechos humanos con la doble fundamentación", agrega.

 

Fernández Bugna, con Letra P. “Somos un banco público, tenemos que ser garantes de la igualdad de derechos.”


La iniciativa de transformar el Banco Nación en un organismo con enfoque de género empezó hace varios años, pero tiene un hito en 2015, cuando algunas empleadas compartieron situaciones de violencia laboral y crearon una red de mujeres que comenzó a empujar diversas políticas internas. Una de ellas fue la elaboración de un protocolo contra las violencias por razones de género, recientemente renovado y hoy con la participación activa de Graciela Navarro, flamante gerenta de Género, Diversidad y Derechos Humanos.

La creación de esta área, con el objetivo de jerarquizar el enfoque de género, implica, más allá de la determinación y el diseño de las políticas financieras del banco hacia el exterior, un intenso trabajo hacia el interior de la entidad: “No podemos decir que queremos ser un banco inclusivo si no ordenamos para adentro nuestra casa y demostramos que realmente lo somos y que trabajamos con perspectiva de género”, explica Navarro.

 

Navarro, con Letra P. "“No podemos decir que queremos ser un banco inclusivo si no ordenamos nuestra casa."

 

Junto con esa red de alrededor de cien mujeres de todo el país, en reunión virtual con Fernández Bugna, hicieron sus primeras demandas: actualización del protocolo sobre violencias, lactarios, equiparación en los planes de capacitación y acceso de las mujeres a los puestos de conducción.

Otra dimensión relacionada con la baja participación de las mujeres y otros colectivos en esta industria tiene que ver con el acceso a los créditos y a los servicios bancarios y financieros. En relación con las líneas de crédito, casi el doble de varones que de mujeres accede a modalidades de financiamiento que requieren mayores garantías o plazos, como los préstamos prendarios o hipotecarios. Además, el hecho de que el número de mujeres beneficiarias de prestaciones de la seguridad social sea mayor al de varones explicaría la paridad en cuentas de depósito, mientras que la menor tasa de actividad femenina y los mayores niveles de informalidad se correlacionan con la menor proporción de mujeres con posición de cuenta sueldo. Si se cruzan datos sobre género, rango etario y financiamiento, las mujeres son mayoría únicamente en el segmento de deudores a partir de los 60 años.

A las dificultades para acceder a un trabajo formal se suma que, cuando logran hacerlo, las mujeres cobran salarios 27% inferiores en promedio. A los obstáculos de acceso al mercado laboral, se suman los de acceso al crédito o los montos de financiamiento a los que pueden acceder son inferiores a los de varones.

Fernández Bugna cree que la disminución de la brecha en el acceso a los servicios financieros para las mujeres no se trata de “ir a buscarlas solamente”, sino de tener en cuenta cuáles son los roles en la economía: “Garantizar la igualdad de acceso supone que pensemos productos, servicios específicos para ellas. Ahora. estamos saliendo con estas primeras líneas que marcan una preferencia en la tasa de interés, pero hay todo un recorrido por hacer en entender de qué modo damos productos, créditos y servicios que permitan mejorar esos niveles de acceso de las mujeres”.

 

 

En el mismo acto de creación de la Gerencia de Género, el BNA anunció la línea “MiPyMEs Carlos Pellegrini”, que favorece a las pequeñas y medianas empresas cuyos puestos de conducción son ejercidos por mujeres.

La creación de la Gerencia a cargo de Navarro y las medidas de acción afirmativa como el cupo trans son innovadoras para una institución en la que todavía se habla de quienes están en puestos directivos como “la superioridad”, una organización donde, hasta principios de este año, sólo las mujeres debían llevar uniforme.

“A partir de Ni Una Menos y de toda la tanda de chicas que empezaron a entrar en el banco, las cosas empezaron a cambiar y hay una fuerza que viene de abajo, pero son muchos años los que hay que revertir”, dice Navarro.

Fernández Bugna coincide: “Estas políticas internas no sólo tienen la importancia de hacer efectivos derechos que son de todas estas trabajadoras y trabajadores, sino que, además, se trata de mandar un mensaje hacia afuera. Como principal banco del país, podemos ser un faro en este sentido”.