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Argentina no se alinea con EE.UU. contra Irán y se arriesga a un enojo de Trump

La Cancillería recordó los atentados que sufrió el país y no jugará con fuego. Alerta en fronteras. Brasil se cuadra ante el republicano. Entretelones de una decisión. Lo que viene, lo que viene.
Por 05/01/2020 13:05

El asesinato de Qasem Soleimani, el líder de la Fuerza Quds (“Jerusalén”) de la Guardia Revolucionaria de Irán, jefe de la inteligencia militar del régimen islamista y, para muchos, número dos de facto del mismo, perpetrado el viernes por drones de Estados Unidos en el aeropuerto de Bagdad, mantiene al mundo en vio ante la posibilidad de una escalada abierta de la violencia en Medio Oriente. La reacción del gobierno de Alberto Fernández, reflejada en un comunicado de la Cancillería, contrastó con la que se habría esperado de la administración de Mauricio Macri y con la que efectivamente expresó Brasil, lo que suma un elemento de incomodidad en la relación Buenos Aires-Washington en momentos en que la Argentina intenta apurar, y busca apoyo para ello, las negociaciones por la deuda.

El texto aprobado por el canciller, Felipe Solá, expresa la “preocupación” nacional por “los recientes acontecimientos ocurridos en Medio Oriente”, a los que, eludiendo mayores precisiones, califica de “eventos violentos protagonizados en un mundo global y consecuentemente hiperconectado (que) tienen el potencial de tener consecuencias directas en todo el planeta”.

“Nosotros, los argentinos, podemos dar testimonio de lo dicho. En nuestro pasado reciente hemos sido víctima al menos en dos oportunidades de actos de terrorismo internacional”, añade en referencia a los ataques de 1992 y 1994 contra la embajada de Israel y la AMIA, respectivamente. Una curiosidad: la expresión “al menos” llenó de dudas a los especialistas.

 

 

En efecto, la Argentina, país que alberga a la mayor comunidad judía de América Latina, tiene elementos sobrados para la cautela. Por esa razón, en paralelo, la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, ordenó reforzar los controles en fronteras y aeropuertos, así como en potenciales blancos de atentados terroristas como la embajada de Estados Unidos y otros intereses de ese país.

 

 

Asimismo, la Dirección Nacional de Migraciones giró a los responsables de todos los puntos de ingreso al país del listado de Interpol con los nombres de los terroristas internacionales más buscados, según consignó la agencia Noticias Argentinas.

 

 

“Ante esa realidad y en virtud de nuestra propia experiencia, el Gobierno Nacional insta a las partes en conflicto a que dispongan las medidas que permitan contener la tensión y trabajar en pos de una salida pacífica y negociada que evite escaladas que pongan en riesgo la seguridad internacional”, siguió la Cancillería. “Como siempre lo ha hecho, también esta vez privilegiamos la vía de la negociación y la diplomacia para la solución de los conflictos”, completó, no sin antes reclamar la acción de la comunidad internacional a través de sus organismos multilaterales.

La pregunta es si Donald Trump está para comprender los meandros del lenguaje diplomático y, más aun, el regreso en Buenos Aires de principios tradicionales de política exterior ajenos a los alineamientos autompaticos. Parece difícil que así sea, en términos generales, por su temperamento, poco dado a esas sutilezas y, en particular, por el hecho de que el atentado a Soleimani y otro, cometido el sábado, en el que murieron otros seis hombres de las milicias iraquíes chiitas, aliadas de Irán, pone a Estados Unidos ante una situación peligrosa justo cuando comienza el año en el que buscará su reelección.

Más expeditiva, la Cancillería brasileña manifestó el viernes, ni bien se produjo el hecho y un día antes que la Argentina, “su apoyo a la lucha contra el flagelo del terrorismo” y afirmó que “esa lucha requiere la cooperación de toda la comunidad internacional, sin que se busque ninguna justificación o relativización del terrorismo”

Por si quedara alguna duda, la “condena” de la diplomacia de Jair Bolsonaro solo apuntó a “los ataques a la embajada de Estados Unidos en Bagdad”, uno de los desencadenantes del asesinato de Soleimani, y apeló a que el gobierno de Irak cumpla con la Convención de Viena y vele por “la integridad de los agentes diplomáticos norteamericanos reconocidos”. Alineamiento ciento por ciento.

 

 

El manejo nacional de la reacción a la crisis correspondió a la mesa chica de Solá, en la que tallan el vicecanciller Pablo Tettamanti, un hombre de la casa, y Guillermo Chaves, su cuñado, hombre del Grupo Callao y jefe de gabinete del canciller. Todo, claro, con el visto bueno de Alberto Fernández.

Un diplomático de experiencia en el Palacio San Martín le dijo a Letra P que “el comunicado sorprendió un poco internamente porque pareció algo lavado; tal vez faltó alguna condena explícita a la violencia. Se notó o bien el apuro o bien la intención de no irritar a Trump. El problema de la deuda condiciona”.

El Gobierno hace equilibrio entre dos necesidades: la de mantener un buen vínculo con Washington, que allane las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con los acreedores privados; y la de mostrar posturas soberanas, vinculadas a la tradición peronista e imprescindibles para no poner en riesgo la cohesión del heterogéneo Frente de Todos.

De hecho, Solá buscará limitar los gestos de independencia a lo que no genere conflictos con la Casa Blanca o, cuando menos, a los que puedan ser manejados por el futuro embajador Jorge Argüello, amigo personal del Presidente. La estadía en el país de Evo Morales y el modo en que está jugando en la transición de Bolivia es una pelota al fleje.

 

El Gobierno hace equilibrio entre dos necesidades: la de mantener un buen vínculo con Washington, que allane las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con los acreedores privados; y la de mostrar posturas soberanas, vinculadas a la tradición peronista e imprescindibles para no poner en riesgo la cohesión del heterogéneo Frente de Todos.

 

De hecho, el canciller ha manifestado su intención de no innovar en lo que respecta a la calificación del partido-milicia libanés Hizbulá, otro aliado de Irán, como entidad terrorista e hizo lo propio con respecto a la membresía en el Grupo de Lima, que expresa las políticas de Estados Unidos contra Nicolás Maduro. Si por él fuera, ha dicho, la Argentina no habría tomado el partido que tomó con Mauricio Macri sobre el “Partido de Dios” ni hubiese ingresado a la liga antichavista, pero se estima que dar marcha atrás en ambas cuestiones tendría más costos que beneficios.

Cerca del canciller confían en que Trump no hará olas por la postura nacional en torno al conflicto con Irán. ¿Será así? El tuitero de Pennsylvania Avenue al 1600 ha dado muestras reiteradas de que las medias tintas no son lo que él espera de sus amigos.