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Los ojos y la cintura de Lifschitz

El diputado es parte de la renovación del socialismo. Se corrió del bonfattismo y ganó la confianza del presidente de la Cámara baja. Rosca política full time y guantes en el ring del PJ.
Por 28/01/2020 10:44

Cuando la negociación para reformar de la Constitución santafesina -con reelección a gobernador incluida- estaba empantanada, el por entonces mandatario socialista Miguel Lifschitz viajó a Nueva York a una gira para atraer inversiones. Aprovechó la lejanía y privacidad del viaje para llevarse a los pesos pesado de la Legislatura: el PRO Federico Angelini, los radicales Julián Galdeano y Felipe Michlig y los peronistas Armando Traferri y Luis Rubeo. También subió al avión a Joaquín Blanco como encargado de ablandar las voluntades de aquellos dirigentes que dieron forma al “Grupo Manhattan”. A la vuelta, Blanco supo que le había cumplido a su jefe y que el viaje había sido su bautismo en la rosca a gran escala.

Más allá de que finalmente la Reforma y aspiraciones socialistas quedaron truncas, la responsabilidad asignada como interlocutor en un tema candente al que Lifschitz le puso mucho de lo personal dimensiona la confianza depositada en Blanco. La misma se mantiene actualmente en la Legislatura y en la disputa política con el peronismo, ahora, desde la oposición. Incluso hacia adentro del Frente Progresista.

Blanco muñequea en el interbloque del Frente Progresista en Diputados -preside el del socialismo- en momentos en que el radicalismo busca más protagonismo después de 12 años de hegemonía interna socialista. Y cuando el río revuelto que dejó la derrota en la gobernación está dando lugar a que se hable de liderazgos futuros.

Blanco se expandió en oficinas ubicadas en la sede Rosario que el Frente Progresista tiene sobre calle Santa Fe y Laprida. La más grande sigue siendo la de Lifschitz. Le manejó la agenda de reuniones en Buenos Aires en el fallido acercamiento con Roberto Lavagna. “Miguel lo escucha mucho. Bastante mucho”, reconocieron desde el entorno del exgobernador. 

 

 

 

 

Se coloca como alfil del actual presidente de la Cámara de Diputados luego de un largo recorrido. Militó en la secundaria, en la facultad donde se recibió de economista, junto a su padre que también fue dirigente y legislador, y luego con el primer roce en la política formal junto a Hermes Binner en el Congreso (2005/2007).

La victoria de Binner en Santa Fe, destronando al peronismo luego de 24 años en la gobernación, marcó una era en todos los socialistas. Blanco es parte de la generación que acompañó desde la base con 25 años y se fue acoplando a la estructura gubernamental, partidaria y política hasta formar parte actualmente de la renovación sub-40. En ese grupo están, entre otros, el diputado nacional Enrique Estévez, Paco Garibaldi, Esteban Lenci y Verónica Irizar.

Con Binner en el gobierno de Santa Fe, asumió la Dirección de Políticas de Juventud y la Coordinación del Gabinete Joven de la Provincia. En la gobernación de Antonio Bonfatti logra un cargo público de peso al hacerse cargo de la Secretaría de Políticas Sociales.

 

 

 

En las reñidas elecciones de 2015, cuando Lifschitz le sacó apenas 2.000 votos a Miguel Del Sel y 8.000 a Omar Perotti, Blanco articuló como una suerte de vocero de los cambiantes y ardientes números. Resultó elegido diputado provincial. Y Bonfatti, presidente de la Cámara. Fueron años donde debió pagar derecho de piso en un lugar donde el bonfattismo llevaba la posta y marcaba territorio.

En 2017, en su segundo año como diputado, logró oxigenarse. Empezó a ser protagonista con el rol de negociar la Reforma Constitucional y de tantear la temperatura de la Cámara de Diputados. Un desafío más que difícil en una época en que el macrismo había pintado de amarilla la provincia y la ciudad de Rosario y el peronismo, aún atomizado, no tenía rumbo. Se siente cómodo y, a la distancia, entiende que fue un corte en su carrera política.

En los últimos años apostó a iniciativas que “acompañen procesos sociales, productivos y tecnológicos”. La Ley de producción pública de cannabis medicinal, la ley de góndolas, de economía del conocimiento y promoción para subsidios en clubes de barrios son algunos proyectos presentados. Fue uno de los que impulsó la aprobación del Presupuesto 2020 elaborado por el Frente Progresista, cuando Perotti pedía que se aprobara el de él. Fue el resultado de una sucesión de desencuentros y pases de factura en un fin de transición caliente, donde el peronismo avanzó sorpresivamente con la Reforma Constitucional que habilitara la reelección. 

ROSCA. Llegó el viaje a Nueva York a fines de 2017 y es entonces cuando terminó encastrando en el perfil del ingeniero. Es el que mejor representa a Lifschitz en pensamiento y, sobre todo, en la acción. “Es muy inteligente pero también muy pragmático a veces. Intenta acordar, pero siempre defendiendo muy fuerte lo propio y a su gente”, describió un diputado provincial que no pertenece al Frente Progresista pero que ha acompañado iniciativas del espacio.  

Está en otra vereda del socialismo de Rubén Giustiniani, o del criterio ideológico de Bonfatti. A su entorno le explica que debe haber una buena combinación de pragmatismo e ideología “porque si no, no vas ni para adelante ni para atrás”. “En política tenés que hacer cosas que puedas explicar y cumplir”, repite cada tanto el diputado que está por cumplir 40 años.

 

 

 

Algo similar sostiene la socióloga Mariana Gené, autora del libro “La rosca política” (2019), que pone la lupa sobre el rol de los operadores que construyen acuerdos: “Si solamente hay grandes proyectos o ideas, pero no hay elementos para llevarlos a cabo, es difícil que se vean en la práctica. Hay que hacer que además de deseables sean posibles, sean factibles. Esas ideas suponen cierta agregación de intereses”.

Y el manejo de los intereses se convierte en un oficio. Desde su equipo explican que trata de construir una confianza que exceda a la coyuntura, una apuesta a largo plazo, para que las peleas que surgen en las negociaciones no sean definitivas.

En los momentos determinantes, “prefiere avisar y no sorprender al otro”, dejar las cosas en claro. Aunque esta definición en un ámbito parlamentario también puede trastocarse a la frase “el que avisa, no traiciona”. Cuando el contexto apremia, les reclama a los suyos creatividad, salir por arriba del laberinto.

Eso le pidió al gobernador Omar Perotti en su discurso en la Legislatura cuando a fin de año se le habilitó la Reforma Impositiva, pero rechazaron las emergencias. Es uno de los encargados de defender la gestión del Frente Progresista y, ahora en la oposición, de confrontar con el peronismo. Sobre todo, ahora que el perottismo pone al Frente Progresista en el centro del ring, y vuelve a la carga por las emergencias que la Legislatura le rechazó en un fin de año explosivo.

 

 

 

 

“Cuidado, porque acá somos militantes de la política pero tenemos historia y sabemos que cuando viene el discurso del déficit, atrás viene el discurso del ajuste y cuando vienen las políticas de ajuste, retroceden los derechos de los ciudadanos y trabajadores estatales”, advirtió en el discurso mencionado.

“Estos meses está enfocado en la rosca todo el tiempo”, definieron desde el equipo legislativo. Él no lo niega. “Es una negociación abierta todo el tiempo desde hace dos meses. Es un momento tenso”, reconoció a Letra P mientras esperaba el nuevo texto de las emergencias del peronismo, listo para volver a la acción.