X

“Sin debate, en Cambiemos podrán seguir dirigentes aislados, no el radicalismo”

El diputado reclama una “fuerte discusión” post octubre y un “liderazgo colectivo” que le devuelva a la UCR “un proyecto nacional”. Dardos al “seguidismo acrítico”. Bases en “estado de ebullición”.
Por 26/08/2019 15:12

De las tres bancas en la Cámara baja nacional que el radicalismo bonaerense buscará retener en las próximas elecciones, dos de sus actuales ocupantes (Karina Banfi y Miguel Bazze) van por la revalidación. No sucederá lo mismo con Alejandro Echegaray, quien, en diálogo con Letra P, dejó en claro que su perfil crítico hacia el rol de su partido dentro de la alianza gobernante fue el detonante central para no ser tenido en cuenta en esta rueda electoral. “Nos costó hasta que nos castiguen desde el punto de vista de integración de listas”, sostuvo el dirigente que pertenece al espacio que tiene entre sus referentes a Federico Storani.

Aunque uno de esos casilleros competitivos correspondientes al radicalismo fue destinado para Sebastián Salvador -hijo del encargado de anotar los nombres radicales de la lista de Juntos por el Cambio, Daniel Salvador-, Echegaray evitó confrontar con el vicegobernador bonaerense en particular. Pero no escatimó en cuestionamientos hacia quienes ejercieron, desde la cúpula partidaria, el “seguidismo acrítico” de “la clarividencia del núcleo duro del PRO”.

“Evidentemente fracasó la big data, los consultores, las encuestas, los analistas políticos y los medios que generaron toda una ola, en un país donde se subestimó el telón de fondo de la realidad socio-económica. Muchos sectores de la sociedad están sufriendo”, analizó sobre los resultados de las PASO. Además, consideró que el Gobierno subestimó la unidad del peronismo, ante lo cual llamó a “salir de los discursos híper grieta, híper gorilas”.

De cara al futuro próximo, reclamó una “fuerte discusión” intra partidaria y la construcción de un “liderazgo colectivo” que le devuelva a la UCR “un proyecto nacional”, sin el cual “el radicalismo va a estar complicado”. Sin descartar opciones, advirtió que “sin ningún tipo de debate” dentro de Juntos por el Cambio, “podrán seguir algunos dirigentes aislados pero no el radicalismo”. Mientras, hace votos para que el partido “se reencuentre con sus raíces”.

 


-Como radicales críticos, ¿fueron castigados por ese posicionamiento?

-Pertenezco a un sector crítico junto con Fredy (Storani) y a nosotros nos costó hasta que nos castiguen desde el punto de vista de integración de listas y todo ese tipo de cosas. Por el posicionamiento crítico sufrimos tirones de oreja y varias cosas, porque considerábamos que decirle todo que sí tanto a Macri como a Vidal no era ayudarlos, sino perjudicarlos, y fue lo que terminó pasando. Eso ya es historia vieja y habrá que discutirlo puertas adentro del partido, un partido que abandonó el debate político, que lo clausuró en su momento.

“Hay que discutir por qué se clausuró la discusión y se trató de reprimir la crítica cuando era de buena leche.”

-¿Cuándo tiene que empezar esa discusión intra partidaria?

-Después de octubre. No corresponde ahora porque hay que ayudar a lograr la mejor performance posible. Después de octubre, el radicalismo va a tener que entrar en una fuerte discusión porque no es que acá no pasó nada, acá pasó de todo y hay que discutir política en el partido político por antonomasia, por qué se clausuró la discusión y por qué se trató de reprimir la crítica cuando era de buena leche. Mientras tanto, somos orgánicos porque hay muchos radicales que están peleando por ser concejales, intendentes, gobernadores, legisladores y lo que menos ayuda es que juguemos a dinamitar.
 


 

-Además de la crisis socio-económica, ¿qué otros aspectos se subestimaron?

-Lo segundo que se subestimó es la unidad casi total del peronismo. Los gobernadores, los intendentes del conurbano, Massa, el kirchnerismo, la despolarización parcial por no encabezar la fórmula Cristina, porque si encabezaba ella esa unidad no se daba. Fue todo positivo para ellos. Ahora, en el corto plazo debemos buscar que el Presidente gobierne esta difícil realidad y encontrar un piso desde donde seguir intentando captar votos. Buscar mesura y llevar tranquilidad a la sociedad desde los distintos sectores. Una elección que deje para adelante la necesidad de superar la grieta porque la grieta fue fatídica.

“Si te cuesta llegar a fin de mes, podés hacer una pirámide de Egipto que la gente no te va a elegir.”

-¿Macri apostó demasiado a esa grieta?

-Eso lo dijo el propio equipo de campaña, que lo único que quedaba era polarizar. El problema es que cuando se retiró de escena Cristina, al menos parcialmente, se retiró uno de los polos. Cuando eso ocurrió la polarización a ultranza se complicó. Pero no sólo por el movimiento de Cristina, sino por la realidad social, que es la que manda. Muchos sectores que apoyaron a Cambiemos en 2017 cambiaron su voto, que es la única herramienta que tienen para premiar o castigar. Y, a lo mejor, tiene que entender esto también Alberto Fernández, que ese voto no es de él tampoco, sino que es un voto que se trasladó estratégicamente para castigar al Gobierno por las tarifas, los créditos UVA, la inflación y los problemas económicos reales de la gente. Ese sector está muy dolido con el Gobierno porque si bien había algunas obras, si te cuesta llegar a fin de mes, podés hacer una pirámide de Egipto que la gente no te va a elegir.

 


-Teniendo en cuenta lo dificultoso que resultó para el radicalismo recuperar competitividad electoral post 2001, ¿cómo imagina un reposicionamiento post Cambiemos?

-Si aún ganara Cambiemos, esto no obliga a tapar con tierra todos los errores que cometimos, porque los errores están: no haber construido una verdadera coalición de gobierno, no haber tenido un debate de políticas públicas, no tanto de cargo. Hubo políticas públicas que hicieron ruido y que el radicalismo no dijo mucho. Cuando esas cosas pasan, el radicalismo tiene que reposicionarse para adelante, depende de cuál haya sido el resultado, por supuesto, pero va a tener que discutir mucho.

-¿Qué es lo primero que tiene que discutir?

-Primero, un liderazgo colectivo que devuelva al radicalismo un sentido de proyecto nacional. Si no lo recupera, lo que van a quedar son caudillos locales, provinciales y eso no es el radicalismo. Si el proyecto nacional no se recupera, el radicalismo va a estar complicado.

 


-Recientemente el vicegobernador Daniel Salvador dijo a Letra P que, se gane o se pierda en octubre, Cambiemos va a seguir…

-Nadie tiene la bola de cristal. No tengo por qué decir lo contrario. Cambiemos, independientemente del resultado, podrá seguir o no, pero se refunda desde partidos con identidad clara y definida. Y, si los partidos no redefinen identidad política, discusión, debate, pueden ser expresiones de deseo. Si nos toca ser oposición a la próxima etapa, si se logra clarificar ideológicamente qué somos, hacia dónde queremos ir y qué queremos proponerle a la sociedad, probablemente Cambiemos, llame como se llame, podría seguir. Ahora, sin ningún tipo de debate, podrán seguir algunos dirigentes aislados pero no el radicalismo.

“Si no aprendemos de los errores, con el seguidismo acrítico no vamos a ningún lado.”

-¿Y las bases?

-El radicalismo en las bases reales está en estado de ebullición, de discusión. Esto no quiere decir que estén laburando para Fernández. Ahora, el radicalismo que no discute no es radicalismo. El radicalismo que dice que hay que hacer la venia no es radicalismo, es seguidismo acrítico. Y el seguidismo acrítico nos llevó adonde nos llevó. Si no aprendemos de los errores, seguramente con el seguidismo acrítico no vamos a ningún lado.

 


-¿Salvador fue un símbolo de ese seguidismo acrítico?

-No personalizo. Además tengo un respeto y aprecio personal por Daniel. Creo que hubo una corriente de muchos dirigentes nacionales y provinciales que fueron en el sentido del seguidismo acrítico, y de habernos comprado la clarividencia del núcleo duro del PRO, que la tenía clara y que nosotros somos un partido viejo que nos la pasamos discutiendo, así que lo único que teníamos que hacer era saludo uno, saludo dos y darle para adelante. Y, la verdad, eso no nos hizo ningún favor a nosotros ni ningún favor al PRO. Eso nos terminó alejando de la gente. Hay que recuperar el contacto con la gente.

“Discursos con ciertos brotes anti peronistas nos terminaron confundiendo. Recurrir al tema del cuco permanentemente no da resultado.” 

-¿Cómo se recupera ese contacto?

-Hay que salir de los discursos híper grieta, híper gorilas o cosas por el estilo; pueden darle un mensaje a algunos de los votos que ya tenés, pero ese mensaje también hizo ruido porque Macri también tuvo mucho voto peronista para ganar en 2015 y 2017 y yo no entendí cuando muchos reflotaban eso, cuando el propio Raúl Alfonsín nos había hecho entender que había que trabajar por la unidad nacional. Obviamente que la unidad nacional no era con corruptos, pero discursos con ciertos brotes anti peronistas nos terminaron confundiendo. Recurrir al tema del cuco permanentemente no da resultado. Ahora lo que daría resultado es intentar dar soluciones.

-¿Alcanzan las recientes medidas de Macri o llegan tarde?

-Con la realidad socio económica que tenemos nada alcanza pero es un reconocimiento, un revertir la tendencia reconociendo que la sociedad está sufriendo y tenemos que lograr en el consumo de alimentos efectivamente se vea reflejado, pero no es suficiente. La bolsa de harina no tiene esa quita del IVA, hay que trabajar con la industria molinera para que el pan no se dispare.

 



-¿Cómo va a trabajar el radicalismo crítico de cara a la interna partidaria? ¿Van a plantear una estructura dirigencial distinta? ¿Van a presentar una alternativa en las elecciones del partido el año que viene?

-Ojalá lo supiera. Quiero ser respetuoso de nuestras propias capacidades. Lo que sí, quiero ser honesto intelectualmente. No somos clarividentes, nos adelantamos con algunas críticas y nos comimos algunos palazos por ser críticos. Para adelante, queremos que el radicalismo vuelva a su cauce de siempre, que es discutir entre iguales políticamente, volver a intentar tener un liderazgo a partir del debate y de reencontrarnos con nuestras raíces.

-¿Pero, para eso tiene que haber un nuevo liderazgo?

-Bueno, eso hay que verlo, democráticamente lo tendrá que resolver el partido. Esto no se manejó como debería haberse manejado y se buscó acallar la crítica, rehuir al debate y decir más veces sí que no. En el futuro, para volver al radicalismo, no quiere decir romper con el PRO, con la Coalición Cívica, sino reafirmarse desde su identidad. Yo no soy de los que proponen lista 3 por más que tengo un gran recuerdo emotivo. La política hoy mundialmente va hacia las coaliciones. Estuve de acuerdo con Cambiemos desde Gualeguaychú y soy un diputado que presenta críticas pero que es orgánico, pero para adelante debe construirse un liderazgo colectivo, quizás no sea individual, el radicalismo debe ser un proyecto nacional. Lo que va a buscar nuestro sector es volver al cauce de la discusión, del debate, de la elaboración política y no hacer catarsis inmovilizante, eso no me interesa porque esa te deja parado en el tiempo.