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Sin Urtubey, el candidato presidencial visitó Rosario, donde el gobernador Lifschitz le preparó recorrida y encuentro con empresarios. Bonfatti, ausente.
Por 24/07/2019 18:57

El candidato a presidente por Consenso Federal, Roberto Lavagna, visitó Rosario en el marco del convite que le hizo el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, como forma de consolidar la candidatura en suelo santafesino. Con faltazo por problemas de agenda de su candidato a vicepresidente, Juan Manuel Urtubey, el ex ministro de Economía, palmo a palmo con Lifschitz, insistió en criticar la grieta y mantener una equidistancia desde la desdibujada avenida del medio.

Su primera parada fue el Polo Tecnológico de Rosario de un fuerte sello de innovación y productividad. Charló del futuro con algunos empresarios, pero eso quedó en segundo plano frente al discurso político que ofreció frente a la prensa.

Aún mantenía resabios del enojo que le producen las encuestas que sólo hablan de la polarización entre el macrismo y el Frente de Todos, relegándolo de toda posibilidad. Es por eso que decidió continuar con la línea de la carta abierta que difundió este lunes, en la que denunció la intención del resto de invisibilizarlo.

 

 

“Ninguno de los dos quiere cambiar. Los que polarizan no han sido explícitos con lo que van a hacer. La polarización es un deterioro a la democracia”, afirmó. Volvió a considerar las PASO del 11 de agosto como una “gran encuesta para expresar su voluntad, no elegir candidatos”.

Más tarde paseó por la peatonal Córdoba, en el corazón del centro rosarino. Luego se trasladó al moderno Puerto Norte, a un salón con vista al río Paraná, donde brindó la charla “Claves para la Argentina del futuro” frente a empresarios del sector de la construcción, servicios, comercio y contratista. Allí se congregó la dirigencia socialista, pero sin el ala de Antonio Bonfatti, en una clara demostración de distanciamiento con la fórmula presidencial. Nobleza obliga, dirán los presentes: nadie reclamó por la ausencia de Urtubey.

 

 

LA ODISEA. Fiel ladero, Lifschitz se sumó a la idea de desterrar la grieta, desafío que a esta altura parece una utopía. Fue el gobernador quien retomó y dio impulso a las chances. “Hay posibilidades. Lavagna tiene la mejor imagen. Un ballotage entre Mauricio Macri y Alberto Fernández sería parejo. Pero Lavagna contra cualquiera de los dos ganaría con holgura”, afirmó, y despertó aplausos.

Claro que para eso debería ganar o salir segundo en la primera vuelta y por ahora está a más de 25 puntos. Si bien critica la grieta, su estrategia parece ser distanciarse desde el centro, empujando hacia los extremos con la misma intensidad.

“El kirchnerismo sólo impulsó el consumo sin producción. Eso tiene patas cortas porque deriva en un proceso inflacionario. Y este gobierno decidió que la economía iba a arrancar con una lluvia de inversiones y la lluvia fue para afuera, porque acá no había rentabilidad. El actual gobierno sólo tiene carácter de tipo financiero”, disparó.

“Ha habido pedidos del gobierno de bajar mi candidatura. Es pasado, este espacio va a estar presente”, reveló sin entrar en detalles. Y se enfocó en lo que haría en caso de asumir como presidente. “La chispa de arranque es ponerle plata en el bolsillo a la gente. Y, al mismo tiempo, una baja de impuestos para dar productividad y empleo”, dijo, en coincidencia con lo que pregona el candidato presidencial del Frente de Todos. Ambos, de la génesis del primer kirchnerismo.