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El frente Todos llama a los miembros de sus dos fórmulas principales por sus nombres de pila. En una gacetilla oficial habla de Alberto, Cristina, Axel y Verónica, muy al estilo PRO.
Por 13/06/2019 16:39

El post kirchnerismo trae nuevos vientos. Por ahora, de forma, pero nuevos. En su debut en la cancha de la campaña para las elecciones presidenciales e octubre -con primera parada en las primarias de agosto-, el Frente de Todos, la coalición que encabezan el Partido Justicialista y el Frente Renovador, aportó una novedad que lo acerca a ciertos hábitos estéticos del macrismo: llamó por su nombre de pila a los integrantes de sus dos fórmulas más importantes.

“Alberto, Cristina, Axel y Verónica se reunieron con el Frente Sindical Nacional y las CTA”, tituló la gacetilla de prensa que distribuyó para difundir el encuentro que los precandidatos a presidente, Alberto Fernández; a vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner; a gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y a vicegobernadora de esa provincia, Verónica Magario, mantuvieron este jueves con referentes sindicales.

 

 

Se sabe: no hay macrista que hable de Macri: el Presidente es Mauricio. Y nunca es Vidal: la gobernadora bonaerense es María Eugenia.

La coincidencia acaso sea fortuita, aunque no es posible descartar, en este amanecer de la campaña, que se trate de una estrategia para limar asperezas de un movimiento político que se sintió siempre cómodo en la rudeza más que en la ternura y denostó el estilo PRO, al que ligó con la candidez aniñada -hueca, al decir del kirchnerismo vehemente- de los globos y los festejos a pura coreo.

En esta línea, vale tomar en cuenta la coincidencia en el análisis de tres consultores citados en una nota publicada este miércoles por Letra P: todas las decisiones que tomaron los grandes jugadores del tablero electoral en estas horas de definiciones, apuntaron Diego Reynoso, Carlos De Ángelis y Florencia Filardo, respondieron a la pelea por el voto de la avenida del medio, donde se amontonan los enojos con el último kirchnerismo.

 

 

Nacido con el renunciamiento de CFK a la candidatura a la presidencia y su cesión a Alberto Fernández, un kirchnerista fundacional que terminó la era K con críticas muy duras al gobierno de su ahora compañera de fórmula, el post kirchnerismo creció de golpe este miércoles, con la inscripción del partido que comanda el ex fundador del peronismo centrista Sergio Massa en un frente común con el Partido Justicialista, tomado por el kirchnerismo, que volvió a las fuentes después de descartarlo y competir con el sello Unidad Ciudadana en las elecciones de 2017.

Salvedades necesarias: no es nuevo que Cristina sea Cristina y Alberto había sido Alberto F. para diferenciarse de Aníbal F., el otro Fernández del kichnerismo. El problema de todos ellos es el Fernández, un apellido demasiado impersonal que obliga a aclaraciones y termina naturalmente relegado por los nombres de pila, que resultan más eficientes a los efectos de la comunicación.

La novedad está encarnada en Axel y en Verónica, que no se llaman Fernández ni González ni Rodríguez, sino Kicillof y Magario. ¿Cuántos Kicillof y cuántas Magario hay en la política argentina? En sus casos, la apelación a sus nombres de pila podría responder a una anécdota (si hay que hablar de Cristina y Alberto, Kicillof y Magario quedan mal en un mismo título) o de una estrategia estética que acercaría al post kirchnerismo al estilo festilindo que tanto fustigó.

La macrización post K: de la aspereza kirchnerista a candidatos sin apellido

El frente Todos llama a los miembros de sus dos fórmulas principales por sus nombres de pila. En una gacetilla oficial habla de Alberto, Cristina, Axel y Verónica, muy al estilo PRO.

El post kirchnerismo trae nuevos vientos. Por ahora, de forma, pero nuevos. En su debut en la cancha de la campaña para las elecciones presidenciales e octubre -con primera parada en las primarias de agosto-, el Frente de Todos, la coalición que encabezan el Partido Justicialista y el Frente Renovador, aportó una novedad que lo acerca a ciertos hábitos estéticos del macrismo: llamó por su nombre de pila a los integrantes de sus dos fórmulas más importantes.

“Alberto, Cristina, Axel y Verónica se reunieron con el Frente Sindical Nacional y las CTA”, tituló la gacetilla de prensa que distribuyó para difundir el encuentro que los precandidatos a presidente, Alberto Fernández; a vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner; a gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y a vicegobernadora de esa provincia, Verónica Magario, mantuvieron este jueves con referentes sindicales.

 

 

Se sabe: no hay macrista que hable de Macri: el Presidente es Mauricio. Y nunca es Vidal: la gobernadora bonaerense es María Eugenia.

La coincidencia acaso sea fortuita, aunque no es posible descartar, en este amanecer de la campaña, que se trate de una estrategia para limar asperezas de un movimiento político que se sintió siempre cómodo en la rudeza más que en la ternura y denostó el estilo PRO, al que ligó con la candidez aniñada -hueca, al decir del kirchnerismo vehemente- de los globos y los festejos a pura coreo.

En esta línea, vale tomar en cuenta la coincidencia en el análisis de tres consultores citados en una nota publicada este miércoles por Letra P: todas las decisiones que tomaron los grandes jugadores del tablero electoral en estas horas de definiciones, apuntaron Diego Reynoso, Carlos De Ángelis y Florencia Filardo, respondieron a la pelea por el voto de la avenida del medio, donde se amontonan los enojos con el último kirchnerismo.

 

 

Nacido con el renunciamiento de CFK a la candidatura a la presidencia y su cesión a Alberto Fernández, un kirchnerista fundacional que terminó la era K con críticas muy duras al gobierno de su ahora compañera de fórmula, el post kirchnerismo creció de golpe este miércoles, con la inscripción del partido que comanda el ex fundador del peronismo centrista Sergio Massa en un frente común con el Partido Justicialista, tomado por el kirchnerismo, que volvió a las fuentes después de descartarlo y competir con el sello Unidad Ciudadana en las elecciones de 2017.

Salvedades necesarias: no es nuevo que Cristina sea Cristina y Alberto había sido Alberto F. para diferenciarse de Aníbal F., el otro Fernández del kichnerismo. El problema de todos ellos es el Fernández, un apellido demasiado impersonal que obliga a aclaraciones y termina naturalmente relegado por los nombres de pila, que resultan más eficientes a los efectos de la comunicación.

La novedad está encarnada en Axel y en Verónica, que no se llaman Fernández ni González ni Rodríguez, sino Kicillof y Magario. ¿Cuántos Kicillof y cuántas Magario hay en la política argentina? En sus casos, la apelación a sus nombres de pila podría responder a una anécdota (si hay que hablar de Cristina y Alberto, Kicillof y Magario quedan mal en un mismo título) o de una estrategia estética que acercaría al post kirchnerismo al estilo festilindo que tanto fustigó.