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La gobernadora y parte de su gabinete estuvieron presentes y rubricaron el acta oficial de asunción. El ministro decano de la Corte se esforzó por cerrar la grieta en la cúspide judicial.
Por 30/05/2019 17:49

“Queda conformada de esta manera la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires”. A las 12.40 de este jueves 30 de mayo de 2019, con la asunción del juez Sergio Gabriel Torres la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal cubrió la vacante generada hace más de 31 meses con la jubilación de Juan Carlos Hitters y logró completar todos los casilleros del mayor órgano judicial bonaerense.

La llegada de Torres a su nueva casa no fue fácil. Fue impugnado por una ONG cercana a Cambiemos y por el Colegio de Abogados de La Plata. Además, dos jueces de la Corte se opusieron porque -esgrimieron- el postulante no cumplía con el requisito constitucional de tener residencia en suelo bonaerense. Todos esos obstáculos fueron aplanados por la política, que se impuso a la carta magna provincial.

 


 

Durante el acto, el locutor recordó que no todo el cuerpo colegiado estaba de acuerdo y que el dictamen fue “por mayoría”, es decir, no existió unanimidad. A través de una resolución, los jueces Hilda Kogan, Luis Genoud, Héctor Negri y Daniel Soria consideraron que corresponde tomarle el juramento a Torres, mientras que el titular de la Corte, Eduardo Néstor de Lázzari, y su par Eduardo Pettigiani votaron en disidencia.

Tras jurar “ante Dios por la patria y sobre los santos evangelios”, Torres saludó a cada integrante de la cabeza del Poder Judicial bonaerense. Cuando llegó ante el procurador vidalista Julio Marcelo Conte Grand, se abrazaron y se dijeron unas palabras al oído. Luego del acto, el nuevo supremo se fundió en otro fuerte abrazo con Vidal. La batalla política había sido ganada y la Gobernadora lograba colocar a un juez experto en derecho Penal, con quien tiene química personal e institucional.

 

 

Pero faltaba marcar el terreno y poner paños fríos. El encargado de despejar toda duda, como si se tratara de una ecuación matemática, fue Negri, el ministro decano de la Corte orador del acto. En su intento de terminar con las turbulencias internas, delante de Vidal y parte de su gabinete destacó conocer a Torres. “Compartimos cátedras en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y con él hemos recorrido toda la provincia de Buenos Aires en las distintas subsedes”, indicó.

“Querido amigo, estoy seguro de que usted se siente honrado de pertenecer a este alto tribunal, nosotros también nos sentimos honrados con su presencia, con su llegada”, sentenció Negri en otro intento de borrar la grieta judicial, lo que generó un fuerte aplauso del público.

 

 

Para Negri, es “compleja” la tarea de administrar justicia. “A los tribunales solo llegan conflictos, no nos llegan amistades. El conflicto significa una paz, un diálogo, que se ha quebrado, eso es muy triste y muy grave porque la paz es el reino de los seres humanos, del mismo modo que los animalitos del aire necesitan el aire para volar, los pececitos el agua, nosotros los seres humanos necesitamos la paz. Cuando hay paz se puede estudiar, trabajar, pensar, rezar a Dios, amar, escribir cosas”, describió debajo de un gran crucifijo que se alza en el salón donde fue la asunción.

En el tramo más místico de su discurso, Negri consideró que “si la paz desaparece, como dice el evangelio, el ser humano es la sal de la tierra, si la sal se diluye con qué la tierra podrá ser salada. A nosotros nos toca recuperar esa paz cuando se ha perdido. El juez es el restaurador de la paz, es quien trata de restablecer hasta donde le es humanamente posible esa paz que se ha quebrado”.

 


 

Las palabras de Negri fueron atentamente escuchadas por los jueces federales Claudio Bonadío y Daniel Rafecas, quienes abandonaron el edificio judicial de Comodoro Py para llegar a la capital de Buenos Aires y acompañar al ex juez federal en su nuevo rol de magistrado provincial.

El ministro decano recordó que hacer 36 años forma parte de la Corte, “desde el renacimiento de la democracia”, y subrayó: “Nunca, nunca, jamás existió una presión ni política ni económica que haya podido torcer un centímetro nuestras decisiones”.

 

 

En esa línea argumentó: “No las torcieron porque, además, esas presencias o presiones, esos intentos, no existieron, y eso vale especialmente, y lo quiero revindicar, para esta última gobernación, en ningún momento tuvimos presiones de nada”. Frente a él estaba Vidal, el ministro de Justicia, Gustavo Ferrari; el de Seguridad, Cristian Ritondo, y el de Economía, Hernán Lacunza.

“Nos habremos equivocado, como todos los seres humanos; nadie es dueño de la verdad o el error”, siguió el experimentado juez, “pero lo hicimos con la mayor conciencia de la búsqueda de justicia, de la ley, de la Constitución, de los tratados internacionales y, sobre todas las cosas, el respeto a la dignidad de la persona humana”.

 


 

“Doctor Torres, le entrego mi abrazo en este momento. Trabajaremos juntos, a veces discreparemos, en otras coincidiremos, pero entre todos vamos a tratar de ir construyendo día a día una justicia mejor que sirva a los intereses del pueblo, al servicio de la Provincia, de la Nación y al respeto del ser humano”, cerró su discurso.

 

 

El acto cumplió con todos los protocolos y almidón del caso, pero tuvo una particularidad: contó con la “banda sonora” de la ruidosa Asociación Judicial Bonaerense que, a golpes de bombo y estruendo de pirotecnia, hicieron tronar sus reclamos por aumentos salariales. Al compás de Maluma y su hit “Despacito”, le recordaron a Vidal que los trabajadores judiciales tienen salarios por debajo de la línea de pobreza.

Con la asunción de Sergio Torres, Vidal ya tiene su Corte completa

La gobernadora y parte de su gabinete estuvieron presentes y rubricaron el acta oficial de asunción. El ministro decano de la Corte se esforzó por cerrar la grieta en la cúspide judicial.

“Queda conformada de esta manera la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires”. A las 12.40 de este jueves 30 de mayo de 2019, con la asunción del juez Sergio Gabriel Torres la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal cubrió la vacante generada hace más de 31 meses con la jubilación de Juan Carlos Hitters y logró completar todos los casilleros del mayor órgano judicial bonaerense.

La llegada de Torres a su nueva casa no fue fácil. Fue impugnado por una ONG cercana a Cambiemos y por el Colegio de Abogados de La Plata. Además, dos jueces de la Corte se opusieron porque -esgrimieron- el postulante no cumplía con el requisito constitucional de tener residencia en suelo bonaerense. Todos esos obstáculos fueron aplanados por la política, que se impuso a la carta magna provincial.

 


 

Durante el acto, el locutor recordó que no todo el cuerpo colegiado estaba de acuerdo y que el dictamen fue “por mayoría”, es decir, no existió unanimidad. A través de una resolución, los jueces Hilda Kogan, Luis Genoud, Héctor Negri y Daniel Soria consideraron que corresponde tomarle el juramento a Torres, mientras que el titular de la Corte, Eduardo Néstor de Lázzari, y su par Eduardo Pettigiani votaron en disidencia.

Tras jurar “ante Dios por la patria y sobre los santos evangelios”, Torres saludó a cada integrante de la cabeza del Poder Judicial bonaerense. Cuando llegó ante el procurador vidalista Julio Marcelo Conte Grand, se abrazaron y se dijeron unas palabras al oído. Luego del acto, el nuevo supremo se fundió en otro fuerte abrazo con Vidal. La batalla política había sido ganada y la Gobernadora lograba colocar a un juez experto en derecho Penal, con quien tiene química personal e institucional.

 

 

Pero faltaba marcar el terreno y poner paños fríos. El encargado de despejar toda duda, como si se tratara de una ecuación matemática, fue Negri, el ministro decano de la Corte orador del acto. En su intento de terminar con las turbulencias internas, delante de Vidal y parte de su gabinete destacó conocer a Torres. “Compartimos cátedras en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y con él hemos recorrido toda la provincia de Buenos Aires en las distintas subsedes”, indicó.

“Querido amigo, estoy seguro de que usted se siente honrado de pertenecer a este alto tribunal, nosotros también nos sentimos honrados con su presencia, con su llegada”, sentenció Negri en otro intento de borrar la grieta judicial, lo que generó un fuerte aplauso del público.

 

 

Para Negri, es “compleja” la tarea de administrar justicia. “A los tribunales solo llegan conflictos, no nos llegan amistades. El conflicto significa una paz, un diálogo, que se ha quebrado, eso es muy triste y muy grave porque la paz es el reino de los seres humanos, del mismo modo que los animalitos del aire necesitan el aire para volar, los pececitos el agua, nosotros los seres humanos necesitamos la paz. Cuando hay paz se puede estudiar, trabajar, pensar, rezar a Dios, amar, escribir cosas”, describió debajo de un gran crucifijo que se alza en el salón donde fue la asunción.

En el tramo más místico de su discurso, Negri consideró que “si la paz desaparece, como dice el evangelio, el ser humano es la sal de la tierra, si la sal se diluye con qué la tierra podrá ser salada. A nosotros nos toca recuperar esa paz cuando se ha perdido. El juez es el restaurador de la paz, es quien trata de restablecer hasta donde le es humanamente posible esa paz que se ha quebrado”.

 


 

Las palabras de Negri fueron atentamente escuchadas por los jueces federales Claudio Bonadío y Daniel Rafecas, quienes abandonaron el edificio judicial de Comodoro Py para llegar a la capital de Buenos Aires y acompañar al ex juez federal en su nuevo rol de magistrado provincial.

El ministro decano recordó que hacer 36 años forma parte de la Corte, “desde el renacimiento de la democracia”, y subrayó: “Nunca, nunca, jamás existió una presión ni política ni económica que haya podido torcer un centímetro nuestras decisiones”.

 

 

En esa línea argumentó: “No las torcieron porque, además, esas presencias o presiones, esos intentos, no existieron, y eso vale especialmente, y lo quiero revindicar, para esta última gobernación, en ningún momento tuvimos presiones de nada”. Frente a él estaba Vidal, el ministro de Justicia, Gustavo Ferrari; el de Seguridad, Cristian Ritondo, y el de Economía, Hernán Lacunza.

“Nos habremos equivocado, como todos los seres humanos; nadie es dueño de la verdad o el error”, siguió el experimentado juez, “pero lo hicimos con la mayor conciencia de la búsqueda de justicia, de la ley, de la Constitución, de los tratados internacionales y, sobre todas las cosas, el respeto a la dignidad de la persona humana”.

 


 

“Doctor Torres, le entrego mi abrazo en este momento. Trabajaremos juntos, a veces discreparemos, en otras coincidiremos, pero entre todos vamos a tratar de ir construyendo día a día una justicia mejor que sirva a los intereses del pueblo, al servicio de la Provincia, de la Nación y al respeto del ser humano”, cerró su discurso.

 

 

El acto cumplió con todos los protocolos y almidón del caso, pero tuvo una particularidad: contó con la “banda sonora” de la ruidosa Asociación Judicial Bonaerense que, a golpes de bombo y estruendo de pirotecnia, hicieron tronar sus reclamos por aumentos salariales. Al compás de Maluma y su hit “Despacito”, le recordaron a Vidal que los trabajadores judiciales tienen salarios por debajo de la línea de pobreza.