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Lo electoral pesa cada vez más en el derrumbe de los bonos, pero no es el púnico factor. Errores no forzados, gestos de debilidad y una duda cruel sobre 2020.
Por 09/04/2019 17:19

Si no es el dólar, es la inflación y, si no, el riesgo país: siempre hay un número que se convierte en desvelo para el gobierno menguante de Mauricio Macri. Ese último indicador, la mejor muestra de la confianza o la desconfianza del mercado en la capacidad de un Estado de honrar sus deudas, cerró este martes a 814 puntos básicos, su mayor nivel del año, sembrando fuertes dudas de que el país logre en el futuro previsible volver a financiarse sin el bastón que significa el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El riesgo país es un índice que realiza el banco de inversión JP Morgan que mide el diferencial del rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a diez años con respecto a papeles similares del resto de los países. Decir que el riesgo argentino es de 800 puntos, por ejemplo, implica que los papeles nacionales pagan ocho puntos porcentuales más que los Bonos del Tesoro, considerados de riesgo cero.

Se trata, claro, de niveles de usura, propios de un país en riesgo de default y a los que no buscaría financiarse ningún gobierno que no estuvira desesperado. Por eso, Macri y Nicolás Dujovne acudieron en su momento al Fondo, algo que, al revés de lo que se esperaba, no ha permitido recrear la confianza.

 

 

El indicador había alcanzado un récord en el actual gobierno el 27 de diciembre, cuando llegó a 837 puntos básicos. Ahora registra el nivel más alto de 2019 y se acerca peligrosamente a ese máximo, dejando latente la posibilidad de que gatille una nueva edición de la tormenta cambiaria. ¿Qué está pasando exactamente y por qué el panorama se agrava ahora?

“Más que un rally contra activos argentinos, lo que hay es destrucción, porque se trata de una tendencia de fondo.” (Gustavo Neffa)

Gustavo Neffa, socio y director de Research for Traders, puso en negro sobre blanco la realidad de lo que está pasando. “Más que un rally contra activos argentinos, lo que hay es destrucción, porque se trata de una tendencia de fondo”, le dijo a Letra P.

Las razones del fenómeno son varias. La profundidad de la crisis económica, la resistencia de la inflación a la baja, la dureza de la recesión, los errores del Gobierno, las señales de debilidad que emite, su caída en las encuestas, la posibilidad de que lo derrote Cristina Kirchner y, lo más inquietante, las dudas sobre la capacidad de la Argentina de pagar sus deudas a partir del año próximo.

Amílcar Collante, del Centro de Estudios Económicos del Sur (CeSur), recordó, por su parte, que “el riesgo país empezó a subir a mediados de febrero, desacoplado de cualquier país de la región o de similar riesgo. Primero fue por los datos de inflación, que fueron más arriba que lo esperado, pero la tendencia siguió, no solo por los precios sino por la disparada del dólar en marzo, que pega más en los precios y en una recesión que va a resultar más larga que lo proyectado”.

 

 

“A medida que se acercan las elecciones, los mercados se van poniendo nerviosos. Puede que el riesgo país baje un poco en algún momento, pero el mercado ya votó: necesita una confirmación en las urnas”, explicó Neffa.

Para Collante, “en lo político, el mercado nota que la coalición oficial muestra tensiones importantes y que la gestión tiene errores. Por eso está priceando más la debilidad del Gobierno y la posibilidad de que pierda las elecciones que la posibilidad de que gane otro actor. Pero, en última instancia, influye la posibilidad de la vuelta de Cristina, que, dados los antecedentes, podría implicar un regreso de los controles de capital y una renegociación tensa con el Fondo Monetario para refinanciar esos pagos y, posiblemente, otras deudas del Estado. Hay análisis que indican que, por encima de los 800 puntos básicos, el riesgo país refleja el ‘factor Cristina’”.

¿Todo se reduce a lo electoral?

“No todo es electoral; si así fuera, después de Río Negro y Neuquén (donde perdió el kirchnerismo) los precios de los títulos públicos habrían mejorado. En el fondo, lo que el mercado necesita es saber qué hará la próxima gestión con el manejo de la deuda”, insistió Neffa.

-¿Hay dudas sobre la sustentabilidad de la deuda incluso si gana Macri?

-La pregunta es correcta. Sí, hay muchas dudas.

 

 

Leonardo Chialva, socio de Delphos Investment, notó en diálogo con este medio que “la revisión del FMI alertó que las cosas vienen peor de lo que muchos habían estimado. Entonces, se combinan varios factores: una liquidación de fondos por algunos cortes técnicos, malos resultados de Cambiemos en las provincias y encuestas que provocan nerviosismo. Pero también pesa el cambio de actitud del Gobierno, que convalida ese nerviosismo".

 

 

Consultado sobre cuáles son esos cambios que les caen mal a los inversores, Chialva mencionó el proyecto de control de precios, entre otros. “La lista es más larga e incluye a los radicales haciendo su propio juego, la apertura (de la fórmula) a la UCR, las declaraciones de Marcos Peña, las reuniones con el denostado ‘Círculo Rojo’. Todo eso es la confirmación de que Macri está flojo en lo electoral y la contracara, que Cristina Kirchner está muy bien. Ese juego provoca ruido y temores lógicos”, señaló.

Pablo Castagna, director de Portfolio Personal, también aludió a lo electoral, pero fue más allá.

“Los vencimientos de 2019 están cubiertos. Pero, haciendo números gruesos, el mercado lee que incluso si se renovase un porcentaje alto de las Lete (Letras del Tesoro), en 2020 harían falta unos 16.000 millones de dólares. En algún momento el mercado va a tener que volver a confiar si se pretende que preste ese dinero, algo que no va a ser posible si vuelve el populismo. Ahí está el problema”.

De hecho, la posibilidad de que el país deba encarar una renegociación de sus compromomisos cuando ya no cuente con el dinero del FMI, volcado de manera excesiva en beneficio de la administración saliente, no es un tema nuevo entre muchos economistas.

Rendimientos de más del 15% en títulos públicos pueden ser un llamador para los inversores más acostumbrados al vértigo, pero esas apuestas no suelen terminar bien para los países. Por eso los seguros contra un default argentino cotizan a niveles récord.

 

 

Más allá de lo económico y lo financiero, hay algo de fondo, dado por la estrategia de acumulación de poder que el Gobierno siguió desde el primer día, que también hace ruido. Es la “grieta”. Así como Cristina Kirchner jugó a ella y terminó perdiendo con Macri, este corre el riesgo ahora de que los enanos también crezcan en su circo.