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Esteban Borgonovo, el hombre del teléfono rojo

Comandará el Ministerio de Gobierno, Justicia y Derechos Humanos. Racional, riguroso y dialoguista. En esta nota del 2 de diciembre, retrato de un componedor apodado “el maratonista”.
Por 02/12/2019 11:47

La confirmación de que el rosarino Esteban Borgonovo asumirá como ministro de Gobierno de Omar Perotti en los próximos días llegó in situ. Fue el jueves pasado, cuando junto al también futuro funcionario Rubén Michlig estuvo reunido con senadores y diputados en la Legislatura provincial, para terminar de quitarle las esquirlas al presupuesto 2020. Y es que ese va a ser, justamente, su rol dentro del nuevo gabinete: tener el teléfono rojo en su escritorio de Casa de Gobierno y línea directa con los poderes Legislativos y Judicial.

 

 

Durante la primera gobernación de Jorge Obeid, el rosarino Borgonovo  fue subsecretario de Asuntos Legislativos y en los últimos años retomó una tarea vinculada al armado de proyectos normativos como funcionario del Congreso de la Nación. Entre 2013 y 2015 asesoró al diputado nacional Agustín Rossi y, ya en el 2016, fue la vicegobernadora electa Alejandra Rodenas quien empezó a certificar sus servicios. Los tres se conocían de cuando estudiaban en la Facultad de Derecho de Rosario y fue ella quien, este año, se lo presentó a Perotti, no pensando en que fuera a ocupar un ministerio sino en que el rafaelino tuviera a alguien de confianza y con contactos para hacer pie en Rosario.

Dicen que a Perotti le cayó bien de entrada y así su nombre tuvo aceptación simultánea a ambos lados de la fórmula peronista que va a gobernar Santa Fe hasta 2023. El futuro mandatario reconoció en él un fuerte perfil político y de acción: un conocedor del paño. Le gustó que tuviera bajo perfil, lo vio racional, riguroso y mesurado pero a la vez con espíritu dialoguista.

 

 

Enseguida se lo imaginó para el Ministerio de Justicia, hasta que le dio forma a la Ley de Ministerios y amplió esa cartera con el rol más político de todos. La oferta fue demasiado tentadora como para rechazarla. Borgonovo le dijo que sí al superministerio y pidió agregar las áreas de Diversidad y Género.

Esta no va a ser la primera vez que asuma como ministro. El ex concejal llegó al gobierno de Carlos Reutemann el 18 de marzo del 2002, cuando juró “por la patria y el honor”, para encabezar la cartera de Gobierno y Culto. Duró menos de un año. En un marco de alta conflictividad, le habían encomendado la tarea de bajar las tensiones políticas derivadas de la crisis de 2001 y las matanzas por la represión policial.

Su militancia activa del peronismo cuando era adolescente, su secuestro en 1977 y el informe que elaboró en 1997 sobre el rol de la policía provincial dentro del terrorismo de Estado durante la última dictadura militar lo habían acercado a los organismos de derechos humanos y el ex Fórmula 1 pensó que podía ser el indicado para reemplazar a Lorenzo Domínguez y recomponer la imagen del gobierno.
 

 

Pero para diciembre de 2002, la figura del rosarino ya se había desgastado y entonces Reutemann le comunicó que debía dejar su cargo porque “había que oxigenar el gabinete”. Fue el séptimo cambio de ministro que el actual senador nacional por Santa Fe hizo en menos de 12 meses. Su apellido, sin embargo, siguió sonando durante varios años más por la Ley Borgonovo, con la que intentó darle respuesta al reclamo popular del “que se vayan todos”. Esa normativa significó reducir el número de concejales, casi a la mitad, en Santa Fe y en Rosario con el argumento de bajar el gasto público.

En 2011, fue modificada por la Legislatura y se volvió a incrementar, de manera progresiva, el número de ediles en ambos recintos. Su último cargo de gestión pública lo tuvo en 2004 durante la segunda gobernación de Obeid, quien lo designó como presidente del directorio del Ente Administrador del Aeropuerto Internacional de Rosario.

 

 

Tras pasar varios años alejado de la escena política, un conflicto que aún no está resuelto volvió a ponerlo en la tapa de los diarios. Fue en 2012, cuando la ONG Giros -integrada por los actuales ediles de Rosario Caren Tepp y Juan Monteverde- lo denunció por intentar usurpar el tambo La Resistencia, ubicado a las afueras de Rosario. Borgonovo representaba a la empresa Cimar S.A., que reclamaba la propiedad de los terrenos donde está ubicado, desde hace más de 20 años, el emprendimiento.

Ahora, a los 60, Borgonovo vuelve recargado, con mucho poder, a ocupar la línea de fuego y ensanchar el perottismo. Disciplinado y deportista, siempre se levanta temprano y si bien durante mucho tiempo jugó al tenis, en los últimos tiempos empezó a correr por las calles de la zona norte de Rosario, cerquita del balneario La Florida. Tanto que sus amigos, con los que se junta a cenar una vez por semana, lo empezaron a llamar “el maratonista” cuando les mostró un trofeo que ganó en una de esas carreras.

 

 

Le encanta estar tostado y si bien aprovecha los ratos al aire libre para tomar color, en verano prefiere compartir con sus dos hijas el sol de la costa atlántica. Cerca del rafaelino dicen que lo valora como cuadro técnico y resolutivo y porque, “más que como un abogado, gestiona como un ingeniero”, capaz de levantar puentes que resistan las crecidas y mantengan la unidad entre los islotes del amplio bañado del peronismo litoraleño.