X

“Tenemos mucha expectativa de revertir el resultado de las PASO”

El candidato a vicepresidente por Consenso Federal explica por qué es optimista. “Liquidez” electoral, piloto de tormentas y reforma del sistema de gobierno. Su definición de Macri, Vidal y CFK.

Por y 03/10/2019 18:18

“Tenemos expectativa de revertir el resultado de las PASO”. Sentado en una de las oficinas de la corresponsalía de Buenos Aires de Letra P, en La Plata, el gobernador de Salta y candidato a vicepresidente por Consenso Federal, Juan Manuel Urtubey, se mostró confiado pese a los más de 20 puntos que su fuerza necesita remontar para pelear la entrada a un eventual ballotage. Un optimismo con tres patas: la figura del candidato a presidente de su espacio, Roberto Lavagna, el rechazo del electorado a Cambiemos y los dos millones de votos conseguidos por una fuerza conformada solo dos meses antes de las Primarias de agosto.

El candidato afirmó que el 11 de agosto “nació una nueva Argentina” en la que cobra relevancia el exministro de Economía, al que la fuerza publicita como el piloto de tormenta que puede sacar al país de la crisis porque “ya lo hizo una vez”. Aquel nuevo país al que se refiere es el del 70% del electorado dándole la espalda a la actual gestión. “Lavagna es el dirigente que puede sacarnos de este berenjenal tremendo”, reiteró Urtubey sobre su compañero de fórmula.

En las Primarias, el Frente de Todos, con la fórmula Fernández – Fernández, sumó 12.205.938 votos (47,19%); Juntos por el Cambio, con Macri y Pichetto, 8.121.689 votos (31,4%), y Consenso Federal, 2.081.315 votos (8,04%). Para alcanzar el objetivo de llegar a la segunda vuelta, Lavagna – Urtubey debieran descontar más de seis millones de votos esperando además que el peronismo unido no supere el 45% y le saque 10 puntos de diferencia. Parece imposible, pero el gobernador tiene una teoría para refutarlo. Dice que “existe liquidez en lo electoral”, es decir, que los votos son de quien los obtuvo pero que rápidamente vuelven al electorado y que la gente puede cambiar de opinión, elegir a otro. “Es un error pensar linealmente”, afirma.
 

BIO. Tiene 50 años. Es el octavo de diez hermanos en una familia de mucha tradición provincial formada por Rodolfo Urtubey, ex presidente de la Corte salteña, y Lía Mera Figueroa, escribana y hermana de Julio Mera Figueroa, ministro del Interior durante el menemismo. Abogado recibido en la UBA, tuvo cuatro hijos con su ex esposa, Ximena Saravia Toledo, y luego fue padre de Isabelita en su matrimonio con la actriz Isabel Macedo. Fue secretario de Gobierno en el gobierno de Juan Carlos Romero y luego, ocho años diputado nacional. En 2007 ganó la gobernación de Salta. Fue reelecto en 2011 y en 2015. Candidato a vicepresidente por Consenso Federal.


Durante la charla con este medio -en la que estuvo acompañado del candidato a gobernador Eduardo Bucca y el postulante a la intendencia de La Plata, Gabriel Crespi-, el salteño analizó además la competitividad de los espacios políticos como instancia permanente, la necesidad de modificar el sistema de gobierno para salir de la lógica híperpresidencialista y definió a los principales actores de la política argentina. De Sergio Massa, dijo que “fue una oportunidad perdida”.

 


Urtubey, en las oficinas de la corresponsalía bonaerense de Letra P.

 

-¿Cómo piensan descontar los más de 23 puntos de diferencia que les sacó Cambiemos?

-En principio vale remarcar que, como espacio político, empezamos dos meses antes de las Primarias y obtuvimos dos millones de votos. Como nacimiento, es un primer paso importantísimo. Pensar en la Argentina como un proceso lineal es un error grosero porque nuestro país tiene una volatilidad enorme. A partir del 11 de agosto surgió una Argentina distinta y en esa Argentina cobra más valor la candidatura de Lavagna.

-¿Por qué?

-Es una persona con enorme prestigio en la materia que demanda este nuevo país. Es la economía, y por eso tenemos mucha expectativa en la elección y en revertir el resultado de las PASO.

-¿De dónde saldrían esos votos para Consenso Federal?

-Existe una enorme liquidez en el tema electoral. Es decir, que los votos son de quien los obtuvo pero, inmediatamente el día después, vuelven al ciudadano, que se los da a quien quiere. Por eso, si uno se sienta a evaluar comportamientos electorales en base a ese voto saca conclusiones equivocadas. Seguro.

 

 

-Ese voto tan volátil del que habla, ¿no le quita sustancia a los espacios políticos?

-Sí. Y le quita competitividad a los espacios políticos como instancias permanentes. Pero es algo que está pasando en todo occidente, en América Latina. Es uno de los problemas que tiene la política moderna. Nuestro sistema, que era casi absolutamente representativo, empezó a mutar hacia una crisis de representatividad con la volatibilidad de la institución política

-¿Cómo ordennan la campaña en ese marco de volatilidad?

-En nuestro país, a partir del último mes, hay una demanda ciudadana que mira la crisis y encuentra en la figura de Lavagna un dirigente que puede sacarnos de este berenjenal tremendo. No en vano aparece como el dirigente de mejor imagen de la Argentina.

-Ustedes plantean una convocatoria a todos los espacios. ¿Cómo sería ese gran acuerdo? ¿Cómo se logra?

-Sí. Modificando el sistema de gobierno. Hay que salir de esta lógica híperpresidencialista y migrar hacia un modelo un poco más compensado.

“Habrá que ver qué pasa, no hay muchos elementos para medirlo, para saber cómo puede ser como administrador.” (Urtubey sobre Alberto Fernández)

-¿Cómo se logra?

-Modificando la ley reglamentaria del jefe de Gabinete de ministros. Estableciendo que ese funcionario debe ser designado con acuerdo del congreso. Esto va a obligar al Ejecutivo a bajar un peldaño y al Congreso, a actuar con más nivel de correlato con el gobierno. Esta reforma obligaría a generar un gobierno de coalición, salvo que el oficialismo tenga mayoría absoluta en ambas cámaras, aunque eso es poco probable.

-¿Ve cercana una propuesta de esas características?

-No soy de los que creen que de la noche a la mañana se puede tener un gobierno nacional de consenso. Sobre todo porque sabemos que en la Argentina la política se valida en la confrontación. Es decir: por qué si todos se pelean hasta hoy, mañana van a pasar a ser todos amigos. Por eso hay que cambiar el sistema, para obligar a que esa interactuación promueva políticas de Estado de consenso. De otra manera no se puede.

-¿Ve en alguno de los demás espacios lugar para eso?

-Hasta ahora, ninguno lo ha planteado. Nosotros vamos a seguir insistiendo con esa política.

-Si en octubre se ratificara el resultado de las PASO y Fernández lo convocara a trabajar en su gobierno, ¿aceptaría?

-No me interesan tanto las personas como las ideas y el concepto de lo que queremos hacer. Yo vengo planteando la necesidad de una reforma institucional. Me da lo mismo quién la haga. Lo importante es que garanticemos institucionalidad en la Argentina. Lo importante está en ese punto, porque si todo se valida por afinidades o por diferencias, entonces la Argentina va a quedar sujeta a esa fragilidad institucional. Nuestro país necesita acordar, no amontonar dirigentes. Tenemos que garantizar algún mínimo piso de estabilidad.

 

PING PONG. El candidato describe sucintamente a algunos dirigentes. Mauricio Macri: “No alcanzó los objetivos”. Alberto Fernández: “Habrá que ver qué pasa, no hay muchos elementos para medirlo, para saber cómo puede ser como administrador”. Sergio Massa: “Fue una oportunidad perdida”. María Eugenia Vidal: “Es parte del esquema de Macri que acompaña la suerte de la general”. Cristina Fernández: “Me parece que todavía tiene mucho para explicar”.

 


Urtubey junto a Eduardo Bucca, de visita a una fábrica en La Plata.

 

-¿De quién se siente más lejos, de Macri o de Fernández?

-Política e ideológicamente, mi patrón de referencia no son ninguno de los dos. De hecho, mi referencia nunca son los otros sino lo que pienso y lo que creo. Y, en definitiva, la idea debería ser no tener que optar de forma obligada por uno o por otro.

-Repite que la política importa más allá de lo económico pero la campaña de Consenso parece estar montada sobre Lavagna como el piloto de tormentas que puede sacar al país de la crisis. ¿Qué más tiene para ofrecer su espacio político?

-Esencialmente, esta propuesta de reforma institucional. El grave déficit que tenemos es la falta de confianza. Es un error pensar que la confianza la da el prestigio personal de un hombre. La confianza se la da la estabilidad de las instituciones, el planteo de reformas necesarias, la creación del consejo eco social, la necesidad de crear políticas de Estado que den estabilidad al país. Porque quien crea que a los problemas de un país se los arregla con la llegada providencial de un tipo que vio la luz está equivocado. Va a fracasar estrepitosamente, como venimos haciéndolo desde hace años.

-Está hablando de la grieta…

-Claro, porque la lógica de validación social de nuestro país es la confrontación. Y eso es un mecanismo que se utiliza para llegar al poder pero después, si el que llega utiliza el mismo parámetro, los resultados no serán buenos. No solo en Argentina, sino en cualquier país del mundo.

"El grave déficit que tenemos es la falta de confianza. Es un error pensar que la confianza la da el prestigio personal de un hombre."

-Dice que la confrontación es el parámetro actual y más atractivo para el electorado. ¿Por qué sucede eso?

-Es más atractivo electoralmente pero, después, en la gestión termina siendo malo, con problemas para gobernar. Sucede porque el sistema de incentivos está parado en ese lugar. Cuando se modifique hacia lógicas de acuerdos de consenso y demás, entonces vamos a empezar a tener otra Argentina. El día que la política sea más atractiva y divertida en términos de confrontación, seguramente va a crecer mucho más de lo que está creciendo ahora.

-Usted tiene una larga trayectoria política en el peronismo y en espacios de poder, ahora, puntualmente, la gobernación de Salta. ¿Esto que plantea lo observa ahora?

-Lo escribí en un libro que publiqué en el año 1998. Soy de pocas ideas, pero fijas (ríe). Obviamente, es una idea que uno va evolucionando en el estudio, porque el problema de la Argentina es el bajo umbral de institucionalidad que tiene. No interesa si uno es de derecha o de izquierda si no tiene un patrón de conducta que plantee cómo funciona la sociedad durante los próximos diez años. Es muy difícil crecer si no existe ese parámetro.

-Plantea un cambio de fondo, pero ¿qué se hace mientras tanto?

-Si seguimos emparchando no se arregla más. Con el tema de que es un cambio profundo, no se hace más. Hay que plantar los pilotes de la institucionalidad. Por esa falta de institucionalidad los ciclos de crisis son cada vez más cortos e inmediatos. Tenemos que plantear prioridades, pero si no recuperamos confianza no hay inversión, no hay trabajo.

 

 

-¿Los debates presidenciales sirven a esa idea de institucionalidad?

-Todo lo que sea avanzar en la institucionalidad está bueno. El actual gobierno y algunos socios que ya no están con él plantearon que iban a avanzar en una reforma electoral pero no lo hicieron, no tuvieron vocación de hacerlo.

-Macri no cumplió lo que prometió en el debate de 2015 y, sin embargo, eso no tiene ningún control o castigo.

-Tienen el castigo que tiene la política: si no te gusta, se vota a otro. No se trata de judicializar al señor que miente sino de que no gobierne más.

-Los gobiernos duran cuatro años. Mucho tiempo en el que puede hacerse demasiado daño hasta que llegue el castigo del no voto; no impide, en ese tiempo, que vuelva a repetirse esa situación de mentira…

-Al menos no dura ocho años. Así funciona la democracia.