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Las audiencias en los medios públicos europeos, bajo la lupa

Las audiencias en los medios públicos europeos, bajo la lupa

15/10/2019 16:31

 

En la película The Anchorman, una comedia que cuenta la llegada de una periodista mujer a un noticiero de los años setenta -masculino, como todos en esa época-, varios equipos de periodistas de distintos canales de televisión se baten en un hilarante duelo callejero. Cuando irrumpe la banda del canal público, su physique du rol es evidente: polera y saco beige, patillas, pelo largo, pipa… detalles suficientes para diseñar un personaje fuera de la moda y algo más sobrio y sepia que sus cancheros colegas comerciales. Algo de ese estigma parece ir en línea con los hallazgos del último informe del Reuters Institute de la Universidad de Oxford sobre las audiencias de los servicios informativos de ocho medios públicos europeos: están envejecidas. La investigación muestra, además, que todas estas históricas instituciones encuentran más dificultades que sus competidores privados -tanto medios de comunicación como grandes plataformas online- para alcanzar audiencias con niveles menores de educación formal. 

El estudio, realizado por Anne Schulz, David Levy y Rasmus Kleis Nielsen, analiza medios públicos de ocho países europeos bastante diversos entre sí -Reino Unido, Francia, Italia, República Checa, Grecia, España, Alemania y Finlandia-, pero parecidos en cuanto a que todos tienen una tradición robusta y niveles de audiencia más o menos significativos. Esta muestra, describen los autores, intenta abarcar medios con mayor financiamiento y mayor independencia del gobierno (como Alemania, Finlandia y el Reino Unido), medios comparativamente con menos recursos y, de acuerdo el caso, algo menos aislados del poder político (como los canales de los países mediterráneos) y un sistema, el checo, con recursos económicos más limitados y una historia reciente de independencia del poder político.  

Si una de las misiones de los servicios públicos de noticias es su ambición de universalidad, la publicación prende las alarmas respecto del cumplimiento de ese mandato en el presente y, especialmente, en el futuro próximo. Cuentan, eso sí, con un activo importante: estos medios públicos son la fuente de información prioritaria para más de la mitad de la población cada semana en sus soportes offline, o sea, radio y televisión, en todos los países estudiados menos en España, Grecia y Francia. Pero esa ventaja se desvanece en su propuesta online de noticias, donde, a excepción de la BBC del Reino Unido, no consiguen atraer significativamente a audiencias distintas de las que ya tienen offline, algo más que problemático en un contexto en el que el consumo de radio y televisión broadcast cae pronunciadamente todos los años. 

Justamente es el factor edad otro de los aspectos analizados. El informe subraya cómo el público que se informa por los medios públicos está notoriamente inclinado a los mayores de 55 años. Aquí, la BBC también logra desmarcarse: su propuesta online de noticias es más exitosa con los sub 25 que con el resto.

La búsqueda que encaró hace unos años la mega corporación británica para alcanzar a los jóvenes excede el contenido periodístico. Después de convertir su señal joven, BBC 3, en una exclusivamente online, acertó con algunos contenidos como Fleabag (en coproducción con Amazon), creada y protagonizada por Phoebe Waller-Bridge. La señal, de hecho, festejaba a principio de año que la programación de BBC 3 había aumentado su demanda en la plataforma propia iPlayer en un 58% respecto del año anterior. Pero a pesar de estos números, y también de la buena performance en relación con las noticias online en los menores de 25, el informe anual de la OFCOM, la reguladora británica, había estimado en 2018 que la franja de entre 16 a 34, si bien estaba consumiendo BBC online y el iPlayer, pasaba una hora y diecinueve minutos por día con la BBC, la mitad que el promedio general.

Los medios públicos alemanes, señala el Instituto Reuters, también logran atraer a sus noticias online proporcionalmente apenas un poco más de jóvenes que de población general. Pero no es la regla para el resto: en todos los otros países, los servicios públicos quedan atrás como elección de los jóvenes, que consumen noticias online de otras propuestas online de competidores privados.

PÚBLICOS DE ELITE. En lo que todos tienen una performance insuficiente, sin excepción, es en el alcance de audiencias con menor nivel educativo. Los autores del flamante informe citan aquí literatura académica sobre desigualdad en el consumo de noticias -un tópico relevantísimo para la época- y advierten que los medios públicos, lejos de estar contribuyendo a neutralizarla, podrían estar reforzándola. En Alemania, por ejemplo, solo el 13% del grupo menos educado consume ARD o ZDF online al menos una vez por semana. En República Checa, España e Italia, el consumo de los grupos con menos tiempo de educación formal es muy pronunciado en algunos medios privados y plataformas.

Los investigadores Nielsen, Schulz y Levy desarrollan otras dos indagaciones, todavía más complejas que las anteriores, para saber hasta qué punto estos medios públicos logran alcanzar una audiencia políticamente diversa -en términos de izquierda y derecha- y cómo les va con los ciudadanos que están cerca y los que están lejos de lo que el informe define como “actitudes populistas”. La evidencia arrojada por la investigación muestra que estos medios son relativamente exitosos al momento de alcanzar audiencias ideológicamente variadas. En el caso de France Télévisions y Radio France y de ARD y ZDF de Alemania, sin embargo, tiende a ser una audiencia más inclinada hacia la izquierda -en comparación con el promedio de la población-, cosa que se exacerba en el caso de la ERT griega.

Para investigar la llegada de los medios públicos a los ciudadanos populistas, los investigadores cruzaron la data de dónde se informa su muestra encuestada con su grado de acuerdo con dos frases: “a la mayoría de los funcionarios elegidos no les importa lo que piensa la gente como yo” y “la gente debería ser consultada cuando se toman decisiones importantes” (siguiendo un estudio del Pew Center de 2018). A partir de estas respuestas, catalogaron como populistas a los que estuvieron de acuerdo o muy de acuerdo con ambas frases, y como no populistas al resto. Y luego, posicionaron a cada medio. Estos datos conducen a la conclusión de que los medios públicos estudiados alcanzan, como sucede con las audiencias de izquierda y de derecha, tanto a ciudadanos con actitudes populistas como ciudadanos que no las tienen.

En ambos casos, exponen los autores con sus datos, no pasa lo mismo a nivel confianza: si bien los medios públicos suelen estar entre las fuentes de noticias más confiadas, despiertan menos confianza entre individuos que apoyan ideas populistas, excepto la RAI, que es igual de confiable para ambos grupos. También, suelen ser más desconfiados por ciudadanos ubicados a la derecha del espectro político, con excepción de los medios públicos checos.

LUCHA POR LA ATENCIÓN. El estudio arroja unas cuantas líneas interesantes. Estos medios públicos siguen siendo fuertes en su alcance offline como fuente informativa y son más confiables para los ciudadanos que sus competidores privados en cinco de los ocho países. Pero en tanto tienen una audiencia mayor en edad y les cuesta llegar con su propuesta a los jóvenes, la discusión sobre su relevancia y alcance es urgente.

Este debate se da al mismo tiempo en que muchos medios públicos se enfrentan a un replanteamiento existencial de su razón de ser, algo que encima está intrínsecamente relacionado con sus respectivos contextos políticos y económicos. Históricamente, las justificaciones hegemónicas para la continuidad de sistemas poderosos y competitivos de medios públicos se resumen en dos líneas agónicas: por un lado, el rezo laico -aunque con tufillo ortodoxo- de la falla de mercado, que indicaba que los medios privados no podían garantizar el cumplimiento de la santísima trinidad de informar, educar y entretener y, entonces, el estado debía intervenir, pero de un modo quirúrgico y limitado (y distinto en cada país). Por otro, el argumento socialdemócrata, como explica Karen Donders, que se opone a esta visión economicista: los medios públicos son una opción ideológica y política en favor de la democracia, más allá de si el mercado falla o no. Con la multiplicación de canales, el nuevo capitalismo de plataformas y la proliferación abrumadora de contenidos, el escenario cambió y todavía los medios públicos, los estados y los reguladores están tratando de adaptarse a las novedades.

El financiamiento -cómo cobrar, a quién, cuánto- ocupa un lugar prioritario en la discusión. Por ejemplo, Finlandia en 2013 cambió el histórico canon fijo a la televisión por un impuesto progresivo dependiente del ingreso de los habitantes de un hogar. El tema económico corre paralelo a la discusión conceptual y a veces apremia. Además de recortes que han sufrido en varios países, incluído el Reino Unido, en Grecia se llegó a un extremo: por la crisis en 2013 el gobierno cerró ERT, que volvió a abrir en 2015 el primer ministro Alexis Tsipras.

Los investigadores del reporte de Reuters señalan algunas líneas para ser exploradas, que van desde una estrategia más focalizada y agresiva para las audiencias que se están perdiendo a medios públicos de nicho, entre otras, aunque todas tienen pros y contras. Son, en su conjunto, muy desafiantes.

Porque además, la evidencia puntual sobre algunos aspectos de las audiencias se enmarcan en un vendaval de acusaciones contradictorias -de ser pro-establishment a una carga costosa y/o políticamente influenciable-. No por nada, la serie Years and Years es un símbolo de los tiempos y de las preocupaciones liberales en todo sentido: habla de una política devenida populista que, entre otras muchas cosas, se la agarra con la BBC y la “prensa libre”... y está co-producida entre la BBC y HBO, cosa que expone una estrategia de producción en tiempos de competencia multiplataforma.

A pesar del momento histórico tal vez más desfavorable para estas instituciones, varios de los medios públicos europeos -no todos- siguen teniendo su audiencia, tradición y confiabilidad que, en general, los mantiene como un actor relevante, lo cual no es nada menor. La lucha ahora es por no resignar ese preciado lugar.