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El terrible peso de las certezas

El terrible peso de las certezas

14/10/2019 1:15

 

Luego de las PASO, el Gobierno tuvo que enfrentar la incertidumbre económica que generó el resultado electoral, incertidumbre fogoneada en parte por su propia tozudez en la negación del resultado electoral.

Paradójicamente, el Gobierno ahora debe enfrentar un problema que es exactamente el opuesto: la sobra de certezas sobre la elección de octubre.

Nuestro último estudio nacional muestra no sólo un crecimiento de Alberto Fernández con respecto a las PASO, si no también que la gran mayoría de los argentinos cree que será el ganador de la elección y que las chances del Gobierno de “dar vuelta” el resultado son prácticamente nulas. Este última es precisamente el dato que más preocupa al gobierno: las excesivas certezas con respecto al resultado de octubre atentan directamente contra sus posibilidades de crecimiento.

Incluso si el Gobierno saliera a la cancha con un discurso más atractivo y dialoguista, incluso si hubiera segmentos electorales dispuestos a dejarse seducir por ese discurso (que hoy no los hay), ¿cuál sería el motivante para votar al Gobierno si es de público conocimiento que la elección ya está resuelta?

 

 

En este sentido, se discute mucho cuál puede ser el efecto que los debates del 13/10 y del 20/10 tengan en la elección presidencial. Lo cierto es que en general la academia y las investigaciones muestran que los debates televisivos suelen tener muy poca incidencia en el proceso de elección del voto, sobre todo cuando son realizados de forma tan cercana a la elección dónde la mayoría de las personas ya tiene su voto más o menos definido. No aparecen elementos que permitan sugerir que esto será distinto. 

Una parte de la nueva estrategia semántica del gobierno puede leerse en ese sentido. “La elección aún no sucedió” es mucho más que un mantra negacionista; es una idea que requiere ser instalada al menos en su núcleo duro para que la competitividad electoral de JXC no se desmorone.

“La elección aún no sucedió” es mucho más que un mantra negacionista; es una idea que requiere ser instalada al menos en su núcleo duro para que la competitividad electoral de JXC no se desmorone.

Si esa idea no aflora al menos en el tercio que sigue acompañando al Gobierno, entonces podemos tener en octubre un auténtico escenario de pesadilla para el macrismo. El votante oficialista es esencialmente ideológico, va a las urnas acompañado de un universo de ideas y significados que definen su accionar y su visión del mundo, pero también es inmensamente práctico. Desde el 2015 el principal elemento de motivación para ese votante era que Cambiemos era la única fuerza de la oposición capaz de pelear mano a mano con el peronismo, e incluso de ganar elecciones.

Pero si ese motivante desaparece, ¿por qué debería ese electorado seguir acompañando al Gobierno? Esa probablemente sea una de las más grandes preocupaciones de la alianza oficialista ahora mismo. Si el núcleo duro de JxC deja de ver competitiva a la alianza oficialista, entonces es probable que segmentos no menores del mismo terminen decidiendo acompañar las candidaturas de Espert, de Gómez Centurión, que sin dudas representan mucho mejor el universo de ideas que los define.

El principal desafío del gobierno es entonces mantener las percepciones de competitividad intactas en su núcleo duro, para evitar un desbande de sus votantes que los haga caer por debajo del 30% a nivel nacional, lo que sin dudas implicaría regalarle al peronismo una mayoría más que holgada en el congreso.

El Gobierno que hasta hace meses decía batallar en contra de la incertidumbre política, hoy tiene que enfrentarse a un enemigo mucho más complejo: la total certidumbre sobre su futura derrota.