X
Hizo su carrera en Lotería donde llegó a la presidencia de la mano de Scioli. En el entorno político lo definen como más testaferro que poderoso. Firmó millonarias extensiones de licencias a bingos.
Por 06/01/2019 14:54

Cuando ingreso a trabajar al Instituto de Lotería y Casinos de la provincia de Buenos Aires, Jorge Rodríguez era muy joven y ya lo apodaban “piedrita”. Quizá por ese motivo no se sabe con precisión el origen de su particular sobrenombre. Había llegado a La Plata desde su pueblo natal de Zalazar, ubicado en el municipio de Daireaux, en el centro oeste del territorio bonaerense con el objetivo de estudiar derecho. Así lo hizo, y en paralelo comenzó su carrera en la administración pública. 

Quienes lo conocen le reconocen su cordialidad y experiencia en el rubro del juego. También, todos coinciden en marcar su fuerte obsecuencia al poder, al dinero y hasta cierta ingenuidad política.

Rodríguez labró su carrera en el Instituto y comandó durante más de dos décadas la dirección provincial de Hipódromos y Casinos, un rol que ejerció con perfil bajo y más técnico que político, y desde donde gestó sus vínculos con los poderes de turno.

 

 

El alto perfil le llegó de la mano del ex gobernador, Daniel Scioli, quien lo ascendió a la presidencia del Instituto a comienzos de 2014, cuando debió correr de ese puesto a Luis Alberto Peluso, de quien pendían varias denuncias judiciales y mediáticas por fraude al Estado.

A comienzos de 2014 Scioli ascendió a Rodríguez como presidente de Lotería, cuando debió correr del cargo a Luis Alberto Peluso, denunciado penal y mediáticamente por fraude al Estado.

La decisión del mandatario, que ya por esas horas ambicionaba pelear la presidencia de la Nación, supuso un maquillaje en el cual Rodríguez era la fachada de una estructura de poder que le era ajena. Llegado el turno electoral, se siguió un método impuesto con antelación por el ex gobernador, Carlos Ruckauf, por el cual las órdenes de publicidad (muchas de las cuales se encuentran hoy observadas por la Justicia), no eran decisión ni eran firmada por el presidente del Instituto, sino que eran dirigidas directamente desde la gobernación. Según relatan en el ámbito bonaerense, existía una mesa chica coordinada por Peluso, quien junto a su contadora de confianza, y funcionaria de Loterías, María del Pilar Rego, el vicepresidente de la entidad, Néstor Costignola, que reportaba al jefe de Gabinete, Alberto Pérez, sumado al funcionario, Luis Bordenave, manejaban los recursos del Instituto. Y todo digitado por el mencionado Pérez y el gobernador Scioli. 

No hay una sola fuente que no ratifique que “piedrita” era solo la pantalla de una estructura escondida en las sombras. Tenía como crédito su propia carrera en Lotería, ya que fue el primer presidente del Instituto que podía acreditar ese mérito. Hasta la fecha todos los designados habían sido figuras ajenas a ese ámbito. Pero Rodríguez, aunque torpe en lo político, no tenía reticencias al momento de ratificar decisiones que implicaban millones de pesos como fue el caso de la resolución que firmó en 2012 que habilitaba la renovación por hasta 15 años de las licencias de 14 salas de juego radicadas en la provincia de Buenos Aires.

 

 

En ese momento la resolución tuvo un rebote escandaloso y consecuentes denuncias penales y mediáticas por parte de la oposición. Pero “piedrita” siguió en Lotería hasta incluso luego de que fuera electa María Eugenia Vidal como gobernadora de la provincia de Buenos Aires.

Cuentan que el hombre no tuvo problema en ponerse a las órdenes del nuevo gobierno, aunque esa bonanza no le duro mucho tiempo ya que Vidal comenzó a sentir esa “piedrita” en el zapato, ya que se trataba de un ex funcionario clave en la recaudación de la campaña de Scioli.

Rodríguez no solo se había puesto a disposición de la maquinaria naranja desde su función en Lotería, sino que además se había involucrado por primera vez en actividades de propaganda partidaria. El funcionario, que había recorrido la mayor parte de su vida con perfil bajo y a la sombra del poder de turno, se calzó la ropa de campaña y jugó fuerte en la tarea militante de la ola naranja.

Cuando Melitón López llegó a la presidencia de Loterías, en diciembre de 2015 y de la mano de la flamante gobernadora Vidal, Rodríguez apenas se movió de su cargo y ocupó la vicepresidencia. La decisión resultó llamativa ya que la mandataria inició su mandato sosteniendo, al igual que su jefe político el presidente Mauricio Macri, la carga de la “pesada herencia kirchnerista”.

 

 

Con el correr de los meses, en la segunda quincena de junio de 2016, el clima de época había cambiado y fue el propio López quien presentó la denuncia por la cual este viernes se detuvo a Rodríguez.

El entonces titular de Lotería, amigo personal de Vidal, denunció que desde abril de 2013 y hasta 2015, se emitieron desde Lotería órdenes de publicidad apócrifas por más de 18 millones de pesos. El avance de la investigación indicó además la sospecha de que parte de ese dinero pudo ser utilizado para financiar la campaña presidencial del entonces gobernador Scioli.

 

Desde el vidalismo observan a Rodríguez como  un "actor menor" en el fraude aparentemente cometido por el sciolismo. Incluso le conceden el respeto que provoca ser un hombre con carrera en Lotería.

 

En ese momento se mantuvo a Rodríguez casi excluido de la presentación, de hecho al poco tiempo, en octubre de 2016, se jubiló como marca la ley sin mayores inconvenientes. Pero el amparo resultó efímero, y el ex funcionario comenzó a ser investigado directamente por la Justicia hasta su actual detención.

Desde el vidalismo, aunque en absoluta reserva, observan a Rodríguez casi como un "actor menor" en el fraude aparentemente cometido por el sciolismo. Incluso le conceden el respeto que provoca ser un hombre con carrera en el Instituto. Algunos hasta se animan a marcar que seguramente no lo van a dejar desamparado en una situación extrema como es la cárcel. Rodríguez esta cerca de cumplir los 70 años por lo que podría obtener, casi como un placebo, el beneficio de la prisión domiciliaria.