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En pleno brote de nervios por los apuntes del chofer Oscar Centeno, el condenado por un triple homicidio reveló que llevó anotaciones que incriminan al ex jefe de Gabinete.

Por 16/08/2018 14:58

Martín Lanatta, quien es juzgado en La Plata por la triple fuga del penal de máxima seguridad de General Alvear (que marcó la primera turbulencia en el gobierno de Cambiemos), volvió a declarar en la tercera audiencia del juicio y apuntó contra el ex gobernador bonaerense, Daniel Scioli y el ex Jefe de Gabinete nacional, y candidato a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, Aníbal Fernández. Aseveró que escribió en cuadernos los detalles de negocios y vínculos que lo unen al ex funcionario kirchnerista. La extraña revelación se da en un contexto particular, ya que semanas atrás se destapó la causa denominada "cuadernos K de la corrupción", que lleva adelante el juez federal Claudio Bonadio, y esta basada en los escritos de Oscar Centeno, el chofer del ex segundo de Planificación, Roberto Baratta, y por la cual se ordenó la detención de empresarios y funcionarios del kirchnerismo, sospechados de cobrar y pagar sobornos por la asignación de obras públicas desde 2003 a 2015.

 

 

La triple fuga, el juicio.- Junto a Martín Lanatta, son juzgados su hermano Cristian Lanatta, Víctor Schillaci y la suegra de éste, Susana Elvira Martínez, acusada de prestar colaboración para mantenerlos ocultos tras la fuga.

La triple fuga marcó la primera de las turbulencias en los gobiernos de Cambiemos en los ámbitos provincial y nacional, con papelones de comunicación incluidos, como el anuncio de las capturas que no fueron tales.

Los hermanos Lanatta y Schillaci fueron condenados a perpetua por el triple crimen de la efedrina en el que ejecutaron a Sebastián Forza (34), Damián Ferrón (37) y Leopoldo Bina (35), cuyos cadáveres fueron hallados el 13 de agosto de 2008 en General Rodríguez. En esta causa se intentó vincular al ex diputado nacional Francisco De Narváez y al ex jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, pero nunca se hallaron evidencias para ninguno de los dos dirigentes políticos.

 

 

El acusado reiteró en varias oportunidades que lo publicado por el diario Clarín luego de la primera de sus declaraciones “es todo lo contrario”. El matutino había dado una versión desincriminante de la figura de Aníbal Fernández, y llamativamente esa nota fue difundida por el propio ex jefe de Gabinete, quien reclamaba que se le pida "perdón".

Luego de agradecer al periodista Jorge Lanata por la entrevista que emitió en su programa el 20 de julio de 2015 (en la que señaló al entonces candidato a gobernador bonaerense Fernández como el ideólogo del triple crimen de General Rodríguez) explicó que “lo que hice yo fue exponer a este delincuente ante la sociedad. No quería que sea Gobernador”, expresó. Además ratificó el contenido de toda la entrevista emitida por Canal 13.

Lanatta aseveró que trabajó para Aníbal Fernández “y su mano derecha en el Registro Nacional de Armas, Andrés Meiszner” como un colaborador externo de la repartición que se encargaba de gestionar permisos para portar armar. “Cada uno lo cobraba diez mil dólares, hice portaciones a funcionarios y empresarios por pedido de Aníbal Fernández” y afirmó que el dinero recaudado “iba para la corona, para Aníbal”.

 

 

El juez Juan José Ruiz le consultó si había registro de sus dichos. “Lo escribí todo en cuadernos que ya tiene en su poder la Justicia”, dijo ante el asombro de los presentes en la sala de audiencias. Según el acusado, esos escritos están bajo la tutela judicial de la jueza federal María Romilda Servini y el fiscal Gerardo Pollicita.

En relación a la fuga del penal, Lanatta también apuntó contra Fernández, a quien sindicó como el “ideólogo”, con el objetivo de matarlos una vez fuera de la cárcel.

Lanatta reiteró que tras la entrevista televisiva, las autoridades penitenciarias del penal le dijeron “denunciaste a un funcionarios y podes tener problemas”. Por ese motivo, según el acusado, él y sus compañeros de causa fueron aislados en el sector sanidad del penal.

Durante varios meses recibían las visitas de autoridades penitenciarias quienes les sugerían la idea de la fuga para que graben un video desvinculando a Fernández del triple crimen de la efedrina “así se sacude las plumas y vuelve limpio a la política”, siempre según la versión del acusado.

 

 

Además involucró al ex gobernador Daniel Scioli, al ex ministro de Justicia Ricardo Casal y su última jefa del Servicio Penitenciario Bonaerense, Florencia Piermarini. “Te quedas aislado porque es una cuestión política, Scioli le dijo a Piermarini que si llegás a levantar un teléfono (para dar notas a medios de comunicación) no sé qué pasa con vos. Nos están tirando de los huevos y la orden es de Casal”.

Lanatta recordó que a la cárcel de General Alvear lo bautizaron “el penal K” porque en las elecciones de 2015 los penitenciarios indujeron el voto hacia el Frente Para la Victoria. “Para nosotros fue un alivio que Aníbal Fernández pierda la provincia de Buenos Aires”.

También apuntó a jefes penitenciarios como facilitadores de la evasión, entre ellos Mario Bolo, César Luis Tolosa, Manuel Guebara y Claudio Cardo, todos procesados (junto a Piermarini y al ex secretario de Política Criminal, César Albarracín) en la causa que investiga la trama política de la fuga que tuvo en vilo a todo el país desde el 27 de diciembre de 2015 y el 12 de enero de 2016, cuando fueron recapturados. También mencionó a Jorge Ariel Elicheheribetti, quien era sub jefe del penal.

 

 

En otro pasaje de su relato, contó detalles de cómo fabricó el arma de juguete con el que amenazaron a los guardias para consumar la evasión.

Tras un cuarto intermedio declararon guardias penitenciarios del penal de General Alvear, quienes dieron detalles de cómo son los controles para evitar el ingreso de objetos no permitidos a esa cárcel de máxima seguridad.

Los testimonios fueron de relevancia para la defensa porque dieron cuenta que sin ayuda interna, las posibilidades de fuga de ese penal son prácticamente nulas. Para esa parte robustecen la hipótesis del auxilio penitenciario para la fuga, con el objetivo de asesinar a los ahora acusados.