X

“Más que el regreso de CFK, lo que genera temor afuera es la debilidad de Macri”

El vicepresidente de la Cámara de Comercio de Florida, Estados Unidos, y miembro del Congreso Demócrata dijo que preocupa que “no haya cambios de fondo”. Inversiones y el impacto de los cuadernos.
Por 12/08/2018 11:47

Las textuales de Diego Molinari a lo largo de la charla que mantuvo con Letra P facilitan la comprensión de cómo piensa un demócrata a la estadounidense, pero nacido en la Argentina. Un perfil político que en la Argentina encajaría con un pensamiento de centro pero que en los Estados Unidos representa al sector menos conservador de los dos partidos tradicionales que vienen hace años alternándose en el poder.

Molinari es un consultor experto en relaciones bilaterales, preside la Cámara de Comercio de la Florida y miembro del Congreso Nacional Demócrata, lo que lo hizo trabajar muy cerca de Hillary Clinton en los últimos comicios, donde fue el gestor del voto latino para la candidata demócrata. También mantuvo un vínculo con Barack Obama, al que acompañó a la Argentina en 2016, cuando Mauricio Macri era el por entonces flamante primer mandatario.

El especialista, que visitó Buenos Aires para un congreso que reunió a hombres de negocios y abogados de ambos países, mostró su particular visión de lo que ocurre en el país: “La gente está más escéptica, desanimada, pero todavía hay oportunidades de negocio”, explicó.

Respecto al asunto de los cuadernos del chofer Oscar Centeno, consideró que “es la primera vez que se le cae la máscara al país, porque esto lo sabía todo el mundo. Era algo que los periodistas sabían, la gente en la calle también, y por supuesto los contratistas de obra. Acá no eran 5 personas, eran cientos de empresas en el país”.

Asimismo, se refirió a la relación bilateral y le quitó validez al argumento oficial de que el vínculo con Estados Unidos es fluido y de interés mutuo: “A Estados Unidos no le importa la relación con Argentina. (…) Ellos lo que ven cuando miran para abajo son distintas economías con distintos tipos de conflicto”. Y consideró que el modelo de Trump dependerá de un éxito futuro atado a que se sostenga la mejora económica.

 

BIO: Oriundo de La Plata, es vicepresidente de la Cámara Argentina de Comercio de la Florida. Lidera desde 2016 misiones comerciales entre Estados Unidos y Argentina. Como miembro del Congreso Demócrata, fue uno de los relacionistas más activos en los gobiernos de Barack Obama y la campaña de Hillary Clinton a la presidencia. Con la firma Guadeloupe Consulting trabajó en la primaria republicana en 2016 en Florida; una vez cerrada esa elección, y por cuestiones que el mismo caracterizó como éticas, decidió que su firma no trabajara para los republicanos en la campaña que derivó en la presidencia de Donald Trump. Luego pasó a la consultora Balsera, una de las más importantes del país. En 2016 acompañó a Obama en su visita a la Argentina. Es, además de consultor, experto en la relación bilateral entre Argentina y los Estados Unidos.

 

 

-¿Cómo percibió el clima de negocios en esta visita que está haciendo al país?

-En marzo estuve, por otros temas. Y yo el clima de negocios lo relaciono con el clima en general, de la gente. Sinceramente, noté a la gente más desanimada esta vez. No quiere decir que no haya clima de negocios, pero sí la gente está más escéptica. Sin embargo, sigue habiendo oportunidades de negocios porque el clima de la calle, sobre todo el microclima del porteño, no representa lo que pasa en el resto del país. Siento que hay dos países: uno del interior, al que le está yendo mejor, donde hay producción; y una sociedad cerrada, la Ciudad y el Gran Buenos Aires, que viven permanentemente en conflicto. Ya sea por una ley como la del aborto, o por la política, la inflación, son temas que tienen a la gente de mal humor. Claro que hay inflación, que hay desempleo, pero este no es el peor momento de la economía argentina en la historia.

-¿Y entonces por qué se da ese desánimo que señala?

-Creo que hay un descontento porque la gente esperaba otra cosa del Gobierno, medio ilusorio, porque una persona grande que sabe lo que es la economía sabía que no asumía Mandrake. Pero como somos una nación adolescente, que cuando nos dan todo no nos importa de dónde viene, cuando la cosa viene mal nos ponemos enojados y caprichosos. La gente que viene de afuera lo ve distinto, sigue creyendo en Argentina, pero hay desafíos que hay que enfrentar.

-¿Pueden los empresarios invertir en una economía recesiva?

-En la economía, hay gente que invierte en las que están bien y en las que están mal, porque saben que igual se gana dinero. En este país, donde las cosas son tan cambiantes de un día para el otro y un sindicato puede obligarte a cerrar una empresa aunque vos pagues lo que tenés que pagar, igual puede pasar que te hagan un juicio y lo pierdas. Primero tiene que haber una conversación seria en el país, para ver si se termina la grieta y se puede invertir.

"la gente que votó al Gobierno no lo votó por la economía, lo votó por un cambio verdadero de forma: terminar con la corrupción, con la gente que toma la calle y hace lo que quiere, terminar con el delincuente que entra y sale, y eso no cambió."

-Usted menciona una especie de gran acuerdo nacional, algo que se charla internamente. ¿Cómo juega el sector privado en esto, siendo un actor importante, sobre todo después del estallido reciente del escándalo de coimas?

-Es la primera vez que se le cae la máscara al país, porque esto lo sabía todo el mundo. Era algo que los periodistas sabían, la gente en la calle también y, por supuesto, los contratistas de obra. Acá no eran cinco personas, eran cientos de empresas en el país que tenían que cumplir el mismo camino: agarrar la plata y llevarla. Los sobreprecios de la obra pública siempre estuvieron en la Argentina. Siempre vimos casos y nunca pasó nada.

-¿El inversor extranjero cómo ve esta situación?

-No creo que le cambie la perspectiva al que tiene pequeñas inversiones, sí a los grandes. En fondos de inversión que manejan algoritmos de riesgo, sobre todo. Porque ahí no es la decisión de una sola persona, es un directorio, son informes de riesgo. Y se mete más lo político, lo que te puede generar que la ex presidenta pueda terminar presa, o bien que un día el primo de Macri diga que el padre está involucrado. Para el fondo de inversión grande, es una preocupación lo que pasa. Por eso entiendo que el Gobierno puede hacer mucho esfuerzo, pero le van a costar las elecciones del año que viene.

-¿Y cómo puede evitar el Gobierno ese impacto?

Siento que el gobierno se deja ganar en la comunicación. Hay gente que corta la calle y reclama en nombre del pueblo y cuando van a las urnas sacan el 1% de los votos, y uno no puede dejar que le marque la agenda un 1% cuando hace un año acaba de ganar por mucho la elección legislativa. Está bien que se lo marque Unidad Ciudadana o el Peronismo Federal, pero que se lo marquen grupos de conflicto… Y al dejar hacer eso, genera más desconfianza. Porque la gente que votó al Gobierno no lo votó por la economía, lo votó por un cambio verdadero de forma: terminar con la corrupción, con la gente que toma la calle y hace lo que quiere, terminar con el delincuente que entra y sale, y eso no cambió.

 

 

-Usted es experto en la relación bilateral. El Gobierno exhibe que Estados Unidos tiene interés y la relación es próspera. ¿Es tan así?

-A Estados Unidos no le importa la relación con Argentina, creo que desperdiciamos ocho años de la administración Obama por una pelea estúpida, ideológica, de nenes de 15 años. Yo tenía 15 años y creía que el presidente estadounidense se levantaba a la mañana y desayunaba con los diarios argentinos para ver el plan macabro para terminar con el país y después me di cuenta que no les importa. Ellos lo que ven cuando miran para abajo son distintas economías con distintos tipos de conflicto. Con (Bill) Clinton eso había empezado a cambiar, (George) Bush hijo tuvo una relación bastante buena con Latinoamérica y con Obama se consolidó eso. Él entendió la fortaleza de la región.

Pero las acciones hablan mucho más que las palabras: el conflicto del biodiesel con Argentina es un caso, donde se cerró la puerta y se cerró la puerta. Eso no podría pasar en dos países que tuvieran buenas relaciones.

-¿El acuerdo con el FMI tampoco le importó?

-El acuerdo asegura que existe la plata para cumplir obligaciones, nada más. Es como cuando vas a alquilar una casa y te piden un garante. No les importa mucho si el argentino come o se abriga, les importa más por una cuestión financiera y de intereses propios. Ellos quieren que al país le vaya bien por una cuestión de interés. Si anda bien la economía argentina nos compran más productos, la gente viaja más allá, pero no tiene que ver con cariño al país.

-El empresariado argentino se queja de las altas tasas y de una carga impositiva que consideran grande. Y no son pocos los industriales que apuntan al modelo de Trump como el más adecuado en un mundo que está más vendedor que comprador. ¿Le parece lógico?

-Hace 70 años que Argentina vive con miedo al exterior. Pánico a que le toquen el status quo, por eso en Argentina fabricamos cualquier cosa cara y mala por miedo a que vengan de afuera, todo con la excusa de proteger a la industria y al trabajo nacional. Argentina puede ser más competitiva con otras industrias y no hacer lo que no tiene que hacer. No puede ser que una madre no le pueda comprar zapatillas al hijo porque un par vale 3.000 pesos. En ese sentido, en Estados Unidos todas las familias se visten, todas las familias comen, todos tienen aire acondicionado frío-calor, el estándar mínimo de vida está garantizado. Fabrican lo que tienen que fabricar e importan lo que tienen que importar. Trump está generando, con los impuestos, un déficit mucho más grande que cualquier liberal demócrata, los republicanos se están tragando el sapo. Si Obama hubiera presentado esto, lo hubiesen tildado de comunista. Pero en algunos casos coincido en que se debe proteger la industria nacional, como en el acero: vos tenés una industria armamentista muy grande y no podés depender del exterior. Ahora, Argentina exagera las situaciones de proteccionismo y se genera un pánico no pudiendo vender nada. Todo es tan caro en Argentina porque queremos fabricar todo.

"Para el fondo de inversión grande es una preocupación lo que pasa con los cuadernos y las coimas. Por eso entiendo que el Gobierno puede hacer mucho esfuerzo, pero le van a costar las elecciones del año que viene."

-Si fuera así, ¿por qué perdieron los demócratas? Que ofrecían otra cosa.

-Hillary tenía la imagen cansada, estaba cansada la gente. No creo que haya sido lo correcto, porque ya había perdido la primaria con Obama. Si ocho años después casi te gana un viejito socialista de Vermont, también tenés que pensar si estás en condiciones. Más allá de cualquier campaña de noticias falsas que haya habido, creo que al no haber voto obligatorio, el descontento hizo que mucha gente no fuera a votar. Ahora, hay lugares en los que ganó Trump que lo están pasando mal por estas restricciones, por ejemplo el campo. Hay que ver cómo llega la economía en 2020.

-Lo traigo de nuevo a la política nacional. Mencionaba cierta desilusión de los fondos. ¿Eso pasa más por el manejo de la política de Cambiemos o del modelo económico?

-Una cosa lleva a la otra. La economía es una cuestión de confianza. En los primeros 100 días no se hicieron las cosas que se tenían que hacer. En un inicio pareció que sí: recibió a Obama, vino Uber, pero había que arreglar cosas y no se hizo. El problema es que la confianza de la gente termina impactando en la economía. No sé si el inversor extranjero piensa en si Macri es buen o mal político. Porque lo de la buena imagen en el exterior pasó siempre, hasta con (Carlos) Menem. Es muy engañoso, porque vos decís que implementaste una reforma fiscal y afuera te dicen “qué bien” y acá “qué mal”.

Les cuesta entender que Cambiemos tuvo una base fundamental en la comunicación y que no hayan podido comunicar un montón de cosas. Se dejaron copar los medios, te doy un ejemplo: las retenciones a las mineras, parecía que con eso le dabas de comer a la población infantil de todo el país, y si lo comparás con la economía del país eran monedas. Ahora, ningún gobernador peronista, ni el de San Juan, salió a apoyar. Dejaron que otros gobernadores peronistas le pegaran a Macri por las mineras. Y el Gobierno nunca dijo esto.

 

Molinari junto a Hillary Clinton.

 

-Usted es argentino pero vive afuera y está en contacto con políticos y empresarios. ¿Es cierto que hay un temor a la vuelta del populismo?

-Eso tiene que ver con la información que recibe la gente afuera. Hay veces que me llaman por noticias y me doy cuenta que no tienen el 100% de la información para evaluarlo. Los corresponsales mandan tres o cuatro líneas pero no tienen el conocimiento del día a día. A mí a veces me preguntan si vuelve la ex presidenta, a la que le dicen comunista, a veces exageran por desconocimiento. Pensá que allá cualquier cosa que es populista o comunista resuena mucho más que en cualquier otro lado. Más que que vuelva Cristina, lo que genera temor afuera es la debilidad de Macri, de que no pueda imponer ciertos cambios de fondo. Me parece mal que se pierda tiempo en leyes que son necesarias pero no prioritarias. En el tema económico falta una ley laboral nueva, porque el mundo cambió. Nosotros tenemos leyes laborales anacrónicas que en el mundo no existen más. El que quiere venir a abrir una fábrica acá y ve que los empleados del subte no pueden reconocer su gremio en la justicia y te cortan el servicio… hace todo más difícil.

-Una última, que es más un tema de curiosidad. Cuando Carrió defendió la marcha de la economía, mencionó que en su último viaje a Miami vio muchos argentinos. Usted reside allí, ¿es un síntoma valido?

-Eso pasó siempre. Cuando Cristina decía que la economía estaba bien porque la gente viajaba, acá la oposición decía que era una parte minúscula de la población. En el centro, acá, vi colas en los teatros, estuve esperando una hora y media para sentarme a comer. Pero el país no es la ciudad, ¿Cuántos van a Miami? ¿60.000 personas en todo el país? Eso no es la economía de un país.

“Más que el regreso de CFK, lo que genera temor afuera es la debilidad de Macri”

El vicepresidente de la Cámara de Comercio de Florida, Estados Unidos, y miembro del Congreso Demócrata dijo que preocupa que “no haya cambios de fondo”. Inversiones y el impacto de los cuadernos.

Las textuales de Diego Molinari a lo largo de la charla que mantuvo con Letra P facilitan la comprensión de cómo piensa un demócrata a la estadounidense, pero nacido en la Argentina. Un perfil político que en la Argentina encajaría con un pensamiento de centro pero que en los Estados Unidos representa al sector menos conservador de los dos partidos tradicionales que vienen hace años alternándose en el poder.

Molinari es un consultor experto en relaciones bilaterales, preside la Cámara de Comercio de la Florida y miembro del Congreso Nacional Demócrata, lo que lo hizo trabajar muy cerca de Hillary Clinton en los últimos comicios, donde fue el gestor del voto latino para la candidata demócrata. También mantuvo un vínculo con Barack Obama, al que acompañó a la Argentina en 2016, cuando Mauricio Macri era el por entonces flamante primer mandatario.

El especialista, que visitó Buenos Aires para un congreso que reunió a hombres de negocios y abogados de ambos países, mostró su particular visión de lo que ocurre en el país: “La gente está más escéptica, desanimada, pero todavía hay oportunidades de negocio”, explicó.

Respecto al asunto de los cuadernos del chofer Oscar Centeno, consideró que “es la primera vez que se le cae la máscara al país, porque esto lo sabía todo el mundo. Era algo que los periodistas sabían, la gente en la calle también, y por supuesto los contratistas de obra. Acá no eran 5 personas, eran cientos de empresas en el país”.

Asimismo, se refirió a la relación bilateral y le quitó validez al argumento oficial de que el vínculo con Estados Unidos es fluido y de interés mutuo: “A Estados Unidos no le importa la relación con Argentina. (…) Ellos lo que ven cuando miran para abajo son distintas economías con distintos tipos de conflicto”. Y consideró que el modelo de Trump dependerá de un éxito futuro atado a que se sostenga la mejora económica.

 

BIO: Oriundo de La Plata, es vicepresidente de la Cámara Argentina de Comercio de la Florida. Lidera desde 2016 misiones comerciales entre Estados Unidos y Argentina. Como miembro del Congreso Demócrata, fue uno de los relacionistas más activos en los gobiernos de Barack Obama y la campaña de Hillary Clinton a la presidencia. Con la firma Guadeloupe Consulting trabajó en la primaria republicana en 2016 en Florida; una vez cerrada esa elección, y por cuestiones que el mismo caracterizó como éticas, decidió que su firma no trabajara para los republicanos en la campaña que derivó en la presidencia de Donald Trump. Luego pasó a la consultora Balsera, una de las más importantes del país. En 2016 acompañó a Obama en su visita a la Argentina. Es, además de consultor, experto en la relación bilateral entre Argentina y los Estados Unidos.

 

 

-¿Cómo percibió el clima de negocios en esta visita que está haciendo al país?

-En marzo estuve, por otros temas. Y yo el clima de negocios lo relaciono con el clima en general, de la gente. Sinceramente, noté a la gente más desanimada esta vez. No quiere decir que no haya clima de negocios, pero sí la gente está más escéptica. Sin embargo, sigue habiendo oportunidades de negocios porque el clima de la calle, sobre todo el microclima del porteño, no representa lo que pasa en el resto del país. Siento que hay dos países: uno del interior, al que le está yendo mejor, donde hay producción; y una sociedad cerrada, la Ciudad y el Gran Buenos Aires, que viven permanentemente en conflicto. Ya sea por una ley como la del aborto, o por la política, la inflación, son temas que tienen a la gente de mal humor. Claro que hay inflación, que hay desempleo, pero este no es el peor momento de la economía argentina en la historia.

-¿Y entonces por qué se da ese desánimo que señala?

-Creo que hay un descontento porque la gente esperaba otra cosa del Gobierno, medio ilusorio, porque una persona grande que sabe lo que es la economía sabía que no asumía Mandrake. Pero como somos una nación adolescente, que cuando nos dan todo no nos importa de dónde viene, cuando la cosa viene mal nos ponemos enojados y caprichosos. La gente que viene de afuera lo ve distinto, sigue creyendo en Argentina, pero hay desafíos que hay que enfrentar.

-¿Pueden los empresarios invertir en una economía recesiva?

-En la economía, hay gente que invierte en las que están bien y en las que están mal, porque saben que igual se gana dinero. En este país, donde las cosas son tan cambiantes de un día para el otro y un sindicato puede obligarte a cerrar una empresa aunque vos pagues lo que tenés que pagar, igual puede pasar que te hagan un juicio y lo pierdas. Primero tiene que haber una conversación seria en el país, para ver si se termina la grieta y se puede invertir.

"la gente que votó al Gobierno no lo votó por la economía, lo votó por un cambio verdadero de forma: terminar con la corrupción, con la gente que toma la calle y hace lo que quiere, terminar con el delincuente que entra y sale, y eso no cambió."

-Usted menciona una especie de gran acuerdo nacional, algo que se charla internamente. ¿Cómo juega el sector privado en esto, siendo un actor importante, sobre todo después del estallido reciente del escándalo de coimas?

-Es la primera vez que se le cae la máscara al país, porque esto lo sabía todo el mundo. Era algo que los periodistas sabían, la gente en la calle también y, por supuesto, los contratistas de obra. Acá no eran cinco personas, eran cientos de empresas en el país que tenían que cumplir el mismo camino: agarrar la plata y llevarla. Los sobreprecios de la obra pública siempre estuvieron en la Argentina. Siempre vimos casos y nunca pasó nada.

-¿El inversor extranjero cómo ve esta situación?

-No creo que le cambie la perspectiva al que tiene pequeñas inversiones, sí a los grandes. En fondos de inversión que manejan algoritmos de riesgo, sobre todo. Porque ahí no es la decisión de una sola persona, es un directorio, son informes de riesgo. Y se mete más lo político, lo que te puede generar que la ex presidenta pueda terminar presa, o bien que un día el primo de Macri diga que el padre está involucrado. Para el fondo de inversión grande, es una preocupación lo que pasa. Por eso entiendo que el Gobierno puede hacer mucho esfuerzo, pero le van a costar las elecciones del año que viene.

-¿Y cómo puede evitar el Gobierno ese impacto?

Siento que el gobierno se deja ganar en la comunicación. Hay gente que corta la calle y reclama en nombre del pueblo y cuando van a las urnas sacan el 1% de los votos, y uno no puede dejar que le marque la agenda un 1% cuando hace un año acaba de ganar por mucho la elección legislativa. Está bien que se lo marque Unidad Ciudadana o el Peronismo Federal, pero que se lo marquen grupos de conflicto… Y al dejar hacer eso, genera más desconfianza. Porque la gente que votó al Gobierno no lo votó por la economía, lo votó por un cambio verdadero de forma: terminar con la corrupción, con la gente que toma la calle y hace lo que quiere, terminar con el delincuente que entra y sale, y eso no cambió.

 

 

-Usted es experto en la relación bilateral. El Gobierno exhibe que Estados Unidos tiene interés y la relación es próspera. ¿Es tan así?

-A Estados Unidos no le importa la relación con Argentina, creo que desperdiciamos ocho años de la administración Obama por una pelea estúpida, ideológica, de nenes de 15 años. Yo tenía 15 años y creía que el presidente estadounidense se levantaba a la mañana y desayunaba con los diarios argentinos para ver el plan macabro para terminar con el país y después me di cuenta que no les importa. Ellos lo que ven cuando miran para abajo son distintas economías con distintos tipos de conflicto. Con (Bill) Clinton eso había empezado a cambiar, (George) Bush hijo tuvo una relación bastante buena con Latinoamérica y con Obama se consolidó eso. Él entendió la fortaleza de la región.

Pero las acciones hablan mucho más que las palabras: el conflicto del biodiesel con Argentina es un caso, donde se cerró la puerta y se cerró la puerta. Eso no podría pasar en dos países que tuvieran buenas relaciones.

-¿El acuerdo con el FMI tampoco le importó?

-El acuerdo asegura que existe la plata para cumplir obligaciones, nada más. Es como cuando vas a alquilar una casa y te piden un garante. No les importa mucho si el argentino come o se abriga, les importa más por una cuestión financiera y de intereses propios. Ellos quieren que al país le vaya bien por una cuestión de interés. Si anda bien la economía argentina nos compran más productos, la gente viaja más allá, pero no tiene que ver con cariño al país.

-El empresariado argentino se queja de las altas tasas y de una carga impositiva que consideran grande. Y no son pocos los industriales que apuntan al modelo de Trump como el más adecuado en un mundo que está más vendedor que comprador. ¿Le parece lógico?

-Hace 70 años que Argentina vive con miedo al exterior. Pánico a que le toquen el status quo, por eso en Argentina fabricamos cualquier cosa cara y mala por miedo a que vengan de afuera, todo con la excusa de proteger a la industria y al trabajo nacional. Argentina puede ser más competitiva con otras industrias y no hacer lo que no tiene que hacer. No puede ser que una madre no le pueda comprar zapatillas al hijo porque un par vale 3.000 pesos. En ese sentido, en Estados Unidos todas las familias se visten, todas las familias comen, todos tienen aire acondicionado frío-calor, el estándar mínimo de vida está garantizado. Fabrican lo que tienen que fabricar e importan lo que tienen que importar. Trump está generando, con los impuestos, un déficit mucho más grande que cualquier liberal demócrata, los republicanos se están tragando el sapo. Si Obama hubiera presentado esto, lo hubiesen tildado de comunista. Pero en algunos casos coincido en que se debe proteger la industria nacional, como en el acero: vos tenés una industria armamentista muy grande y no podés depender del exterior. Ahora, Argentina exagera las situaciones de proteccionismo y se genera un pánico no pudiendo vender nada. Todo es tan caro en Argentina porque queremos fabricar todo.

"Para el fondo de inversión grande es una preocupación lo que pasa con los cuadernos y las coimas. Por eso entiendo que el Gobierno puede hacer mucho esfuerzo, pero le van a costar las elecciones del año que viene."

-Si fuera así, ¿por qué perdieron los demócratas? Que ofrecían otra cosa.

-Hillary tenía la imagen cansada, estaba cansada la gente. No creo que haya sido lo correcto, porque ya había perdido la primaria con Obama. Si ocho años después casi te gana un viejito socialista de Vermont, también tenés que pensar si estás en condiciones. Más allá de cualquier campaña de noticias falsas que haya habido, creo que al no haber voto obligatorio, el descontento hizo que mucha gente no fuera a votar. Ahora, hay lugares en los que ganó Trump que lo están pasando mal por estas restricciones, por ejemplo el campo. Hay que ver cómo llega la economía en 2020.

-Lo traigo de nuevo a la política nacional. Mencionaba cierta desilusión de los fondos. ¿Eso pasa más por el manejo de la política de Cambiemos o del modelo económico?

-Una cosa lleva a la otra. La economía es una cuestión de confianza. En los primeros 100 días no se hicieron las cosas que se tenían que hacer. En un inicio pareció que sí: recibió a Obama, vino Uber, pero había que arreglar cosas y no se hizo. El problema es que la confianza de la gente termina impactando en la economía. No sé si el inversor extranjero piensa en si Macri es buen o mal político. Porque lo de la buena imagen en el exterior pasó siempre, hasta con (Carlos) Menem. Es muy engañoso, porque vos decís que implementaste una reforma fiscal y afuera te dicen “qué bien” y acá “qué mal”.

Les cuesta entender que Cambiemos tuvo una base fundamental en la comunicación y que no hayan podido comunicar un montón de cosas. Se dejaron copar los medios, te doy un ejemplo: las retenciones a las mineras, parecía que con eso le dabas de comer a la población infantil de todo el país, y si lo comparás con la economía del país eran monedas. Ahora, ningún gobernador peronista, ni el de San Juan, salió a apoyar. Dejaron que otros gobernadores peronistas le pegaran a Macri por las mineras. Y el Gobierno nunca dijo esto.

 

Molinari junto a Hillary Clinton.

 

-Usted es argentino pero vive afuera y está en contacto con políticos y empresarios. ¿Es cierto que hay un temor a la vuelta del populismo?

-Eso tiene que ver con la información que recibe la gente afuera. Hay veces que me llaman por noticias y me doy cuenta que no tienen el 100% de la información para evaluarlo. Los corresponsales mandan tres o cuatro líneas pero no tienen el conocimiento del día a día. A mí a veces me preguntan si vuelve la ex presidenta, a la que le dicen comunista, a veces exageran por desconocimiento. Pensá que allá cualquier cosa que es populista o comunista resuena mucho más que en cualquier otro lado. Más que que vuelva Cristina, lo que genera temor afuera es la debilidad de Macri, de que no pueda imponer ciertos cambios de fondo. Me parece mal que se pierda tiempo en leyes que son necesarias pero no prioritarias. En el tema económico falta una ley laboral nueva, porque el mundo cambió. Nosotros tenemos leyes laborales anacrónicas que en el mundo no existen más. El que quiere venir a abrir una fábrica acá y ve que los empleados del subte no pueden reconocer su gremio en la justicia y te cortan el servicio… hace todo más difícil.

-Una última, que es más un tema de curiosidad. Cuando Carrió defendió la marcha de la economía, mencionó que en su último viaje a Miami vio muchos argentinos. Usted reside allí, ¿es un síntoma valido?

-Eso pasó siempre. Cuando Cristina decía que la economía estaba bien porque la gente viajaba, acá la oposición decía que era una parte minúscula de la población. En el centro, acá, vi colas en los teatros, estuve esperando una hora y media para sentarme a comer. Pero el país no es la ciudad, ¿Cuántos van a Miami? ¿60.000 personas en todo el país? Eso no es la economía de un país.