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El Banco Central vuelve a emitir las señales que espera el mercado

El Banco Central vuelve a emitir las señales que espera el mercado

27/04/2018 17:43

 

El plan económico tiene tres objetivos: crecer por el lado de la inversión, lo que tira de las importaciones; bajar el déficit fiscal antes de intereses subiendo tarifas, lo que tira de la inflación; y bajar la inflación con la señal de la tasa de interés, que tira de la competitividad cambiaria y el déficit de cuenta corriente externa. 

Si bien estos objetivos tienen todo el sentido, en el corto plazo existen fuertes tensiones entre sí que se manifiestan en el creciente déficit de la cuenta corriente externa (4,8% del PBI) y que llevan a profundizar la “sintonía fina” de la coordinación de los tiempos, las velocidades y las secuencias para mantener el costo financiero a tasas razonables en un mundo más complejo frente a la suba de tasas en Estados Unidos y permitir que el gradualismo llegue a buen puerto.

En este contexto, para estabilizar el ratio de la deuda pública con el mercado en torno a 40% del PBI en 2021, la economía tiene que mostrar un crecimiento en dólares en torno al 3% anual, bajando el déficit fiscal antes de intereses un punto por año y manteniendo el costo financiero de la deuda en dólares en torno a 5,5-6,5% para el tramo de la deuda a 10 años, para lo cual se requiere que la baja en el riesgo país compense la presión alcista derivada de la suba de la tasa de interés en Estados Unidos. En este sentido, para un Gobierno que “vende” el control de la inflación como herramienta para atacar la pobreza, la reducción del costo financiero requiere bajar la inflación a una velocidad consistente con el gradualismo fiscal, sin sobrerreaccionar con el atraso del tipo de cambio real y dejando cierto espacio para que el fisco se pueda financiar en los tramos más largos de la curva de pesos.

El cambio en las metas de inflación tenía sentido en ese contexto, pero lo que pasó factura fue la percepción del mercado de un Banco Central que se quedó sin grados de libertad para subir la tasa de interés si la inflación no se acerca a la meta de inflación con la cual se referencia el grueso de las negociaciones paritarias. En el medio, la suba en simultáneo del dólar y las tarifas, mientras los salarios esperan por el impacto de las paritarias, complicó el bolsillo del consumidor por la aceleración de la inflación. En algún punto, la estrategia de vender reservas para contener el dólar con un tipo de cambio real perdiendo competitividad, en momentos en que el resto de los vecinos dejan depreciar sus monedas por la suba de tasas en Estados Unidos y con un mercado dudando sobre a la capacidad del BCRA para subir la tasa, no era sostenible en el tiempo.

 

 

Así, la señal de suba de la tasa de interés de referencia del Banco Central en 300 puntos básicos intenta darle al mercado la señal de que tiene el control de la tasa de interés para coordinar expectativas y luchar contra la inflación. 

El Banco Central vuelve a emitir las señales que espera el mercado

Director de Eco Go. Profesor en la Maestría de Finanzas en la Universidad Torcuato Di Tella.

 

El plan económico tiene tres objetivos: crecer por el lado de la inversión, lo que tira de las importaciones; bajar el déficit fiscal antes de intereses subiendo tarifas, lo que tira de la inflación; y bajar la inflación con la señal de la tasa de interés, que tira de la competitividad cambiaria y el déficit de cuenta corriente externa. 

Si bien estos objetivos tienen todo el sentido, en el corto plazo existen fuertes tensiones entre sí que se manifiestan en el creciente déficit de la cuenta corriente externa (4,8% del PBI) y que llevan a profundizar la “sintonía fina” de la coordinación de los tiempos, las velocidades y las secuencias para mantener el costo financiero a tasas razonables en un mundo más complejo frente a la suba de tasas en Estados Unidos y permitir que el gradualismo llegue a buen puerto.

En este contexto, para estabilizar el ratio de la deuda pública con el mercado en torno a 40% del PBI en 2021, la economía tiene que mostrar un crecimiento en dólares en torno al 3% anual, bajando el déficit fiscal antes de intereses un punto por año y manteniendo el costo financiero de la deuda en dólares en torno a 5,5-6,5% para el tramo de la deuda a 10 años, para lo cual se requiere que la baja en el riesgo país compense la presión alcista derivada de la suba de la tasa de interés en Estados Unidos. En este sentido, para un Gobierno que “vende” el control de la inflación como herramienta para atacar la pobreza, la reducción del costo financiero requiere bajar la inflación a una velocidad consistente con el gradualismo fiscal, sin sobrerreaccionar con el atraso del tipo de cambio real y dejando cierto espacio para que el fisco se pueda financiar en los tramos más largos de la curva de pesos.

El cambio en las metas de inflación tenía sentido en ese contexto, pero lo que pasó factura fue la percepción del mercado de un Banco Central que se quedó sin grados de libertad para subir la tasa de interés si la inflación no se acerca a la meta de inflación con la cual se referencia el grueso de las negociaciones paritarias. En el medio, la suba en simultáneo del dólar y las tarifas, mientras los salarios esperan por el impacto de las paritarias, complicó el bolsillo del consumidor por la aceleración de la inflación. En algún punto, la estrategia de vender reservas para contener el dólar con un tipo de cambio real perdiendo competitividad, en momentos en que el resto de los vecinos dejan depreciar sus monedas por la suba de tasas en Estados Unidos y con un mercado dudando sobre a la capacidad del BCRA para subir la tasa, no era sostenible en el tiempo.

 

 

Así, la señal de suba de la tasa de interés de referencia del Banco Central en 300 puntos básicos intenta darle al mercado la señal de que tiene el control de la tasa de interés para coordinar expectativas y luchar contra la inflación.