MARCHA DEL 21 F

Moyano se blinda en Camioneros: bronca con Santa María y el límite de los Gordos

El dirigente sabe que lo dejaron solo en el armado de la manifestación contra el Gobierno y trabaja contra-reloj para saturar la calle con tropa propia. Las críticas por su acercamiento a CFK.

Cuando los principales dirigentes de la CGT se sienten en las próximas horas en la mesa de Azopardo para coordinar la marcha del 21 F contra el Gobierno, habrá más gestos políticamente correctos que cuestiones reales de la movida que armó Hugo Moyano. Detrás de la pomposa cita organizativa, hay un mar de fondo complejo, con una idea madre: Moyano sabe que lo dejaron solo en la tarea de recolectar voluntades, que la mayoría de los caciques sindicales le dijeron que irán pero no se comprometieron públicamente con la convocatoria. Así las cosas, el histórico dirigente decidió que, a esta altura de la circunstancia, es mejor refugiarse en los propios. Razón por la cual tratará de garantizar una gran marcha con las ramas de Camioneros, con el objetivo de saturar la calle y que se sienta la medida. Según adelantaron a Letra P fuentes cercanas al líder gremial, “no habrá cortes de rutas ni autopistas, pero sí mucha base que vendrá de diferentes lugares del país”. En Camioneros garantizan, más allá de todo, que será un encuentro “multitudinario”.

 

Si bien la CGT le había dado un apoyo formal, por escrito, a la manifestación, en los papeles quedaron pocos jefes con ganas de convocar. Hay un caso en particular que enervó a Moyano: el del líder de los Encargados de Edificios (Suterh), Víctor Santa María, que en la reunión en la que se confirmó el respaldo se sentó al lado de Juan Carlos Schmid, en la cabecera, cerca de Pablo Moyano. Pero días después se corrió del apoyo público. Le pedían más compromiso, sobre todo por lo que la CGT lo sostuvo cuando el Gobierno Nacional inició la cacería judicial en su contra. Algunos de los más indulgentes con el portero aseguran que Nación “lo bombardeó y lo condicionó”. Para Moyano, no es hora de excusas.

 

De todos modos, no es Santa María el único problema que terminó vaciando de líderes y bases a la marcha de Moyano. Schmid, miembro de un triunvirato cegetino que le dió la espalda (Carlos Acuña y Héctor Daer se bajaron), es el único que estoicamente resiste. Cree que hay que bancar a Moyano más por una cuestión personal y de acompañamiento histórico en sus años de militancia. Pero tampoco está muy convencido de que la disputa que plantea el Camionero represente a todo el movimiento obrero.

 

La foto que para los Gordos es el fin de la CGT y el triunfo de Macri

 

La tercera pata que dejó renga a la marcha es la posición que tomaron los Gordos, los gremios más multitudinarios en cantidad de afiliados. La mayoría no quería ir, y hubo un hecho puntual que reforzó esa idea: el acercamiento de Moyano con Cristina Fernández. “Hugo, como antes lo fue Macri, ahora nuestro límite es Cristina”, le dijeron por teléfono varios dirigentes que entienden que esa movida fue funcional a los intereses de Nación. En algo lograron tocarlo: hoy, en el entorno de Hugo, le bajan el tono a lo que en algún momento pretendió ser la foto reconciliatoria de la ex presidente y su ex sindicalista de cabecera. En la CGT admiten que a CFK y Moyano los unen dos factores fuertes: el avance de la Justicia sobre ellos, y la posición de oposición a Mauricio Macri. Pero el temor a lo que haga el Gobierno Nacional es más fuerte.

 

 

 

Como nunca antes en el ambiente sindical se empezó a sentir menos poder, y esa sensación de que un Ejecutivo logró quebrar un bloque gremial que, en democracia, parecía inquebrantable. Aunque lejos de tener intenciones desburocratizantes, la intentona de Cambiemos contra los gremios está funcionando, no sólo por sus propias artes sino por un desangrado interno del movimiento obrero. Una señal, la confusión que genera día a día la posición del jefe de La Bancaria, Sergio Palazzo, que le dice a todo el que quiera oir que es él quien debe ocupar el sillón de titular de la CGT una vez extinto el triunvirato.

 

Otro dato que inquieta: la efectividad del Gobierno Nacional en su embestida contra las gremios no se da en un marco de bonanza económica, sino más bien en un contexto de incertidumbre constante en todos los frentes. El debilitamiento menos pensado.

 

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