Hace poco más de un año, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, lanzaba el denominado “protocolo antipiquetes” con un aviso terminante: “Si no se van en cinco o diez minutos, los vamos a sacar”. Desde ese entonces, mucha agua corrió bajo el puente y el nivel de descontento social fue en ascenso hasta encontrar su punto máximo este miércoles, con una jornada de múltiples cortes en accesos a la Ciudad de Buenos Aires y en las principales calles porteñas. Pero ante este escenario, el ministro porteño Martín Ocampo redefinió el concepto de “tolerancia cero”, y en cambio habló de “un proceso” para evitar “una situación de enfrentamiento social y de violencia en las calles”.
Lejos del discurso con el que el PRO ganó las elecciones, Ocampo evitó definir si una interrupción del tránsito es legal o ilegal, y habló de una serie de atenuantes que dificultan las medidas para despejar los piquetes y liberar el tránsito. En diálogo con radio La Red, sostuvo que “los cortes que movilizan mucha cantidad de gente no se pueden evitar” y apuntó además que en muchos casos “se utilizan mujeres y niños para dificultar el accionar policial”.
El ministro de Seguridad porteño advirtió que hay un “discurso político que intenta posicionar al Gobierno como un gobierno de represores que no quiere a los movimientos populares”, y reforzó la teoría conspirativa al denunciar un “intento sucesivo de generar una situación de condicionamiento al Gobierno nacional con una temporada de piquetes y reclamos”.
En cambio, consideró que “la política debe expresarse a través del diálogo y no todo el tiempo cortando las calles y haciendo que el resto viva en la incomodidad continua”, ya que “los trabajadores son los primeros que se perjudican con esta situación”. “En otros tiempos, a estas prácticas se las alentaba y se felicitaba a los que hacían eso. Estamos convencidos de que estas prácticas hay que desalentarlas. Hay que hacerlo en un marco de convivencia, y no desde la violencia de cortar las calles”, insistió Ocampo.