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El Evangelio según Bonadío: Macri, Gils Carbó, CFK, la Justicia y el Lava Jato

El juez que lleva las causas gruesas contra el kirchnerismo habló, en público, ante el Círculo Rojo. Críticas al Presidente, el rol político de la procuradora y los nombres de las coimas argentinas.
Por 01/11/2017 17:25

El juez llegó un rato antes de los esperado. Entró solo por la puerta que da a la avenida Córdoba. Segundos después el azar hizo ver, por ese mismo ingreso, al fiscal que lo acompañó en una de las causas que más dolores de cabeza le trajo al kirchnerismo. Claudio Bonadío había sido invitado al almuerzo político que organiza el Rotary Club en el Sheraton Libertador por Francisco Castex, un abogado que es directivo una entidad con mayoría de letrados. Carlos Stornelli, por su parte, estaba allí para escuchar al magistrado. Los dos se conocen de la Familia Judicial y de la causa de importación de gas líquido, que puso en el eje de las miradas a los funcionarios del Ministerio de Planificación de Julio De Vido y que terminó con la detención de la mano derecha del ex funcionario, Roberto Baratta.

En la previa al ingreso al salón comedor del subsuelo del hotel, lo esperaban autoridades empresarias nacionales e internacionales. Todos muy entusiasmados con conocer las apreciaciones de Bonadío sobre un abanico de temas locales. El juez, que pareció sentirse cómodo a lo largo del convite, se atajó de entrada. “Voy a tratar de no personificar, porque hay algunos que están hiper-sensibilizados por su persecución jurisdiccional”, arrancó en un tiro por elevación a la ex presidenta de la Nación, Cristina Fernández. Y continuó: “Sí quiero decir que no he sentido de manera pública o privada que se intentara cuestionar o influenciar mis investigaciones o decisiones, pero no significa que yo vea que nuestro porvenir sea necesariamente bueno”. A lo largo de la charla, se refirió además a la necesidad de una “reforma integral del sistema penal, que tiene más de 100 años y que ha sufrido más de 900 reformas parciales, no todas ellas en una línea de coherencia dogmática”.

 

 

Pero lo más rico vino de la mano de algunos temas espinosos. Como su posición respecto al gobierno de Mauricio Macri. No le apuntó directamente, pero se quejó de un punto en particular del discurso del mandatario en el CCK. “El presidente hizo una reunión donde citó a políticos, empresarios, gremialistas, y en la que participaron miembros de la Corte Suprema. Tocó allí el tema de la Justicia, a la que criticó y no le encontró ninguna virtud. Pero básicamente apuntó a las vacaciones, a los 45 días; a una licencia con goce de sueldo de 2 años, que no sé dónde está; y al horario de atención. Si ése es el punto de partida para una discusión, empezamos mal. Tanto Cromagnon, como Once, como la muerte del fiscal Nisman, ocurrieron los primeros meses del año y las investigaciones no se detuvieron hasta que no terminaron. Lapa fue en junio y la causa nunca se suspendió. Respecto a las vacaciones, el problema lo van a tener los abogados, cuando no haya más feria en enero y no se puedan ir de vacaciones nunca. Salvo grandes estudios, van a tener muchos problemas. O se consiguen una verdulería o no tienen más vacaciones”. Disparó con dureza.

 

 

El auditorio, que contó con empresarios del BBVA Francés, Swiss Medical, La Rural, abogados y gerentes de automotrices, lo escuchaba atentamente y asentía en algunos casos. La referencia a los dichos de Macri fue una de estas ocasiones.

El otro capítulo donde encontró coincidencias con el auditorio fue respecto a la renuncia reciente de la Procuradora General, Alejandra Gils Carbó. Dio su postura de una manera particular y deslizó que ese tipo de puestos son políticos y deben culminar con los cambios de ciclo: “no quisiera hablar de un órgano extra-poder, me parece feo cruzar información. Lo que les voy a decir es que cada vez que cambiaba el ciclo político, los procuradores se retiraban por su propia voluntad”. Para graficarlos, citó los casos de Andrés D´Alessio, el procurador que dejó su cargo en 1989; y el de Nicolás Becerra, el antecesor de Esteban Righi, que dejó su cargo en 2004. “Es bueno que los procuradores den un paso al costado”, concluyó.

El tercer punto fuerte el Evangelio de Bonadío en el Rotary fue el mito del Lava Jato argentino y las posibilidades de acceder a información de las coimas que pagaron empresarios argentinos. “Todos habrán leído que se suponía que Brasil, los fiscales federales de Brasil, y el juez Moro nos iban a dar la lista de los que habían cobrado coimas en Argentina. Esa lista no sólo que no apareció, no aparecerá. Porque los sistemas judiciales entre Brasil y Argentina no son compatibles. Y los tipos tienen una legislación donde han cerrado acuerdos con los arrepentidos. Y el Estado no los puede romper”, dijo.

En la misma línea, contó una anécdota para asegurar que el empuje social es lo que mueve el avance de la Justicia en causas de corrupción. “Hace unos diez años, el propio juez Moro tuvo un caso parecido a Petrobras y Odebrecht, constructoras cartelizadas que manejaban parte de la obra pública y que distribuían lo que los brasileros llaman propinas y nosotros coimas. Y no llegó a ningún lado. Lo que ocurre es que ahora se generó en la sociedad un hartazgo de los sapos procesales, y empezaron a empujar y terminaron obligando al gobierno de Dilma Rousseff a que apruebe una serie de leyes que son las que permitieron estos mecanismos. Por eso creo que no es solo una cuestión de políticas y jueces, sino de toda la sociedad”.

Tras concluir su ponencia pública, Bonadío aceptó el diálogo directo con los medios presentes. Letra P le preguntó sobre la crítica social a lo que los jueces federales no hacían antes, durante el kirchnerismo, y sí ahora. “Yo contesto por mí. Que ese cuestionamiento me lo hagan a mí y que me digan dónde, me parece que no tienen muchos elementos. No hago ni defensas corporativas ni ataques corporativos. No practicamos deporte de equipo, es contra la cancha, jugamos como un golfista, contra las causas”, explicó. Y agregó que
“las investigaciones tienen vida propia, si no hay masa crítica de pruebas, no tiene sentido citar a declarar”, afirmó en relación a las razones de la convocatoria reciente de ex funcionarios K.

La charla se tornó espesa cuando otro de los medios le preguntó por los dichos de Carrió sobre los militares y la presunta falta de pruebas. “Yo tuve una causa de lesa humanidad, pero las opiniones de los políticos son libres”, contestó. Le repreguntaron cuál era. “La de la contraofensiva montonera”. A lo que el periodista le recordó que esas no son causas de lesa humanidad, no son crímenes de Estado. El magistrado sostuvo que sí, y la conversación entró en una espiral difícil de seguir. También se incomodó Bonadío cuando lo inquirieron sobre la causa en la que en 2005 fue separado. La de encubrimiento en la que fue corrido por la Cámara Federal, que consideró había perdido imparcialidad.

El Evangelio según Bonadío: Macri, Gils Carbó, CFK, la Justicia y el Lava Jato

El juez que lleva las causas gruesas contra el kirchnerismo habló, en público, ante el Círculo Rojo. Críticas al Presidente, el rol político de la procuradora y los nombres de las coimas argentinas.

El juez llegó un rato antes de los esperado. Entró solo por la puerta que da a la avenida Córdoba. Segundos después el azar hizo ver, por ese mismo ingreso, al fiscal que lo acompañó en una de las causas que más dolores de cabeza le trajo al kirchnerismo. Claudio Bonadío había sido invitado al almuerzo político que organiza el Rotary Club en el Sheraton Libertador por Francisco Castex, un abogado que es directivo una entidad con mayoría de letrados. Carlos Stornelli, por su parte, estaba allí para escuchar al magistrado. Los dos se conocen de la Familia Judicial y de la causa de importación de gas líquido, que puso en el eje de las miradas a los funcionarios del Ministerio de Planificación de Julio De Vido y que terminó con la detención de la mano derecha del ex funcionario, Roberto Baratta.

En la previa al ingreso al salón comedor del subsuelo del hotel, lo esperaban autoridades empresarias nacionales e internacionales. Todos muy entusiasmados con conocer las apreciaciones de Bonadío sobre un abanico de temas locales. El juez, que pareció sentirse cómodo a lo largo del convite, se atajó de entrada. “Voy a tratar de no personificar, porque hay algunos que están hiper-sensibilizados por su persecución jurisdiccional”, arrancó en un tiro por elevación a la ex presidenta de la Nación, Cristina Fernández. Y continuó: “Sí quiero decir que no he sentido de manera pública o privada que se intentara cuestionar o influenciar mis investigaciones o decisiones, pero no significa que yo vea que nuestro porvenir sea necesariamente bueno”. A lo largo de la charla, se refirió además a la necesidad de una “reforma integral del sistema penal, que tiene más de 100 años y que ha sufrido más de 900 reformas parciales, no todas ellas en una línea de coherencia dogmática”.

 

 

Pero lo más rico vino de la mano de algunos temas espinosos. Como su posición respecto al gobierno de Mauricio Macri. No le apuntó directamente, pero se quejó de un punto en particular del discurso del mandatario en el CCK. “El presidente hizo una reunión donde citó a políticos, empresarios, gremialistas, y en la que participaron miembros de la Corte Suprema. Tocó allí el tema de la Justicia, a la que criticó y no le encontró ninguna virtud. Pero básicamente apuntó a las vacaciones, a los 45 días; a una licencia con goce de sueldo de 2 años, que no sé dónde está; y al horario de atención. Si ése es el punto de partida para una discusión, empezamos mal. Tanto Cromagnon, como Once, como la muerte del fiscal Nisman, ocurrieron los primeros meses del año y las investigaciones no se detuvieron hasta que no terminaron. Lapa fue en junio y la causa nunca se suspendió. Respecto a las vacaciones, el problema lo van a tener los abogados, cuando no haya más feria en enero y no se puedan ir de vacaciones nunca. Salvo grandes estudios, van a tener muchos problemas. O se consiguen una verdulería o no tienen más vacaciones”. Disparó con dureza.

 

 

El auditorio, que contó con empresarios del BBVA Francés, Swiss Medical, La Rural, abogados y gerentes de automotrices, lo escuchaba atentamente y asentía en algunos casos. La referencia a los dichos de Macri fue una de estas ocasiones.

El otro capítulo donde encontró coincidencias con el auditorio fue respecto a la renuncia reciente de la Procuradora General, Alejandra Gils Carbó. Dio su postura de una manera particular y deslizó que ese tipo de puestos son políticos y deben culminar con los cambios de ciclo: “no quisiera hablar de un órgano extra-poder, me parece feo cruzar información. Lo que les voy a decir es que cada vez que cambiaba el ciclo político, los procuradores se retiraban por su propia voluntad”. Para graficarlos, citó los casos de Andrés D´Alessio, el procurador que dejó su cargo en 1989; y el de Nicolás Becerra, el antecesor de Esteban Righi, que dejó su cargo en 2004. “Es bueno que los procuradores den un paso al costado”, concluyó.

El tercer punto fuerte el Evangelio de Bonadío en el Rotary fue el mito del Lava Jato argentino y las posibilidades de acceder a información de las coimas que pagaron empresarios argentinos. “Todos habrán leído que se suponía que Brasil, los fiscales federales de Brasil, y el juez Moro nos iban a dar la lista de los que habían cobrado coimas en Argentina. Esa lista no sólo que no apareció, no aparecerá. Porque los sistemas judiciales entre Brasil y Argentina no son compatibles. Y los tipos tienen una legislación donde han cerrado acuerdos con los arrepentidos. Y el Estado no los puede romper”, dijo.

En la misma línea, contó una anécdota para asegurar que el empuje social es lo que mueve el avance de la Justicia en causas de corrupción. “Hace unos diez años, el propio juez Moro tuvo un caso parecido a Petrobras y Odebrecht, constructoras cartelizadas que manejaban parte de la obra pública y que distribuían lo que los brasileros llaman propinas y nosotros coimas. Y no llegó a ningún lado. Lo que ocurre es que ahora se generó en la sociedad un hartazgo de los sapos procesales, y empezaron a empujar y terminaron obligando al gobierno de Dilma Rousseff a que apruebe una serie de leyes que son las que permitieron estos mecanismos. Por eso creo que no es solo una cuestión de políticas y jueces, sino de toda la sociedad”.

Tras concluir su ponencia pública, Bonadío aceptó el diálogo directo con los medios presentes. Letra P le preguntó sobre la crítica social a lo que los jueces federales no hacían antes, durante el kirchnerismo, y sí ahora. “Yo contesto por mí. Que ese cuestionamiento me lo hagan a mí y que me digan dónde, me parece que no tienen muchos elementos. No hago ni defensas corporativas ni ataques corporativos. No practicamos deporte de equipo, es contra la cancha, jugamos como un golfista, contra las causas”, explicó. Y agregó que
“las investigaciones tienen vida propia, si no hay masa crítica de pruebas, no tiene sentido citar a declarar”, afirmó en relación a las razones de la convocatoria reciente de ex funcionarios K.

La charla se tornó espesa cuando otro de los medios le preguntó por los dichos de Carrió sobre los militares y la presunta falta de pruebas. “Yo tuve una causa de lesa humanidad, pero las opiniones de los políticos son libres”, contestó. Le repreguntaron cuál era. “La de la contraofensiva montonera”. A lo que el periodista le recordó que esas no son causas de lesa humanidad, no son crímenes de Estado. El magistrado sostuvo que sí, y la conversación entró en una espiral difícil de seguir. También se incomodó Bonadío cuando lo inquirieron sobre la causa en la que en 2005 fue separado. La de encubrimiento en la que fue corrido por la Cámara Federal, que consideró había perdido imparcialidad.