El escorpión y la rana: el plan de Macri para comerse también al peronismo bueno
Alienta un peronismo sin k. Le pide que lo ayude a caminar en paz hasta 2019. Pero ya lo dijo Peña: el PRO es un animal hambriento. Massa y Urtubey, los primeros bocados. La grieta de Sinaloa.
La aparición del cuerpo de Santiago Maldonado en el río Chubut clausuró la campaña, abrió un interrogante generalizado sobre el impacto del caso en las urnas y dejó en segundo plano los objetivos del Gobierno y el peronismo.
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Sin embargo, a la competencia que se librará este domingo entre Cambiemos y Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires se suma la disputa del oficialismo con el PJ en todo el país, dos proyectos que acuerdan en forma permanente pero caminan hacia una confrontación inevitable en 2019.
Convencidos de que la victoria iba a ser amplia a nivel nacional y de que el resultado iba ser favorable también en la tierra de María Eugenia Vidal, en la Casa Rosada se fijaron en las últimas semanas dos objetivos menores, aunque también ambiciosos: ganar en Salta y en Tigre. Son los territorios que gobiernan el peronista mejor visto porMauricio Macri y la figura menos confiable del sistema político, según Marcos Peña: Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa. Ésa era la misión principal que coordinaban, hasta el hallazgo del cadáver de Maldonado, el jefe de Gabinete y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio.
La ofensiva del Gobierno en Salta en las últimas dos semanas incluyó la visita de medio gabinete, desde la vicepresidenta Gabriela Michetti hasta Peña y Frigerio. El martes pasado, mientras el cuerpo del artesano aparecía en la Patagonia, “Marcos” cerraba la campaña del macrismo en tierra de Urtubey junto al candidato oficialista Martín Grande y el intendente de la ciudad, Gustavo Sáenz, el mismo que hace dos años se postuló como vicepresidente de Massa y ahora es parte de Cambiemos.
Eso explica la pésima relación que existe entre el jefe de Gabinete y el gobernador de Salta, que acaba de cerrar su campaña con el anuncio del embarazo de Isabel Macedo. Aunque sea el peronista más compatible con el país que diseña el Presidente, Urtubey no se cansa de criticar a Peña. Lo desquicia su “soberbia” y también el desafío que orquesta desde Balcarce 50. Aunque el PJ de Urtubey -“Unidad y Renovación”- se impuso por 13 puntos en las PASO, los sondeos hablan ahora de una diferencia mucho menor. El macrismo quiere ganarle o por lo menos darle un susto grande. Lo mismo pretende en Tigre, el territorio último en el que el ex jefe de Gabinete de Cristina Kirchner se replegará si repite o empeora su performance de las PASO, tercero a 20 puntos de CFK. Peña y Frigerio quieren golpear a Massa en el municipio modelo que propagandizó para proyectarse a las grandes ligas y soñar con la Presidencia. Ganarle en el único escenario en que hoy es local.
FÁCULAS Y LEYENDAS. Como en la fábula del escorpión y la rana, macrismo y pejotismo siguen cruzando juntos el río para dejar atrás el kirchnerismo, pero advierten que los dos no pueden salvarse. Pase lo que pase, a partir del lunes la alianza gobernante iniciará una nueva etapa: dejará de centrar su política en el cristinismo para profundizar la batalla con el PJ moderado. Lo saben todos. Por eso, la confluencia de las potenciales víctimas electorales del macrismo parece también inevitable.
Urtubey y Diego Bossio, dos que hablan en forma permanente, se juntaron la semana pasada en el Sheraton de Mar del Plata durante el Coloquio de IDEA. El gobernador de Salta refrendó su convicción ante el titular de la Anses del último kirchnerismo: “Entre la unidad y la coherencia, elijamos la coherencia”, le dijo. Se refería a la decisión del PJ de caminar hacia 2019 lejos del espacio de Unidad Ciudadana y de Cristina Kirchner. La liga de los gobernadores sigue apuntando a competir con Cambiemos con un proyecto sin componentes de lo que fue el Frente para la Victoria, por lo menos en la superficie. Antes que compartir cartel con la ex presidenta, están dispuestos a perder. Piensan que la política argentina funciona por ciclos y hoy el sistema peronista -no sólo el kirchnerismo- está cuestionado socialmente. La economía de bajo crecimiento, poca creación de empleo, desigualdad en ascenso e inflación persistente puede sostenerse sin olas, según suponen, hasta las próximas presidenciales con alto endeudamiento. Volver a ser alternativa va a llevar tiempo.
Sin embargo, el regreso de Massa al peronismo está en el horizonte. Bossio intenta por todos los medios que vuelva, pero el todavía diputado del Frente Renovador se niega. ¿Cuál es el destino del ex intendente de Tigre, desde el lunes? Nadie sabe, pero algo está claro: sus acciones cotizarán al precio más bajo desde que se lanzó a pelear con un espacio propio. Tanto, que desde Bossio hasta el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, le recomiendan ya que a partir de diciembre -cuando termine su mandato en la Cámara baja- se tome unas vacaciones y se dedique a dar conferencias en el exterior durante los primeros siete u ocho meses de 2018. Que se tome un descanso para retornar en un año como candidato del peronismo en la provincia de Buenos Aires. Si es que Cristina Kirchner no vuelve a competir en ese territorio en 2019, claro.
Urtubey, Massa y Bossio se apuraron a sacarse la primera foto del poskirchnerismo en enero de 2016 en Pinamar y después caminaron separados. Pero no dejaron de reunirse en forma periódica, en la casa de algún empresario, con otra figura clave: la diputada Graciela Camaño. La esposa de Luis Barrionuevo -que quedará a cargo del disminuido bloque massista desde diciembre- no sólo incorporó a Sergio al peronismo y se convirtió en su hada madrina en las buenas y en las malas. Además, es una de las dirigentes que más respeta Urtubey, desde el tiempo en que se inició en las ligas nacionales. Entre 1999 y 2007, el salteño se adiestró en la Cámara de Diputados con dos peronistas a los que reconoce sus maestros: José María Díaz Bancalari y Camaño. Con esos antecedentes, el peronismo no kirchnerista intentará generar un interbloque que traduzca el poder de los gobernadores en Diputados y fusione en los hechos al Bloque Justicialista con el massismo residual y los arrepentidos del cristinismo.
GOBERNAR SINALOA. Massa, de 45 años, y Urtubey, de 48, podrían volver a unirse por espanto al macrismo, que -como antes el kirchnerismo- busca devorarlos. Para eso, deberían sobrevivir al round de ese domingo en buenas condiciones. Todos, además, tienen una terminal experimentada en Miguel Ángel Pichetto, el senador que ya expulsó a CFK del bloque del PJ y que podría verse obligado a defenderla si le toca enfrentar alguna impugnación de la Justicia como la que logró sortear Carlos Menem. ¿Pichetto es capaz de negarle a “la señora” el respaldo que le dio al riojano?
El trabajo de parto en la maternidad pejotista para enfrentar a Cambiemos en 2019 nace de los gobernadores e incluye una tensión inevitable con los intendentes del PJ que se fueron con Cristina. Salvo los tres que Pichetto sentó en el Senado hace 15 días y despertaron la preocupación de la ex presidenta, el resto permanece lejos del peronismo moderado. Por lo menos hasta este domingo. No es casual que el senador rionegrino haya comparado al conurbano bonaerense con Sinaloa en el coloquio de IDEA, ante los dueños de la Argentina. La conurbanización del peronismo, de la que habla el analista Martín Rodríguez, tiene hartos a los gobernadores y sus aliados. “No podés dejarles la política nacional a los intendentes”, repiten cerca de Pichetto. Piensan que se terminó la era de los caciques que Néstor Kirchner priorizó como interlocutores en su construcción política. Más aún, si CFK pierde.
TOCANDO FONDO. Pese a que buscan plantarse como una oposición moderada en busca de competir en 2019, hoy el PJ fuera del poder sufre como pocas veces. ¿Qué le falta? Las efectividades conducentes. El pejotismo dice no tener dinero para contratar su propio Durán Barba ni para pagar las encuestas que antes encargaba cada diez minutos: nadie sabe hoy y ya preocupa cómo se financiará la próxima campaña presidencial.
Los gobernadores tienen otras urgencias: se quejan de que no tienen un peso y dependen de la Casa Rosada, que los educa con el garrote y la zanahoria, como toda la vida, pero ahora con un presidente que no es peronista. Juan Manzur, otro de los que fantasea con pelear en 2019 por el premio mayor, suele llamar desesperado a Pichetto con lamentos. “No llego al 19”, repite. Los fondos de los mandatarios del PJ no alcanzan para lo que se proponen: gobernar y hacer política. De todo eso se hablará la semana que viene en la reunión que Frigerio convocó con la venia de Macri para comenzar a borronear un nuevo reparto entre la Nación y las provincias. Además del fallo de la Corte por el Fondo del Conurbano que estaría al caer, se discutirá el pretencioso intento de los gobernadores de quedase con el manejo de los ATN -histórica herramienta de disciplinamiento del poder central-, que hoy rondan los 24.000 millones de pesos anuales. Será el inicio de una nueva etapa, donde cada uno tendrá el poder de los votos que obtenga este domingo. Algunos más que hoy y otros menos.