CRISIS EN EL PJ

Más diva que Jefa

CFK volvió a volver, porque se había vuelto a ir. Otra vez, bajo la lluvia, que aporta épica. ¿Cuántas veces más deberá mojarse la militancia K? Le piden que lidere. Ella, por ahora, solo vuelve.

Este fin de semana, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner volvió a volver. Se había ido el 10 de diciembre, después de dejar la Casa Rosada al cuidado del sereno Federico Pinedo. Y había vuelto en abri para presentarse, el 13 de ese mes, ante el juez Claudio Bonadio. Ese día, decenas de miles de personas le hicieron el aguante en Comodoro Py. Bajo la lluvia. Pidió calma. Que nadie se enojara con el otro, con el que había votado a Mauricio Macri. Inventó aquello del Frente Ciudadano para –se supuso entonces- convocar a un movimiento amplio de oposición al gobierno neoliberal. Para esas decenas de miles que se mojaron en Comodoro Py, Cristina había vuelto. Para la prensa no macrista, había recuperado el centro de la escena. Se quedó unos días en los que reunió a su tropa y hasta se embarró en la Isla Maciel. Y se volvió a ir. Dos meses y medio estuvo en el lejano sur. En ese tiempo, sólo apareció un par de veces en formato electrónico, vía Facebook, mientras el Frente para la Victoria, la fuerza que Él supo concebir, se deshilachaba en la anarquía y la mezquindad y le facilitaba bastante las cosas a un gobierno que, aun así, se las arregla para complicárselas solo. No pudo contener, Cristina, ni al Movimieto Evita, que fue a pedirle que se ponga las jinetas de capitana y se volvió con la decisión de dar el portazo. Este fin de semana, volvió a volver. Ahora, para el cumpleaños de su hija y para "tomar el pulso de la calle", objetivo que revelaría que no lo tuvo en estos meses. Otra vez, la militancia –lo novedoso del kirchnerismo es que la militancia no es sólo militancia orgánica, de esa que tiene agrupación y bandera: el kirchnerismo logró reunir a los militantes y a los sueltos en una nueva categoría que es un mix de los dos- se empapó para hacerle el aguante: fue el sábado a la noche a Aeroparque y la esperó en la puerta de su departamento de la Recoleta. Otra vez le demostró una devoción que solo conocen los que pueden liderar. Perón, Evita, Alfonsín, Néstor Kirchner. Cristina les devolvió preocupación de madre: "Yo no quiero que nadie se enfríe ni se enferme por estar debajo de la lluvia". El domingo a la noche dio la primera entrevista desde que dejó el poder. Habló con el periodista Roberto Navarro en la señal C5N. No fue al canal. Ni Navarro fue al departamento de Recoleta. La charla fue por teléfono. Se declaró víctima de una persecución judicial y mediática y expresó su "repudio”, su “rechazo” y su “indignación” por el escándalo de las valijas de José López. Aunque dijo que ésas “son palabras que no alcanzan". Propuso “hacer una auditoría pública para dejar establecido qué pasó y si realmente hubo sobreprecio" en la obra pública de su gobierno. Criticó la política económica que aplica el Gobierno, que produjo una "transferencia de ingresos a los sectores más concentrados de la economía", señaló. Describió el ajuste como “brutal” y el tarifazo como "monstruoso". Habló de “la oposición”. Pareció ubicarse afuera. "Tiene que cumplir un rol en el Parlamento”, reclamó, y diagnosticó, también desde afuera: "Creo que están faltando ideas que puedan persuadir a la sociedad y al Gobierno de que el rumbo no es acertado". No las aportó ella. Se limitó a señalar la carencia. Asumió un rol más bien de comentarista. La militancia que –cada vez que vuelve, como Perón en el 73 pero con la diferencia sensible de que el fundador del peronismo no volvía porque estaba prohibido- se moja y se entusiasma le pide a gritos que se arremangue para liderarla. La dirigencia kirchnerista le reclama lo mismo. Y no son pocos los que le piden que conduzca, pero que conduzca a todos, para que el peronismo sea una oposición sólida que honre el mandato de las urnas. Por ahora, Cristina sólo vuelve cada tanto. Saluda y se golpea el pecho. Baila en el balcón de su departamento –no esta vez, porque “la gente tiene muchos problemas como para andar bailando”. Diagnostica y comenta. Por ahora, no conduce. Por ahora, se la pasa volviendo –y yéndose. 

 

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Javier Milei y Karina Milei

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